Mostrando entradas con la etiqueta MUERTOS VIVIENTES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MUERTOS VIVIENTES. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de noviembre de 2019

EL DÍA DE LOS MUERTOS (DAY OF THE DEAD, 2008) 85´



Un pueblo se encuentra en estado de cuarentena por un brote de gripe, siendo  lo más extraño de esta situación que el ejército controla los accesos al lugar para evitar que nadie entre o salga del perímetro. Pero este virus mutará hasta transformar a los infectados en zombies sedientos de carne humana, convirtiendo esta pequeña localidad en una ratonera donde los pocos supervivientes son cazados uno a uno por una multitud cada vez mayor de muertos vivientes.



El gran éxito de público, pero también de crítica, obtenido por Zack Snyder con su opera prima Amanecer de los muertos, propició un aluvión de películas con los muertos vivientes como grandes protagonistas, a lo que hay que unir el estreno un par de años atrás de 28 días después, siendo ambos los dos títulos fundacionales del resurgir que en el nuevo milenio se vivió de este subgénero dentro del cine de terror. En este caso nos encontramos con una re visitación de varias de las ideas presentadas por George A. Romero en su película de 1985 El día de los muertos, no pudiendo hablar de un remake como tal, ya que ni siquiera toma la idea argumental central, cosa que si veíamos sin embargo en Amanecer de los muertos. Steve Miner, viejo conocido del género y responsable de títulos tan interesantes para el aficionado como las dos primeras secuelas de Viernes 13, House, una casa alucinante o Warlock el brujo, es el director de la película que nos ocupa, la cual ha sido guionizada por Jeffrey Reddick, conocido especialmente por ser el autor de los guiones de Destino final y varias de sus secuelas. En este caso, tal como hemos apuntado, se toma como base de inspiración la cinta de George A. Romero estrenada más de veinte años atrás, en línea con lo ya hecho por Zack Snyder con Zombie, pero mucho más alejada en esta ocasión de su base original. 





Las líneas de cohesión de este título con el dirigido por Romero se encuentran principalmente en ver como el protagonismo se centra en un estamento como es el militar, aunque en esta ocasión eliminando la ferviente negatividad adscrita a este grupo, un elemento muy presente en la película original. Asimismo vemos en el acto final la aparición en escena de los científicos, el otro gran estrato social protagonista en la cinta de 1985, y que se contraponía frontalmente a las aspiraciones de los soldados, en un enfrentamiento absoluto de ideas y formas de actuación ante la epidemia zombie. Para asegurarse que el público entiende que la película se mira en la historia escrita y dirigida por el director de La noche de los muertos vivientes, no se olvida de insertar nuevamente al personaje de Bub, probablemente el más icónico de la primigenia El día de los muertos. Finalmente sí que parece quedar patente que esta historia se situaría anteriormente a lo visto en la década de los ochenta, siendo una especie de precuela de esta, un nuevo inicio de la plaga de muertos vivientes resucitados, que como no podía ser de otra manera después de estrenada la anteriormente citada 28 días después, se apunta en esta ocasión se debe a causas infecciosas o víricas, lejos de teorías más cercanas a los postulados manejados por Romero en su ciclo de películas.



La película cuenta con un interesante plantel de protagonistas comandados por una Mena Suvari post American Pie y American beauty, los dos títulos que la encumbraron de manera muy circunstancial y limitada en el tiempo como joven actriz de moda, y que ya en este 2008 se hallaba inmersa en producciones de segunda lejos del glamour de Hollywood. La menuda intérprete da vida a uno de los militares protagonistas, y hay que reconocer que en parte por tratarse de un rostro fácilmente reconocible, en parte porque no lo hace mal, compone un personaje al menos interesante. Junto a Suvari podemos ver a un grupo de jóvenes y desconocidos intérpretes en papeles vistos con anterioridad en decenas de filmes similares, y donde solamente cabría destacar la participación de Nick Cannon, pero no por motivos cinematográficos, sino porque durante algo menos de una década se convertiría en el marido de la cantante Mariah Carey. Pero si hay un personaje que obtiene de inmediato la complacencia del espectador por lo que supone de guiño, ese es el interpretado por Ving Rhames, ya visto en Amanecer de los muertos, y que da el pego perfecto como rudo capitán dentro del grupo de soldados, personaje bautizado en el guion como Rhodes, uno de los múltiples guiños que la película presenta en relación a la primigenia El día de los muertos, lo mismo que sucede con Mena Suvari, Sarah en la cinta, idéntico nombre que el de la actriz Lori Cardille en la cinta de mediados de los ochenta.



La película se inicia con un arranque que nos hace temer lo peor, minutos donde la trama discurre de manera lenta y sin sobresaltos. Todo hasta que llegamos al minuto veinticinco de metraje, momento donde arranca la acción y el gore, y donde los zombies y la sangre hacen su aparición para no abandonarnos hasta el final. El concepto de estos seres en esta ocasión, no solo no abandona las cualidades dados a estos en las últimas películas de género surgidas a raíz de las anteriormente mencionadas 28 días después y Amanecer de los muertos, la rapidez y agilidad frente al hieratismo y lentitud de los muertos vivientes creados por Romero, sino que además eleva estas cualidades al cuadrado en cuanto a capacidades respecto a otros títulos modernos. Así, vemos como los zombies de El día de los muertos corren endiabladamente, trepan por los techos, utilizan herramientas y tienen una capacidad de salto sobrenatural. Y esas capacidades otorgadas a los zombies hacen del presente título un ejercicio dinámico, entretenido y adrenalítico. Steve Miner no está interesado en ofrecer un alegato de crítica social, o de adentrarse en la psique de sus protagonistas, como haría Romero en su visión de esta historia, sino que lo que busca es entretenimiento puro y duro, algo que logra de manera muy eficiente, tal y como podemos ver en la estupenda escena en la que el caos se apodera del hospital cuándo, de manera simultánea, todos los enfermos del recinto se transmutan en zombies. A esto ayuda además un holgado presupuesto para lo que se maneja en este tipo de productos destinados al directo a DVD, más de quince millones de dólares, con lo que el equipo de efectos especiales y de maquillaje puede llevar a cabo un trabajo más que correcto, y que posibilita el mostrar con todo lujo de detalles decapitaciones, amputaciones, mordiscos que arrancan la carne… 



En definitiva, un entretenida cinta de género, donde lo peor está en un primer acto, y en menor medida, un acto final, que se encuentran por debajo del nivel de endiablo ritmo que soporta el resto de película. Steve Miner es un director solvente y los resultados así lo atestiguan, siendo este El día de los muertos una especie de hermana pequeña de Amanecer de los muertos, evidentemente sin la calidad de su hermana mayor, pero que nos ofrece un muy entretenido y salvaje ejercicio de cine zombie, una agradable sorpresa una vez superamos nuestra reticencia inicial. Muertos vivientes en perfecto estado físico, lo que no les hace más terroríficos que los zombies vistos en el cine de Romero, pero si más peligrosos.

domingo, 3 de noviembre de 2019

AMANECER DE LOS MUERTOS (DAWN OF THE DEAD, 2004) 115´



Ana, enfermera de un hospital de Milwaukee, despierta en la mañana tras una tarde de trabajo ciertamente caótica tras lo que padece un estallido de ataques indiscriminados entre la población. Su vecina, una niña de unos doce años, se encuentra en el quicio de la puerta de su habitación, abalanzándose inesperadamente sobre su marido a quien secciona la garganta de un brutal mordisco. Este fallece entre estertores de sangre segundos más tarde para  inmediatamente volver a la vida tratando de atacar a su mujer como instantes atrás acababa de hacer la niña consigo mismo. Cuándo la mujer logra escapar de su hogar se encuentra con unas calles sumidas en la muerte y el caos. Las personas se atacan entre ellas en un maremagno de explosiones, muertes y accidentes de tráfico.



Excelente carta de presentación de Zack Snyder que debutaría con un remake del clásico de George A. Romero Zombie (1978) con capacidad para desmarcarse rápidamente de su fuente de inspiración tomando su propio camino, convirtiéndose por méritos propios en piedra angular del sub género zombie del nuevo milenio y cuyo éxito desembocaría  en toda una eclosión de cine, literatura y moda por lo zombie que hoy en día aún perdura. Snyder iniciaba de esta manera una más que interesante carrera cinematográfica amparada en el predominio de un estilo visual en constante búsqueda de la innovación, como así lo atestiguan títulos como 300, Sucker Punch o Watchmen, una de las mejores adaptaciones al cine del mundo del cómic, sino la mejor. Es por ello, su énfasis en el apartado de la imagen, precisamente que muchos han denostado el trabajo de un cineasta que por lo menos ha sido capaz de crear una marca de agua en su cine y que, efectos visuales y ópticos aparte, se ha desmarcado como un estupendo narrador de historias, como así quedaba constancia con su opera prima.



La cinta se inicia con un prologo brutal que finaliza con una secuencia que sería mil veces imitada con posterioridad, incluso plagiada directamente como sucediera en la quinta entrega de Resident evil Venganza, de Paul W. Anderson, y que muestra con total acierto como sería un brote zombie en un pequeño barrio residencial de clase media con el caos, la muerte, el terror y la sorpresa tomando las calles. Llegamos de esta manera y tras únicamente cinco minutos de metraje a situar al espectador en medio de la acción para ser testigos de unos excelentes títulos de crédito, una especie de prueba de lo que el propio Snyder sería capaz de mostrar años más tarde en esa joya que son los títulos de crédito iniciales de la anteriormente citada Watchmen, estrenada en 2009. Inmediatamente se presenta a varios de los personajes centrales de la trama para trasladarlos al centro comercial donde se desarrolla el grueso de la película, ubicación que en realidad es el único nexo de unión con la aclamada cinta de Romero filmada casi treinta años antes.  Y ahí acaban todos los paralelismos entre ambas películas, amén de los títulos en ingles de ambas cintas y constantes guiños al original repartidos en la cinta de Snyder que merece la pena rebuscar a lo largo de la historia. A partir de ese momento el atinado guion de James Gunn, director de la interesante Slither y la celebrada Guardianes de la galaxia, indaga en una apuesta por el terror con cierto trabajo de personajes, algo que se agradece ante la habitual vacuidad de los protagonistas en este tipo de cine, y unas señas de identidad propias que parten por mostrar unos zombies con unos maquillajes sobresalientes, y que sustituyen las maneras lentas y torpes de las criaturas dadas a conocer por Romero en su saga cinematográfica por zombies ágiles, rápidos y con más fuerza que sus antecesores. Si bien hay que remarcar que fue Danny Boyle en 28 días después el primero en presentarnos abiertamente esta tipología de infectados, aunque es de recibo reconocer que hay presencias anteriores de este tipo de muertos vivientes, fue el éxito comercial de Amanecer de los muertos quien consagro a esta nueva especie, que ofrecía mayor peligro que sus pausados homólogos, y por lo tanto la posibilidad de resultar más aterradores que sus antecesores.



La película cuenta con una narrativa perfectamente manejada a lo largo de su hora y tres cuartos, y que mantiene constantemente la atención sobre lo que está sucediendo en pantalla. Se presentan de esta manera varias líneas argumentales secundarias como el embarazo y posterior parto de Luda o la supervivencia de Andy en la armería ubicada frente al centro comercial en el que se ocultan los protagonistas. A esto se une un tratamiento coral del protagonismo que permite que bastantes de los personajes, no todos ciertamente, que pueblan la cinta, disfruten de cierto desarrollo dramático. Snyder tiene la suerte de contar además con actores con recursos suficientes para no convertirse en mera carne de cañón de quienes en muchas ocasiones se erigen en los verdaderos protagonistas de películas de este tipo, los zombies. Sarah Poley encarna con convicción el papel de heroína a la fuerza. Junto a ella un Jake Weber conocido especialmente por su papel de abnegado marido de Patricia Arquette en la serie de televisión Medium. Estos dos personajes vivirán una relación sentimental que, hay que señalarlo, resulta forzada e innecesaria. Tanto ella como el acaban de perder a sus respectivas familias y no se entiende que en apenas unas semanas tengan la necesidad, y menos en una situación como la que están viviendo, de iniciar un romance. Más entendible son los encuentros sexuales entre los personajes de Steve y Mónica, limitados a servir de evasión ante la situación que viven los protagonistas. También nos encontramos a un habitual del género como Ving Rhames haciendo de Ving Rhames, quien a raíz de esta película sería un actor con cierta querencia por el cine de terror, y varios secundarios solventes entre los que destacan el guarda de seguridad mezquino reconvertido en héroe, el canalla egocéntrico que tiene su merecido final o la breve pero contundente aparición de Matt Frewer como un superviviente herido por un mordisco que posibilita un debate ético sobre el asesinato preventivo o no de un ser humano.



En el terreno de los efectos especiales podemos disfrutar, tal como apuntábamos con anterioridad, de un excelso maquillaje que va más allá del tratamiento de los rostros de los cadáveres resucitados, encontrando todo un recital de criaturas de todo tipo, a medio consumir, cadáveres más frescos, amputados… por lo que hay que elogiar el trabajo de los responsables del área de maquillaje por un arduo trabajo que pasaba por trabajar con centenares de extras. Otro de los aspectos destacables es el trabajo de los efectos mecánicos y físicos frente al uso abusivo de la tecnología infográfica a la hora de resolver las situaciones más impactantes a nivel visual, y eso que estamos hablando de Zack Snyder, quien acabaría filmando películas completas con el recurso de la pantalla de croma. Si bien nos encontramos con alguna secuencia que ha optado por el uso del ordenador para abordar su resolución, y que curiosamente son las que más evidencian su artificialidad, en la mayoría de impactos, detonaciones y amputaciones se ha optado por utilizar efectos mecánicos de la antigua escuela, como demuestra la secuencia en la que los supervivientes del centro comercial juegan con Andy a buscar parecidos entre la horda de zombies ubicada en el solar del parking para volarles la cabeza. Se demuestra en este caso que es mucho más efectivo y efectista el uso de detonaciones controladas bajo el maquillaje de los actores que la utilización de efectos de infografía aplicados al negativo para simular los estallidos de los cráneos.




Uno de los elementos que llama la atención de Amanecer de los muertos es su acabado lleno de detalles y ese evidente cariño hacía el producto final, como certifican la aparición de Tom Savini,  maestro de los efectos especiales y responsable de este campo en Zombie, haciendo el papel de sheriff visto por la televisión y que da las pautas para acabar con los zombies disparándoles en la cabeza. Además de Savini es ineludible citar la aparición de Ken Foree, uno de los protagonistas de la película de Romero, como telepredicador, quien nos brinda además un par de frases de cabecera de la película, la celebrada “Cuándo no haya más sitio en el infierno los muertos caminarán sobre la tierra” y la menos conocida pero igual de impactante “¿Cómo creíais que os juzgaría nuestro Dios? Bien, ahora ya lo sabéis”. Otro factor donde se vislumbra el cariño con el que se ha tratado la cinta es lo trabajado de sus títulos de crédito iniciales y finales, ofreciendo al espectador un trabajo cuidado a nivel técnico de principio a fin. Además, donde muchas películas empiezan con fuerza en su parte inicial para ir desinflándose conforme avanza el metraje, Amanecer de los muertos mantiene una constante tensión y la inclusión de espectaculares secuencias a cada momento que alternan a la perfección con momentos más evasivos y que tienden a mostrar las propias relaciones personales de los protagonistas ante la terrible situación que les ha tocado vivir. Este mimo por el producto llega hasta un cierre donde puede atisbarse un último guiño al cine italiano de muertos vivientes con ese Nueva York bajo el terror de los zombies como uno de sus títulos de cabecera. Por último añadir como ya indicábamos con antelación la multitud de pequeños homenajes al título de 1979 insertados en la película y que evidencian un cariño y respeto hacía el original fuera de toda duda.



Amanecer de los muertos se erige de esta manera con sus virtudes y defectos, que alguno tiene, como la aparición de personajes nada desarrollados o la inclusión de la cámara lenta en determinados momentos de acción que frenan su impacto visual, en la punta de lanza del sub género zombie del segundo milenio, marcándose como referencia a la hora de abordar nuevos proyectos sobre el tema y siendo responsable, para bien o para mal, de la ola zombie que ha invadido todos los campos del entretenimiento, pasando de ser un sub género marginal a toda una marca de primera línea, como así lo demuestran blockbusters como Guerra Mundial Z  o series para televisión del calado de The walking dead. Obra obligada para todo amante de la carne putrefacta y los mordiscos infectados. Y no lo olviden, disparen siempre a la cabeza.

viernes, 1 de noviembre de 2019

LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES (NIGHT OF THE LIVING DEAD, 1990) 92´



Barbara y su hermano Johnnie son atacados en el cementerio mientras visitan la tumba de su madre por un hombre de aspecto demacrado. Barbara logra huir y se refugia en una casa cercana donde descubre que hay más seres violentos acechándola. No tarda en llegar al mismo lugar una furgoneta de la cual se baja Ben, un hombre que cuenta a Barbara que ha sido testigo de cómo los muertos se han levantado de sus tumbas para atacar a los seres vivos, y que únicamente disparándoles a la cabeza se puede detenerlos. 



Poco más de veinte años después de estrenada su obra más conocida, George A. Romero consideró que era el momento de abordar un remake de la misma, contando para la ocasión con más presupuesto, medios y experiencia a la hora de llevarlo a cabo. Con guion del propio Romero, el cual repetía de manera prácticamente lineal lo ya narrado en la película de 1968, sería Tom Savini la persona escogida para dirigir la historia. Savini, uno de los grandes nombres dentro del campo de los efectos especiales y de maquillaje ligados al cine de horror contemporáneo, era un viejo conocido de Romero, con quien ya había colaborado en varias de sus aproximaciones al género de los muertos vivientes, siendo este su primer y único trabajo hasta la fecha como realizador de largometrajes, habiendo ejercido esta misma función en varias ocasiones más como director de episodios para televisión. Savini se ha convertido además con el paso del tiempo en uno de esos tótems indisolubles del género, donde además de su labor como técnico de maquillaje y efectos, ha cobrado gran protagonismo a raíz de participar como actor en infinidad de títulos, bien en papeles secundarios, episódicos o con meros cameos, destacando su aparición como Sex Machine en Abierto hasta el amanecer, habiéndolo visto igualmente delante de las cámaras en el Zombie de Romero como uno de los miembros de la banda de moteros que asola el centro comercial donde se desarrolla la trama. 


El resultado de esta revisión de todo un clásico como es La noche de los muertos vivientes no puede ser más satisfactorio, y es que, no solo está a la altura de su antecesora, sino que mejora algunos elementos respecto a la versión de Romero, dando todo el sentido a la idea de un remake, ya que actualiza a toda una nueva generación de espectadores una cinta tan acertada como La noche de los muertos vivientes, pero la cual había perdido empaque con el paso de los años en base a la propia gestación y desarrollo amateur de esta obra.  De esta manera Savini acaba manejando con gran soltura el material con el que cuenta, con el condicionante añadido de que estuvo muy presionado durante el rodaje, dado lo icónico de la película objeto de la revisión. Igualmente sufrió imposiciones en relación a la carga de gore de la película, y aunque el resultado final es satisfactorio a este respecto, acabo estando muy por debajo de lo previsto inicialmente en cuanto a sangre y casquería se refiere. Savini demuestra además ser un gran conocedor del lenguaje cinematográfico, fruto de los más quince años de carrera ligada al cine que por aquel entonces tenía, y ofrece una película ágil y dinámica, siendo en este sentido más entretenida que la versión de 1968, la cual tenía más tiempos muertos en la trama, y eso a pesar que la duración de ambas es muy similar, con buenos momentos de terror y que no desfallece en ningún momento, manteniendo además ese epílogo tan negativista de la obra en la que se basa, impactando el estilo visual escogido, con esos fotogramas granulados que muestran la degradación que el ser humano a alcanzado en apenas unas horas en su forma de enfrentarse a esa resurrección de sus fallecidos. La película, obviamente, presenta mejores efectos de maquillaje y trucajes gore que la película de Romero, lo que la hace más efectiva en su intención de impactar, pero por el contario carece del elemento sorpresa de esta, todos sabemos que es lo que se nos va a ofrecer desde el primer fotograma. Tampoco hace falta, menos a estas alturas, en donde todo el mundo es conocedor del género zombie, de sus constantes y marcas de la casa.



Respecto al elenco de intérpretes de esta nueva versión, Savini tuvo la fortuna de contar con varios nombres que acabarían por convertirse en indisolubles dentro del cine de terror, lo que acaba por dar a la cinta un caché no buscado que la hace aún más especial para el aficionado. Patricia Tallman, actriz y doble de acción, hace el papel de Barbara, quien, si bien de inicio toma las maneras y actitud del mismo personaje visto en la película de 1968, acaba por virar de rol y, en pleno germen de los personajes femeninos con fuerza (Ripley ya había protagonizado dos películas de Alien y Terminator 2 con una vigoréxica Linda Hamilton estaba próxima en llegar), acaba por convertirse en una aguerrida mujer dispuesta a todo por sobrevivir, siendo de hecho el desarrollo de su personaje una de las variantes más interesantes frente a la primera versión de la historia, donde Barbra era poco menos que una espectadora en estado catatónico ante los hechos que están aconteciendo y con un final dramático ante su apática actuación. Por su parte Tony Todd (Candyman, Hatchet, Destino final) encarna a Ben con la misma fuerza e intensidad que en el pasado lo hiciera Duane Jones, siendo también su destino el mismo, aunque con una variante que suena a guiño. Otro de los papeles destacados, el del villano Harry Cooper recaería en esta ocasión en Tom Towles (Henry, retrato de un asesino, La casa de los 1000 cadáveres, Halloween, el origen), aportando toda su fuerza a un personaje que tanto en la cinta de finales de los sesenta como en esta de principios de los noventa acaba por resultar odioso, tal y como se encarga de recalcar la propia Barbara en un final que nuevamente da una ligera vuelta de tuerca a lo ya contado veinte años atrás. No podemos obviar el papel secundario de Bill Moseley como Johnnie, hermano de Barbara, otro de esas estrellas del cine de terror con apariciones en películas tan icónicas como La matanza de Texas 2, El ejército de las tinieblas o Los renegados del diablo entre una extensa filmografía de más de cien títulos.


Si bien en lo que respecta a la historia este remake, que llena de color la versión  en blanco y negro de la obra primigenia, no va a sorprender para nada más allá de pequeños, y acertados, cambios en el devenir de algunos personajes, si que se trata de una recomendada revisión que gustará tanto a quienes consideran La noche de los muertos vivientes de 1968 una obra de culto, ya que como tal es respetada y abordada en esta nueva versión, como a quienes consideran la película de Romero algo lenta y tediosa, pero que igualmente disfrutan del género que esta primera película creó. Con un final que deja patente ese aire fatalista aportado por Romero en su opera prima, no podemos dejar de apreciar el trabajo de un Savini, quien bajo el mecenazgo del mismo Romero, creó una obra con una potencia visual y conceptual no solo a la altura del título homenajeado, sino que por momentos llega a superar.

domingo, 27 de octubre de 2019

LA RESISTENCIA DE LOS MUERTOS (SURVIVAL OF THE DEAD, 2009) 89´



En medio de un mundo donde los muertos se levantan de sus tumbas para devorar a los vivos, una isla en medio del mar parece obviar la dramática situación que se vive en todo el planeta. En el lugar hay dos facciones enfrentadas, los O´Flynn, que apuestan por acabar con todos los zombies que aún merodean por la isla para asegurar su propia supervivencia, y los Muldoon, quienes creen poder reeducar a estas criaturas para evitar ataquen a los vivos. 



Última y por desgracia la más floja de cuántas aproximaciones llevara a cabo Romero al universo cinematográfico que el mismo creara hoy hace más de medio siglo, y que repite el esquematismo de su anterior aportación con El diario de los muertos (con la que enlaza mediante el personaje del Sargento Crockett), esto es, presupuesto exiguo, intérpretes desconocidos, rodaje rápido y estreno directo en formato doméstico. Tal y como sucediera con el título inmediatamente anterior estrenado en 2007, lo peor que puede achacársele a La resistencia de los muertos es que no posee la esencia visual Romeriana propia de su tetralogía inicial, si exceptuamos un par de apuntes interesantes en el epílogo, con esos zombies de ambos líderes de los clanes atacándose entre sí incluso una vez muertos frente a una brillante y rojiza luna llena, o el momento en que los hombres de Patrick O´Flynn con este a la cabeza se encuentran con que los zombies a los que tienen que disparar en la cabeza son dos niños de corta edad encadenados en sus cunas. 





La película se construye desde una idea argumental interesante, algo que todas las películas de Romero poseen, con ese enfrentamiento que ya viéramos en El día de los muertos entre quienes consideraban que había que tratar de aniquilar a todos los zombies posibles y quienes apostaban por que la única opción para sobrevivir al apocalipsis era tratar de reeducar a los muertos vivientes. En esta ocasión no serán estamentos como el militar y el científico los que se enconen, sino dos clanes rivales, lo que permite a Romero volver una vez más sobre su constante crítica social, donde vuelve a apostar por el desencuentro entre los humanos como principal generador de nuestra propia destrucción. Y es que, si nos atenemos a la propia evolución de la saga y lo que en ella se nos cuenta, la aparición en escena de los muertos vivientes es solo el elemento desestabilizador que ha acelerado nuestra propia autodestrucción, incapaces de unir fuerzas siquiera en una situación apocalíptica como la planteada. Hay a lo largo de la película varios momentos en los que la película presenta secuencias de corte cercano al absurdo, como esa detonación que hace caer toda una pared dejando al descubierto a varios tiradores cubiertos de hollín, descolocan sobre la visión de la película, y acaban por no dotarla de una entidad propia en ese baile entre situaciones dramáticas con otras más banales.



Romero plantea esta sexta entrega como un hibrido de estilos cinematográficos, donde, si bien el terror es evidente, hay que desbrozar algo más la película para llegar a atisbar un western tardío, con esas dos facciones enfrentadas donde además se manejan numerosos elementos iconográficos de este género, duelo al sol incluido. Da la sensación sin embargo de que Romero ha gestado tanto la preparación como el rodaje y la post producción de manera precipitada, en un afán por ofrecer rápidamente una nueva muestra del cine de muertos vivientes, siendo por este motivo, los resultados tan discretos y lejanos de obras capitales del cine de terror moderno como Zombie (1978) o El día de los muertos vivientes (1985), dirigidas también por Romero. Y es que si para estrenar las tres primeras películas de la franquicia hubieron de pasar diecisiete años, para ver las otras tres cintas el periodo fue tan solo de cuatro, casi a película de zombies por año.



En lo que respecta al apartado técnico más de los mismo,  nos encontramos con una cinta del montón con estilo de telefilm y donde ni siquiera los maquillajes y efectos de casquería se encuentran a la altura del resto de la saga, siendo en esta ocasión Greg Nicotero únicamente consultor en materia de efectos, lo que acaba por pasar factura a una producción como se estrenaron decenas en aquellos años. Únicamente recomendada para fans acérrimos del maestro de Pittsburgh, a quienes la subjetividad les empuje a destacar los aciertos que tiene la película, concretamente en cuánto a ideas planteadas, frente a sus puntos débiles, muchos de ellos en la propia ejecución de dichas ideas. La resistencia de los muertos tiene añadido un toque que la hace especial además para el seguidor de su director, y es que sería su última película estrenada antes de su fallecimiento en 2017. Y es que podemos perdonarle estas dos últimas aproximaciones al subgénero que el mismo invento precisamente por eso, por ser el creador principal de un género dentro del cine de terror que tan buenos malos momentos nos ha hecho, y nos hará pasar, con los muertos vivientes como leit motive principal. Es por ello que, aunque parezca una contradicción, solo falta desear larga vida a los muertos vivientes.

miércoles, 23 de octubre de 2019

EL DIARIO DE LOS MUERTOS (DIARY OF THE DEAD, 2007) 91´



Un grupo de alumnos se encuentra rodando una película de terror de serie B como proyecto de la carrera. Inesperadamente la radio comienza a emitir información relativa a extraños sucesos en cadena protagonizados por gente aparentemente fallecida que ha llevado a cabo violentos ataques contra la población. Desconcertados por lo que está pasando deciden montar en una caravana y partir en busca de la verdad sobre lo que está aconteciendo. Jason, director de la película de ficción, decide documentarlo todo con su equipo cinematográfico. 



Apenas un par de años después de estrenada La Tierra de los muertos vivientes, película que al menos funcionó correctamente en taquilla, Romero se embarcaría en una nueva película de su longeva saga. Esta vez contaría con un presupuesto mucho menor, prácticamente nueve veces menos que para su película anterior, algo que le supone una de cal y otra de arena. Así, mientras de una parte la historia queda limitada en base a un reducido montante económico, el director gozaría de una mayor libertad creativa, algo de lo que, estando atado a un gran estudio, probablemente careciera. Una vez más, y tal como sucediera con todas las películas sobre muertos vivientes de esta franquicia, el propio Romero se haría cargo de la escritura del guion,  planteando por primera vez, tras una serie de películas que con cada entrega avanzaban en la situación central del planteamiento de un apocalipsis regido por la vuelta de los muertos a la vida, una vuelta a los inicios. Así, El diario de los muertos supone volver a contar el inicio del fenómeno, cambiando radicalmente, eso sí,  la forma narrativa.



La película se abonaría al formato de found foutage o metraje encontrado,  estilo cinematográfico dado a conocer en el género especialmente con Holocausto caníbal y recuperado a finales de los noventa con el estreno de El proyecto de la bruja de Blair, con incontestables éxitos cercanos en el tiempo como las sagas Paranormal activity o Rec, de la que el propio Romero se manifiesta fan confeso  y que de hecho sería homenajeada en el momento en que agentes con trajes especiales irrumpen en una vivienda donde una pareja de ancianos mantienen encerrados a sus fallecidos. Así, toda la película se presenta como una filmación auténtica llevada a cabo por uno de los protagonistas, y que se intercala con grabaciones de cámaras de seguridad o imágenes televisivas, imágenes que por momentos se apoyan en la voz en off de otra de las protagonistas de la historia. De esta forma el director quiere que este nuevo acercamiento a la génesis del fenómeno de la vuelta a la vida de los muertos, el espectador lo viva desde otro punto de vista, otro ángulo. Así como en la película de 1968 el estilo amateur confería a la película de manera inconsciente cierto aire de documental, en esta ocasión se busca deliberadamente ese poso de realidad en las imágenes. Algo que por desgracia no sucede, perdiendo además en el proceso el estilo propio, la marca de la casa, ese ADN de Romero que el resto de películas enclavadas dentro de la franquicia poseían, pareciendo por momentos una cinta de serie B de productoras como Asylum o similares más que una propuesta de un curtido director casi septuagenario. El hecho además de tener que presentar toda la película como si de una filmación en tercera persona se tratara genera en ciertos momentos situaciones del todo injustificables e ideas ilógicas, como la de ser testigo de ataques de zombies y no dejar de grabar para ayudar, llegando a grabar tu propia muerte. Pero como dice en un momento el personaje del propio Jason, “la cámara lo es todo”. 



El elenco de intérpretes es desconocido, comandado además por un grupo de jóvenes en la línea del cine de terror para adolescentes más estereotipado, dejando de lado por vez primera Romero a unos personajes más trabajados y variados. Como nota curiosa decir que uno de los protagonistas es Shawn Roberts, quien ya participara en un pequeño papel en La tierra de los muertos vivientes, y que de hecho da vida a otro personaje distinto en esta ocasión. Si bien las interpretaciones no son deleznables, si que no están a la altura, ni por carisma de los personajes ni por complejidad en la composición de estos, de ninguna de las películas anteriores de la saga, y es que en El diario de los muertos las preocupaciones de Romero eran otras.



El director utiliza la película para experimentar con nuevas técnicas de filmación como la cámara digital, o un montaje abrupto, algo que además de permitirle tratar de hacer algo diferente lejos de los formalismos y maneras más academicistas, le sirve como justificante a la hora de presentar su particular y personal crítica al sistema, todo un clásico dentro de su filmografía sobre muertos vivientes. Romero pone su mira en esta ocasión en el auge de las redes sociales y la deshumanización de la sociedad según avanza la tecnología, aunque una vez más no evita la crítica al estamento militar en la secuencia en la que unos soldados roban al grupo protagonista. Unido tanto al bajo presupuesto como a esa idea de recurrir a nuevas técnicas de rodaje, surgen unos efectos especiales que dejan de lado los trucajes mecánicos y artesanales, mucho más caros, para poner la vista en la infografía y los efectos especiales computerizados. Greg Nicotero continúa fiel a Romero, no olvidando quien le dio su primera oportunidad en el cine, y continua ofreciendo gracias a su habilidad, notables secuencias de corte gore a la par que unos zombies, que si bien carecen del empaque de entregas anteriores (recordemos una vez más la limitación presupuestaria), están muy por encima de la mayoría de títulos sobre zombies estrenadas por aquel entonces a decenas. Y es que, aunque en menor medida, la cinta seguirá mostrando secuencias donde la sangre es la protagonista. 




El estatus de director de culto permitiría a Romero poder contar con la participación de gente como Stephen King, Wes Craven o Quentin Tarantino, entre otros, con pequeñas colaboraciones, en una especie de ritual habitual por el cual amigos o gente del equipo participan de una manera u otra delante de la pantalla. Y es que, aunque El diario de los muertos supone una bajada del listón marcado por el propio Romero a lo largo de su saga sobre muertos vivientes, aún y todo es mejor que un alto porcentaje de películas de corte similar estrenadas de manera masiva en base al abaratamiento de costes precisamente en el área de efectos especiales.



El diario de los muertos sería el primero de los experimentos de Romero dentro de su particular saga de los muertos vivientes, lejanos ya los años más boyantes, fructíferos y exitosos de su carrera como director, y que suponen una pérdida de la propia identidad de la saga. La tetralogía inicial es un muy buen ejercicio de cine de género, en no pocos momentos brillante, y con algunas de las secuencias más recordadas por el aficionado del terror. Lo que vendría después de La tierra de los muertos vivientes es otra cosa, un triste epílogo al que sin embargo merece la pena dar una oportunidad, el maestro Romero así lo merece.

domingo, 20 de octubre de 2019

LA TIERRA DE LOS MUERTOS VIVIENTES (LAND OF THE DEAD, 2005) 93´



El mundo se encuentra prácticamente en su totalidad a merced de los muertos vivientes, y únicamente un pequeño grupo de supervivientes se concentra en una ciudadela fortificada, donde se hacina la población, y coronada por un enorme rascacielos, hogar de los ricos y poderosos. Estos cuentan además con un vehículo acorazado y un grupo de paramilitares con los que llevan a cabo expediciones al exterior en busca de suministros y algún que otro artículo de lujo que les haga olvidar la pesadilla en la que viven.



Veinte años más tarde de El día de los muertos, Romero retoma su saga más fructífera con La tierra de los muertos vivientes, proyecto que pudo ver la luz a raíz del gran éxito cosechado por la opera prima de Zack Snyder, El amanecer de los muertos (de hecho los títulos de crédito de esta nueva entrega del director afincado en Pittsburgh recuerdan indefectiblemente a los de película de Snyder), precisamente un remake de la cinta de Romero de 1978, éxito que iniciaría una nueva edad dorada del género zombie, la cual ha conseguido sobrevivir hasta nuestros días. La idea de rodar una nueva entrega obedecería en esta ocasión mas a la necesidad de un nuevo éxito para George Romero, que en los últimos años no había conseguido destacar especialmente con sus películas, que a la necesidad de contar algo nuevo. Sin embargo, el resultado final merece la pena y ahonda un poco mas en todas esas ideas desarrolladas con anterioridad.



Romero nos muestra en esta ocasión, y en su creciente historia sobre el apocalipsis zombie, como el mundo es ya un planeta en declive. Los zombies han ocupado toda la tierra y los pocos humanos supervivientes viven en ciudades fortificadas y protegidas por grupos paramilitares, quienes hacen batidas al exterior para poder aprovisionarse de materiales de primera necesidad como comida y medicamentos. Pero los zombies están evolucionando, en franca contraposición con un ser humano al que la situación desatada desde la iniciática La noche de los muertos vivientes le ha hecho involucionar, amparándose en sus instintos más primarios. Y es que, una vez más, la tragedia será desencadenada por la propia maldad y mezquindad del ser humano.





A nivel interpretativo La tierra de los muertos vivientes es la película de la longeva saga que cuenta con actores más solventes y conocidos. Así, la cinta está protagonizada por un carismático Simon Baker, conocido especialmente en nuestro país por protagonizar la serie El mentalista. Le acompañan nombres como los de Robert Joy (Amityville 3, La mitad oscura, Fallen o el remake de Las colinas tienen ojos), John Leguizamo (La jungla 2, Super Mario Bros, Atrapado por su pasado, Romeo y Julieta, Spawn, Summer of Sam…), todo un valor seguro tal y como se constata en su intervención en el título que nos ocupa o Dennis Hopper (Easy Rider, Apocalypse Now, Terciopelo azul, Waterworld…) en uno de esos roles de villano en los que tan bien encajaba. A modo de guiño Romero contaría con la presencia de la personalísima Asia Argento, hija de su partenaire en Zombie Dario Argento, y que una vez más daría cuenta de su capacidad para comerse la pantalla con su sola presencia, incluso en un papel menor y menos desarrollado como es el caso. 





Romero se sitúa en esta ocasión y de manera inequívocamente  abierta del bando de los zombies, a quienes dota de sentimientos y cierta capacidad de raciocinio, en una evolución imparable desde esos primeros compases donde actuaban por impulsos irracionales. Y es que en esta ocasión no atacaran al grupo de humanos sin motivos aparentes, sino que será en venganza por la actuación de estos contra sus semejantes. Si en El día de los muertos vivientes se centraba esta simpatía por los zombies en la figura de Bub, se quiso hacer lo propio en esta ocasión mediante la figura de un líder dentro del grupo de los muertos vivientes, ese gasolinero negro que actúa como cabeza pensante de la muchedumbre zombie que inicia su peregrinaje hasta la ciudad fortificada tras ser atacados por el grupo de humanos. Si que es cierto que Romero no logra con este personaje alcanzar las cotas del Bub de El día de los muertos vivientes, pero si que es significativo como, mientras en el bando de los humanos la característica principal es el egoísmo y la traición, en este caso se nos presenta un emulo de líder capaz de sacrificarse por el grupo.





Una vez más Romero continua jugando a encerrar a los protagonistas frente al acoso de los zombies, que son quienes se encuentran en espacios abiertos, frente a los claustrofóbicos ambientes en los que moran los personajes no muertos, algo presente desde la película de 1968. Así, en la primera entrega se les retenía en una casa aislada, más tarde en un centro comercial, una fortificación militar en la tercera entrega y ahora, en una ciudad amurallada. El espacio se va agrandando, pero no por ello desaparece la sensación de claustrofobia y miedo a ser asaltados en cualquier momento. Si se aprecia sin embargo en esta entrega que la población superviviente acepta como normal la situación, fruto de una convivencia de años con este extraño y terrorífico fenómeno. Lo anómalo y terrorífico convertido en cotidiano, la capacidad de sobrevivir y sobreponerse pero no como elemento positivo, sino como forma de pervertir esa misma resistencia, lo que queda muy evidenciado en como los muertos vivientes son usados dentro de la ciudad amurallada como forma de entretenimiento de las masas, momento donde por cierto veremos un simpático cameo de los actores Simon Pegg y Edgar Wright caracterizados como zombies encadenados frente a los cuales la gente se fotografía, a la sazón director y actor principal de la divertida parodía Shawn of the dead.



La película continua sirviendo como acicate de los perores vicios de nuestra sociedad, corriente que nacería de manera involuntaria en La noche de los muertos vivientes pero que Romero y su equipo convertirían en una marca de la casa de la saga. En esta ocasión la película ejerce una crítica abierta contra la sociedad actual, y así mientras unos pocos disfrutan de todos los privilegios representados en la torre que se erige en medio de la ciudad, la mayoría malvive en las calles y apenas tienen para alimentarse. Un primer mundo que se erige altivo y sin escrúpulos frente a un tercer mundo marginal y hambriento. Pero por debajo de ese tercer mundo hay un cuarto mundo, el de los zombies, que no dudarán en, lejos de la capacidad de conformidad de los habitantes menos favorecidos de la ciudad fortaleza, tomar por la fuerza lo que se les ha negado, quizás una advertencia de lo que nos puede deparar el futuro si seguimos acrecentando las desigualdades sociales y económicas.





Lo película contó con el apoyo económico de la mayor Universal Studios, lo que posibilitó que esta cuarta entrega fuera la de mayor presupuesto de todas las películas sobre muertos vivientes estrenadas por Romero, algo que se evidencia en el acabado de la cinta, tanto a nivel de escenarios, maquillajes o efectos visuales, área en la que Romero volvería a contar con Nicotero, aprendiz en El día de los muertos y maestro en esta ocasión, acompañado del no menos destacable Howard Berger. De esta manera el director vuelve a un estilo de comic a la hora de narrar su particular Armagedón zombie, algo que es especialmente patente en unos personajes tan resultones como esos secundarios tan esteticamente atractivos enviados por el personaje al que da vida Dennis Hooper y que acompañaran a los protagonistas en su misión, con unos nombres igualmente propios del mundo del tebeo como son Manolete, Motown y Brubaker. Lo mismo sucede con la presencia de ese vehículo especial de nombre El azote de los muertos, volviendo de esta forma Romero a las formas de puro entretenimiento de El amanecer de los muertos y dejando por el camino ese estilo más deprimente de El día de los muertos.



Una nueva muesca en el revólver de Romero en su particular filmografía zombie, descubriendo este director como con esta saga de muertos vivientes, en esta ocasión rebautizados como podridos, podía sacar los colores de la sociedad capitalista en la cual se mueve la franquicia, atacando al consumismo (amanecer), militarismo (día) o en esta ocasión las desigualdades sociales. Última gran película de una saga que poco después iniciaría un triste declive manifestado en dos últimas películas para olvidar. 

sábado, 12 de octubre de 2019

EL DÍA DE LOS MUERTOS (DAY OF THE DEAD, 1985) 96´



Un heterogéneo grupo de militares y científicos conviven en un refugio subterráneo tratando de resguardarse y protegerse de una situación de apocalipsis total, con un planeta tomado por los muertos vivientes y donde los supervivientes cada vez son menos. Ambos estamentos chocaran frontalmente por la manera opuesta en la que tratan de abordar la situación, ya que mientras los soldados únicamente conciben la aniquilación de los zombies, los investigadores tratan de hallar una solución al problema mediante la domesticación de los muertos vivientes.





Corría el año 1985 cuando se presentó la tercera aproximación al mito de los muertos vivientes por parte de Romero. Su titulo, El día de los muertos, conformando de esta forma una pretendida continuidad en la forma de titular cada nueva entrega que finalizaría con esta secuela, pasando de la noche en la cinta de 1968 al amanecer en la primera continuación estrenada en 1978 y finalmente al día, tal como reza el presente título. 



Un grupo de supervivientes de lo que es ya claramente una situación apocalíptica, y que queda perfectamente representado en una escena inicial que muestra ciudades desiertas, millones de víctimas potenciales, y en definitiva, un mundo poblado y ocupado por los zombies, permanece oculto y atrapado a la vez (una constante de la franquicia) en un refugio subterráneo, acosados por cientos de zombies que se encuentran apostados tras las verjas que dan acceso al complejo. Las tensiones que se viven entre los habitantes del refugio, quienes se dividen en civiles y militares, son cada vez mayores, fruto de una situación caótica y terrorífica alargada en el tiempo. Esta tensión devendrá en una ruptura dentro del grupo convirtiéndose el fanatismo de los militares, y muy especialmente el de su jefe, en el desencadenante de la tragedia cuando se permita el acceso de los zombies al refugio. Como vemos, Romero vuelve a tratar nuevamente, al igual que ya había hecho en las entregas anteriores, el tema de la claustrofobia y la angustia. Los protagonistas se encuentran prisioneros en su propia casa, modificando esta situación sus conductas y llegando a convertirse los humanos en sus peores enemigos, muy por encima de los propios zombies, a los que Romero trata con más cariño que a los personajes vivos, siendo el papel de Bub un ejemplo claro de esto. La película supone pues una feroz critica contra el ser humano, siendo esta crueldad humana representada especialmente en la figura del líder de los militares, extraordinariamente interpretado por el actor Joseph Pilato, actor ya ligado a la saga desde Zombi, donde participaría como actor de reparto además de colaborar en labores de maquillaje. 



Es esta labor interpretativa la que destaca en El día de los muertos por encima de los dos títulos anteriores estrenados por Romero sobre el tema, encontrándonos en esta tercera entrega los mejores personajes y actuaciones de entre las tres cintas. Y es que además de la salvaje interpretación de Pilato como villano de la función, no podemos obviar a una Lori Cardille que dejaba atrás visiones más timoratas del papel de la mujer tanto en La noche de los muertos vivientes como, aunque algo menos, en Zombie, para mostrarnos a una de esas heroínas de acción que empezaron a despuntar en el cine tras el papel de Sigourney Weaver en Alien. Cardille de hecho llegaría a recibir el premio de interpretación en el prestigioso festival de Sitges. Pero si hay un papel que ha quedado grabado a fuego en la retina del espectador ese es el de Bub, un zombie al que el equipo de científicos se afanan por domesticar tratando de buscar una salida no violenta a la situación de guerra abierta existente entre los muertos y los vivos. Sherman Howard, actor que diera vida a tan singular personaje, se basaría en la forma de actuar de los mimos para hallar el punto de partida a la hora de interpretar un papel tan aparentemente sencillo pero que realmente es harto complicado.



El día de los muertos ha sido tachada en numerosas ocasiones de un título menor dentro de la inicial trilogía presentada por Romero sobre el tema de los muertos vivientes. Nada más lejos de la realidad, ya que esta tercera entrega presenta una madurez y un negativismo que encaja y complementa el clasicismo de la primera película sobre el tema y la más alocada y colorista, tanto visual como conceptualmente, segunda parte. De inicio el propio director había escrito un ambicioso guion tratando de llevar a cabo el rodaje de la película definitiva sobre el género, ahora que el tema de los muertos vivientes, recordemos mediados de los ochenta, estaba en uno de sus momentos de mayor apogeo copando las pantallas de cine y muy especialmente las estanterías de los videoclubs de cintas, en la mayoría de los casos de dudosa calidad. Pero para poder rodar el extenso y complejo libreto inicial ideado por Romero se hacía necesario un holgado presupuesto, montante económico que la productora únicamente aprobaría estrenando una película más comercial, esto es, lejos de una violencia que mermara su recorrido en la taquilla. Afortunadamente para el fan, Romero no transigió, lo que provocaría contar con un presupuesto menor y debiendo rehacer el guion original, de manera que la sinopsis final de la película desarrollada en la base subterránea y en las minas era solo una parte de esa historia original. Destaca asimismo frente a los que se refieren a ella como la peor película de las tres iniciales una banda sonora más certera, desasosegante y angustiosa que en los dos films anteriores, y que encaja a la perfección con esa ubicación de la historia, lóbrega, oscura y claustrofóbica. Un score musical que parece querer imitar el estilo lento y desacompasado de los movimientos de los muertos vivientes.



La película volvió a contar para su apartado de efectos especiales con la inestimable colaboración de Savini, quien una vez mas aporto muestras de su buen hacer, pudiendo considerarse sin apenas género de duda a El día de los muertos como su mejor  trabajo. Parte de culpa de que esta película sea recordada con tanto cariño por todos los amantes de la casquería y el buen gore se debe también a que junto al propio Savini, y como su asistente, trabajaría dentro del apartado de efectos especiales y de maquillaje un joven y neófito Greg Nicotero, toda una institución en el campo de los efectos, recordado especialmente en películas donde la sangre y la explicitud es parte esencial del resultado final. Destacan en este apartado los momentos de intestinos desparramados o las amputaciones de miembros, produciéndose todo un festín de sangre y carnaza una vez los zombies irrumpen en el recinto subterráneo y se cobran cumplida venganza sobre esos militares que han representado durante la película la peor cara del ser humano. Pero especialmente destacable es la secuencia en la que los zombies logran dar caza al líder militar partiéndolo literalmente en dos y esparciendo sus tripas por el suelo para a continuación darse un delicioso festín, toda una demostración de la portentosa capacidad de Savini y Nicotero para crear escenas truculentas y repelentes. Como anécdota adicional, para el rodaje de esta escena se usó casquería en mal estado, ya que la cámara frigorífica en la que debía mantenerse refrigerada se averió, dando como resultado un hedor insoportable en el momento de la filmación, de ahí que la cara de asco de Pilato sea totalmente verídica.  



Como venía siendo habitual en toda la saga, la  cinta tiene un aire pesimista y desalentador, no hay posibilidad de escapar de un destino dramático y aterrador, y ello a pesar que tanto en Zombi como en el título que nos ocupa Romero finaliza la historia con un guiño a la esperanza, a la huida. Nada más lejos de la realidad, ya que el director deja claro el destino de sus protagonistas desde una secuencia de arranque de ensoñación para el recuerdo. Además, y contrariamente a lo que debiera ser por la propia naturaleza de las circunstancias presentadas, es siempre el propio hombre y su falta para entenderse, trabajar juntos y ponerse de acuerdo, el responsable de dicha desgracia. El día de los muertos se erige de esta forma, y frente al sentir de parte de la crítica, como la obra culmen de la saga zombie firmada por George A. Romero, su visión más personal y particular que además es la que mejor rodada está y la que recoge además muchos de los mejores momentos enclavados en el gore no solamente de la franquicia, sino de la hsitoria. Habrá quien se quede con La noche de los muertos vivientes y su mito como origen de todo, quien prefiera Zombi, su ritmo más dinámico y su crítica al consumismo regada de escenas míticas en el género. Personalmente elijo este El día de los muertos.