lunes, 1 de julio de 2024

POSESIÓN INFERNAL, EL DESPERTAR (EVIL DEAD RISE, 2023) 90´

Beth acude a visitar a su hermana mayor y a sus tres sobrinos tras conocer para su sorpresa que está embarazada. La noche que llega al edificio donde vive su familia un terremoto deja al descubierto una bóveda subterránea perteneciente al antiguo banco que ocupaba el espacio de viviendas actual. Allí, Danny, uno de los jóvenes, encuentra en un sarcófago protegido por multitud de crucifijos y otras reliquias religiosas un extraño libro, así como unos discos antiguos que datan de cien años atrás. 

Última película hasta la fecha de una de las sagas de terror más notables de las últimas décadas en tanto mantiene unos altos estándares de calidad a lo largo de las cinco películas estrenadas, las cuales se complementan con el cortometraje que sirvió para conseguir la financiación necesaria para dar luz verde a la película original además de una divertida y pasada de vueltas serie para televisión, siendo estos los referentes audiovisuales que conforman de momento la franquicia. Y decimos hasta la fecha porque el éxito entre los aficionados al terror así como de la propia saga cosechado por la película unido a una taquilla que ha logrado multiplicar casi por ocho un presupuesto de diecinueve millones de dólares hace creer que más pronto que tarde se estrene una nueva entrega que sumar a una serie de títulos iniciada en 1981 con una Posesión infernal convertida en título de culto dentro del terror contemporáneo. 

Tres de las principales cabezas visibles de la película estrenada hace más de cuarenta años participan en este caso en labores de producción, lo que redunda en un título enormemente respetuoso con la saga a la que pertenece. Nos referimos a Sam Raimi, director de las tres primeras películas, Rob Taper, encargado de la producción en todas y cada una de las entregas y Bruce Campbell, convertido especialmente a raíz de la primera secuela, Terroríficamente muertos, en alma mater de la saga además de erigirse como uno de los personajes más icónicos y carismáticos dentro del cine de terror gracias a su Ash Williams. El director en esta ocasión es Lee Cronin, autor también del guion de la película, y quien con tan solo una película a sus espaldas además de un puñado de cortometrajes englobados dentro del género, ha tenido la osadía de enfrentarse a la complejidad que es abordar un proyecto con tantas expectativas para el fandom, especialmente tras la buena acogida del remake orquestado por Fede  Álvarez en 2013. Y el resultado no podría haber sido mejor. Cronin demuestra una pasión por la saga que queda evidenciada en la cantidad de homenajes y guiños presentados a lo largo de la película, e iniciados ya con ese arranque que emula los alocados y personalísimos travellings de Raimi, a lo que podríamos sumar el uso de los efectos de sonido como un componente crucial a la hora de generar terror, el guiño a la endemoniada Henrietta como logo de la tienda de pizzas, el uso en una de las secuencias de la sangre anegando los botones del ascensor tal como sucediera con la lente del proyector en la película de Raimi, los tatuajes de una de las protagonistas con forma de espinos en clara alusión a las truculentas escenas de la violación en Posesión infernal y su remake así como la propia posesión de este mismo personaje sustituyendo en esta ocasión las ramas del bosque de las cintas pretéritas por los propios cables del ascensor del edificio. La aparición de la motosierra y la escopeta, el globo ocular saliendo de la cuenca del ojo, la decapitación de la muñeca imitando la muerte de la novia de Ash… el visionado de la película es un deleite continuo para el fan de la saga. Y no solo podemos vislumbrar guiños a Posesión infernal, sino que en determinadas escenas son muchos los homenajes a películas seminales del género de terror como El exorcista, con una endemoniada que eleva al cuadrado esa icónica secuencia de la araña descartada en el primer montaje de la película de 1973 y recuperada posteriormente para el director´s cut, el momento del ascensor anegado de sangre es una evidente alusión a El resplandor, la arquitectura del edificio donde se desarrolla la acción nos recuerda a la vivienda donde tenían lugar los acontecimientos de Muñeco diabólico, esa idea de unos personajes atrapados sin posibilidad de escapar es muy referencial al cine de John Carpenter, la escena de la trituradora en el garaje emula ese final tan gore de Braindead, incluso ese Buick en el que las protagonistas tratan de huir casi acabando la película podría interpretarse como un guiño a un Stephen King, autor de la novela Buick 8, un coche perverso, cuya crítica de Posesión infernal supuso el espaldarazo que la película necesitaba para convertirse en el hito que es hoy en día.

Pero no solo de homenajes vive una película que es enormemente recomendable para el fan del horror por sus propias virtudes, las cuales no son pocas, hasta el punto de convertir esta Posesión infernal, el despertar en título de obligado visionado de entre las películas dentro de su género estrenadas en 2023. Lo primero que cabría destacar es la capacidad de su director a la hora de componer enormes secuencias de terror, para lo cual se ayuda no solo en una iluminación sobresaliente que refuerza la idea de opresión de unas víctimas incapaces de poder escapar de un edificio que traslada toda la potencia visual de la cabaña de las primeras dos películas y del remake estrenado en 2013 a un entorno urbanita pero igualmente desasosegante, lo mismo que sucede con un uso del sonido excelso y que es igualmente funcional a la hora de conseguir ese fin último de angustiar al espectador.  Y es que Cronin se manifiesta como un excelente realizador a la hora de planificar y filmar encuadres tremendamente efectivos, como la primera aparición del personaje de Ellie ya endemoniada en la cocina de la casa, el momento de la bañera o toda la escena mostrada a través de la mirilla de la puerta del piso de las protagonistas, y que hacen de esta Posesión infernal una verdadera experiencia dentro del cine de terror. Sí que es cierto que en su afán por cubrir todos los espectros de una saga que recordemos, en su segunda y tercera entrega lindaban con la comedia gore, no siendo este el caso, la película nos lleva a un acto final excesivamente pasado de vueltas, lo cual si bien descoloca algo al espectador por ese tono más cercano al terror puro y sin estridencias mostrado hasta ese momento, no hace perder a la película su fuerza, ya que todo aquel que conozca la saga sabe que está viendo una película de Posesión infernal.

Pero si la película funciona tan bien como lo hace, no es únicamente por la pericia de su director a la hora de componer una colección de escenas enormemente terroríficas ni por un guion que sabe recoger todo el espíritu de la franquicia para plasmarlo en pantalla. Hay que reseñar igualmente a unos personajes que en apenas unos minutos son excelentemente presentados, así como dibujados en una psique que a pesar de apenas dedicar metraje a este momento los convierte en enormemente creíbles, lo que hace que esa familia algo disfuncional que va  a vivir la noche más terrorífica y trágica de su vida  conecte inmediatamente con el espectador. Si a esto sumamos la valentía de introducir en la ecuación a unos personajes enormemente jóvenes a quienes llevar al límite y además sin acobardarse a la hora de definir como acabaran varios de estos, una final girl con hechuras que además experimenta una evolución desde despreocupada tía a ser capaz de sacrificarse por su familia, todo gracias a una secuencia de presentación que define el porqué actúa como lo hace, y una endemoniada principal que se erige gracias a la interpretación de una soberbia  Alyssa Sutherland (Vikingos) en lo mejor de la película y posiblemente referente a la hora de componer este tipo de personajes en títulos posteriores, el resultado a nivel de personajes no puede ser más satisfactorio.

Y si la película logra dar el miedo que da y conectar con el espectador más allá de la brutalidad de unas secuencias que siguen haciendo gala, y esa es otra marca de la casa de la franquicia, de ese saber jugar con momentos enormemente denterosos como sucede en esta ocasión con el uso que se da del rallador de queso, es porque pervierte de manera enormemente cruel la figura de una madre que pasa de ser la protectora de sus hijos a convertirse en su gran amenaza. Ello unido a la manera en que el demonio juega con esa idea para así poder confundir, desesperar y finalmente poder dar caza a sus víctimas hacen de Posesión infernal el despertar un título que cumple uno por uno con todos sus objetivos de inicio. Y esa es una gran noticia para el fan de la saga.

domingo, 16 de junio de 2024

LA ABUELA (LA ABUELA, 2021) 100´

Susana vive en Paris, donde trabaja como modelo. Un día recibe una llamada desde Madrid informándole que su abuela, con quien la joven se crio, ha sufrido un derrame cerebral, lo que la obliga a regresar inmediatamente a su ciudad natal para hacerse cargo de la mujer, ya que a raíz de su accidente necesitará atención constante.

El tándem formado por Carlos Vermut como guionista y Paco Plaza como responsable de la idea sobre la que se basa la historia y director de la cinta nos ofrece con La abuela un muy competente ejercicio de cine de terror con toda la esencia propia del clasicismo de esas obras más representativas dentro del género y que no necesitan del uso y abuso de los jump scares o de la violencia gráfica para reafirmar el desasosiego de una película que logra transmitir al espectador auténtico miedo. Todo ello gracias a un Paco Plazo convertido por méritos propios en el principal exponente actual del cine de terror de nuestro país, y que se manifiesta ya desde hace tiempo, y La abuela hace buena cuenta de esta idea, como un excelente generador de atmósferas, sabiendo sacar, como ya hiciera en su día con Rec, todo el partido del mundo a esa casona tan representativa y propia de los barrios más añejos de las grandes ciudades, lugar donde vive esa abuela de la protagonista que da título a la película y escenario donde se desarrolla prácticamente y de manera única toda la historia. Una historia que por otra parte en la simplicidad de su estructura, próxima al cuento de terror, logra con creces su objetivo de infundir auténtico miedo durante su visionado, todo ello gracias a un crescendo totalmente controlando por parte de su director del desasosiego vivido por la protagonista y por ende del propio espectador, quien entra de lleno en el juego escenificado por Paco Plaza y refrendado en un exquisito uso de la cámara y una estudiada planificación de las secuencias.

Pero la película no se queda en una historia de miedo al uso, sino que aprovecha la historia que se narra para ahondar, más allá de aquellos horrores más cercanos a lo sobrenatural, en unos terrores mucho más terrenales, atávicos y cercanos, constituyéndose de esta forma La abuela como todo un estudio sobre la vejez, la decadencia física y mental que acompaña a la misma así como de la soledad que conlleva aparejado el ir cumpliendo años. Y lo hace desde la perfecta contraposición de dos personajes principales que representan cada uno los dos lados de la balanza. Así, Susana representa la juventud con todo lo que ello pone de manifiesto como la esperanza, el futuro, las posibilidades sobrevenidas, la capacidad de decidir de uno mismo,  las relaciones sociales, e incluso ese sentimiento de triunfo vital representado tanto en una campaña publicitaria que convierte a este personaje en imagen de las marquesinas de la ciudad como en ser tentada por un importante fotógrafo de moda. Por su parte, Pilar es la cara opuesta de la moneda como representación de esa vejez que lleva consigo la decrepitud física e intelectual, la dependencia, la soledad, en una palabra, el ocaso. Un contraste que la película deja de manifiesto de manera brillante tanto mediante el uso de inteligentes juegos de espejos que enfrentan a un personaje frente al otro como en la comparativa en pantalla de dos cuerpos desnudos que son el mejor exponente visual de la idea que se trata de representar.

Y si la película consigue todos y cada uno de los objetivos planteados de inicio es en buena parte gracias al excelente trabajo de sus dos actrices principales, siendo estas prácticamente las únicas intérpretes con algo de peso de la película. Almudena Amor, quien volvería a trabajar a las ordenes de Paco Plaza en Hermana muerte y que aquí da vida a una modelo a quien el triunfo tanto en el ámbito social como profesional parecen sonreír y cuyo destino cambia de un momento a otro tras una fatídica llamada telefónica, logra conferir a su personaje todo ese aura de independencia propio de quien hace tiempo lleva las riendas de su vida a la par que transmite una enorme fragilidad desde el mismo momento en que regresa al hogar donde pasó su infancia y primera juventud, llevando a una involución de su personaje a medida que el terror va copando el protagonismo. Igual de reseñable es la interpretación de la veterana actriz brasileña Vera Valdez,  quien a sus ochenta y seis años otorga a su personaje una enorme fuerza y potencia cimentada en las miradas y la actitud postural, logrando contraponer la extrema fragilidad física del personaje al que da vida con el terror que va infundiendo tanto en el personaje de Almudena Amor como en el propio espectador.

El último gran elemento que cabe destacar de La abuela es la manera en la que Paco Plaza utiliza la música en su cine, y que va más allá del score orquestal que compone la banda sonora de la película. Es algo que ya quedó patente al lograr conjugar a la perfección en las adrenalíticas secuencias de Rec 3 Génesis temas musicales tan poco apropiados de inicio para la tercera entrega de esta saga como Gavilán o paloma, Eloise, Carolina, Canción del valor o Quiero tener tu presencia entre otros, idea que refrendaría con una Verónica donde lograría que asimiláramos la discografía de Héroes del silencio a la presencia del maligno. Y esta idea vuelve a estar presente en La abuela, que se inicia con el tema de Vainica doble Elegía al jardín de mi abuela, con una dedicatoria y un suspiro para seguir conectando la niñez de la protagonista al tema La raja de tu falda de Estopa hasta concluir en una canción que soslaya a la perfección uno de los temas principales de la película, ese bolero que viene a decir Reloj no marques las horas. Y es que aunque parezca baladí, es obvio que el director da mucha importancia a la inclusión de este tipo de temas musicales en sus películas, logrando de esta forma incluir uno de sus temas favoritos dentro del terror, la irrupción de lo sobrenatural dentro de una normalidad apuntalada por la aparición de las canciones apuntadas.

Para concluir decir que La abuela funciona precisamente como un reloj a la hora de componer una pieza de terror muy bien armada y con ciertos ribetes de clasicismo en su ADN, sin apenas recurrir al efectismo como recurso en el que apoyar la propuesta, y que deja patente el talento de su director, Paco Plaza, dentro de un género que hace tiempo que domina a la perfección y que lo encumbra como uno de los grandes directores actuales, sino el más destacable, dentro del cine español dentro del terror. Y es que esta abuela acaba dando mucho miedo gracias a esa mezcla de elementos por todos reconocibles con un cierto aura sobrenatural sobrevolando lo auténticamente terrorífico. El darnos cuenta del paso del tiempo como inexorable espada de Damocles que se cierne sobre cada uno de nosotros.

martes, 26 de marzo de 2024

FUNDIDO A NEGRO (FADE TO BLACK, 1980) 100´

 

Eric es un joven obsesionado con el cine que dedica todo su tiempo libre a visionar películas clásicas. Esta afición desmedida le convierte en un rara avis objeto de burla por parte de todas las personas que le rodean, lo que le lleva a un estado de perturbación tal que le conducirá a cometer los más atroces crímenes caracterizado como sus personajes cinematográficos favoritos.

Una simpática rareza nacida a rebufo del éxito de La noche de Halloween, siendo de hecho Irwin Yablas, uno de sus productores ejecutivos, partícipe asimismo a la hora de financiar el título de culto dirigido por John Carpenter en 1978. Dirige en esta ocasión Vernon Zimmerman, quien también es el responsable del guion de la película, siendo este un cineasta responsable de una exigua carrera de apenas siete títulos con películas tan curiosas como Las violentas del Rollerbay, que pese a lo que pueda parecer se estreno tres años antes de la película de Norman Jerwison Rollerbay, Mad bull, sobre un luchador profesional desencantado que inicia una bella historia de amor, estrenada también antes del Toro Salvaje de Scorsese o la juvenil Una disparatada bruja en la universidad que mezclaba el fantástico con la comedia juvenil ochentera. Todos estos títulos dejaban de manifiesto la mediocridad de un cineasta que en este caso no destaca tampoco por su pericia técnica o narrativa, resultando en este sentido Fundido a negro una película irregular, siendo otras las cualidades que hacen merezca la pena acercarse a este slasher con ecos de thriller y breves insertos de comedia.

Así, lo que más habría que destacar de Fundido a negro es como se convierte en un constante homenaje al cine, plagando la película de metraje de películas de cine clásico, posters, frases y guiños por doquier, siendo sin ninguna duda el homenaje a la famosa escena de la ducha de psicosis el momento más destacado en este sentido de toda la película, rematado además por un final en forma de divertido gag. Destacar en este sentido como esa idea de intercalar escenas reales de películas de cine clásico como forma de mostrar los pensamientos del protagonista sería replicada en la sitcom Sigue soñando, con lo que es posible que John Landis, creador de esta serie para televisión, hubiera podido ser influenciado por el título que nos ocupa. Así, su director y guionista construye toda la película como una oda de amor al cine, haciendo de su asesino un cinéfilo obsesivo que acaba por vivir dentro de su propia película, lo que le lleva a confundir la realidad con la ficción. Esta idea provoca además en el espectador que en el fondo acabemos viendo a este asesino con cierta lástima, ya que frente a otros títulos similares donde el villano encarna al mal sin ningún atisbo de duda, en este caso la humanización del personaje de Eric Binford y el hecho de que en el fondo sea un pobre desgraciado víctima de su propia locura le convierte a su vez en un mártir, siendo su final en cierta forma similar al del mítico King Kong, esta vez en lo alto del teatro chino en lugar de en el Empire State y también salvando a su enamorada antes de caer abatido por las balas de la policía. Zimmerman otorga además a su protagonista un particular modus operandi enormemente ligado a la paranoia del propio personaje, y que no es otro que el de caracterizarse a la hora de  acabar con sus víctimas de conocidos personajes de cine, especialmente del cine de terror, como el Drácula de Lugosi o la momia de Karloff, siendo igualmente característica y llamativa una risita con ecos histéricos que denota la enfermedad mental de este psicópata.

La película presenta además, aunque muy de soslayo, una idea dentro de un argumento algo caótico que sería muy recurrente tanto en el cine como en la propia sociedad, y es la influencia negativa que genera la ficción audiovisual o literaria, emanando esa idea que habla de cómo la violencia en cine, videojuegos o comics repercute a su vez en una violencia real, siendo este recurrente  argumento presente desde que en los años cincuenta se hablara de la influencia perniciosa de los comics en sus jóvenes lectores a raíz del libro del psiquiatra Fredric Wertham que relacionaba estas ficciones con actitudes negativas a nivel social y de comportamiento. Dado que el guion de la película es muy deslavazado y genérico no se adentra demasiado en esta idea, pero sí que la representa mediante la figura del personaje de Dr Jerry Moriarty, el único que entiende que Eric es más víctima que verdugo y que por lo tanto trata de salvarle de su propio destino.

El elenco de intérpretes presente en la película trata de dotar de entidad a unos personajes mayoritariamente planos y dibujados a base de trazos muy genéricos y básicos, siendo el joven protagonista quien más complejidad dramática posee en base a su comportamiento entre la locura, la dulzura y la psicopatía, encarnado este por un Dennis Christopher a quien veríamos posteriormente en Carros de fuego, la televisiva It, la Doppelganger protagonizada por Drew Barrymore o más recientemente apareciendo en Django desencadenado. Destacar la presencia de Linda Kerrigde únicamente por su llamativo parecido con la auténtica Marilyn Monroe. Y en uno de sus primeras apariciones en pantalla tenemos a Mickey Rourke, convertido en una de las víctimas del protagonista de la función.   

Así esta idea de homenaje constante al cine en el que se convierte Fundido a negro provoca que mientras que para el espectador medio la película puede acabar por resultar tediosa y mediocre dentro del subgénero slasher ochentero en el que se enmarca, acaba por erigirse como una simpática carta de amor al séptimo arte para aquel espectador más cinéfilo, quien si perdonará todas las lagunas y errores de la cinta para centrarse en la colección de homenajes y guiños presentes a lo largo de sus cien minutos de metraje.

jueves, 14 de marzo de 2024

HÁBLAME (TALK TO ME, 2022) 95´

 

Un grupo de amigos participa en un ritual espiritista consistente en ser poseídos temporalmente por entes fallecidos siendo la mano embalsamada de un médium el vehículo que sirva de enlace entre este mundo y el del más allá. Todo parece ir bien hasta que se saltan una de las normas, no permanecer más de noventa segundos bajo el influjo de la posesión.

El cine australiano ha sido fuente de potentes historias dentro del cine de terror como así lo atestiguan esa maravilla dentro del gore orquestada por Peter Jackson que es Braindead, Wolf Creek, un slasher basado en hechos reales que generaría varias secuelas, la más sugerente pero no por ello menos inquietante Picnic en Hanging Rock del posteriormente aclamado Peter Weir o ese cuento protagonizado por monstruos que se ocultan en el armario que es Babadook. A estos títulos se une Háblame, un potente thriller sobrenatural escrito y dirigido por los hermanos Danny y Michael Philippou, una pareja de youtubers que tras foguearse con varios cortometrajes a sus espaldas se lanzarían a la dirección con uno de los títulos más destacados de su año dentro del género al que representa.

Lo primero que llama la atención de Háblame es que para nada presenta maneras de opera prima. Y es que sus responsables demuestran tener un total conocimiento de que es lo que quieren a cada momento, iniciando de hecho la película con un plano secuencia con el que enganchan al espectador por la solapa para así obligarle a no despegar la vista de la pantalla durante la siguiente hora y media. El trabajo de cámara es fluido, lo mismo que el resto de aspectos más puramente técnicos como pueden ser la iluminación o el montaje, todo ello con un atinado ritmo narrativo que se sustenta en una tensión mantenida que logra sacudir al espectador en secuencias más impactantes a nivel visual ligadas en su mayoría al joven poseído pero que dejan sin embargo que la impronta que consigue este título se base principalmente en un estupendo manejo del suspense. 

Pero además Háblame resulta una propuesta fresca e inteligente por la manera en que utiliza arquetipos manidos dentro del cine de terror como son la comunicación con el más allá y los espíritus que lo pueblan así como sucede con el tema de las posesiones, resultando un título tremendamente vanguardista gracias a una historia que sabe desarrollar su propio camino. Lo más icónico a este respecto es como se ha sustituido la habitual ouija vista en títulos como El exorcista, Witchboard, Paranormal activity, Ouija o la más patria Verónica por esa mano de escayola como medio para poder comunicarse con los entes que pueblan el otro lado, y como el hecho de ser poseído temporalmente se constituye por parte de los jóvenes protagonistas como un divertimento a través del cual pasar unos momentos de risas y cachondeo entre amigos. Es cuándo dicho juego trata de ser utilizado para propósitos más personales y serios, en este caso con la protagonista tratando de comunicarse con su madre fallecida, cuándo la historia se tuerce para los participantes del mismo, iniciándose solo a partir de ese momento un angustioso periplo dentro de unos cánones del terror que llevan a tratar de salvar la vida y el alma de la persona poseída en una carrera a contrarreloj. Y si como apuntábamos el guion maneja elementos propios de los subgéneros de las posesiones y los fantasmas, es lo suficientemente inteligente como para no resultar manido o reiterativo a ideas ya expuestas en títulos anteriores, formando parte en este caso de esa colección de películas de estreno reciente que parece tratan de abrir nuevos caminos en un género que siempre parece agotado pero que siempre logra resucitar, siendo en este sentido un estupendo programa cinematográfico a disfrutar junto a .títulos como Déjame salir, Midsommar, La bruja, Smile o It follows.

Lo mismo que con las ideas expuestas y desarrolladas en la película sucede con una protagonista que repite constantes dentro de los arquetipos del cine de terror más reciente, con ese pasado marcado por la tragedia y que de alguna manera sirve como justificación de todos los macabros acontecimientos que se narraran en Háblame, así como una relación difícil con su padre, todo ello como fuente y origen de la trama que desarrolla la película y que llevará a este personaje principal al mayor de los sacrificios en pos de un bien común. Asimismo cabe rescatar la idea de unos jóvenes protagonistas frescos y cercanos, cuyos comportamientos resultan creíbles dejándose atrás otro tipo de reacciones más inverosímiles cercanas a lo habitualmente visto en el slasher. Buenas actuaciones de unos desconocidos y bastante neófitos  intérpretes que ayudan a dar credibilidad a una película donde el nombre más conocido a nivel actoral es el de una Miranda Otto vista en La delgada línea roja, El señor de los anillos o La guerra de los mundos, siendo su relación con el género abordada en títulos como Lo que la verdad esconde, Yo, Frankestein, Annabelle creation o la televisiva Las escalofriantes aventuras de Sabrina.

De esta forma Háblame se constituye como un más que interesante ejercicio de cine de terror dentro de esa ola de nuevos realizadores que están ofreciendo en los últimos años interesantes cartas de presentación dentro del género abordando este desde diferentes puntos de vista aunque con una especial predisposición por el terror psicológico, pero no por ello rehuyendo de escenas inquietantes e impactantes a un nivel más visual. El título que nos ocupa es un perfecto ejemplo de esta idea, logrando fluctuar entre ambos estilos sin perder en ningún momento ni su esencia propia ni ese alma que le acerca a ese tipo de cine protagonizado por fantasmas y espíritus del más allá. O lo que es lo mismo, una película a la que es conveniente “dejarla entrar”.         

jueves, 29 de febrero de 2024

VESTIDA PARA MATAR (DRESSED TO KILL, 1980) 105´

 


Kate Miller sufre una insatisfacción en su vida conyugal y en sus relaciones sexuales con su marido que la llevan no solo a acudir a la consulta de un psiquiatra para abordar este vacío en su vida diaria, llegando incluso a mantener un fortuito y casual encuentro sexual con un absoluto desconocido.

Es constante ese mantra entre aficionados del cine y la crítica especializada que viene a definir a Brian De Palma, director de la película y autor asimismo del guion, como un imitador del cine de Hitchcock, lo que vendría a ser una pueril banalización de uno de los grandes estetas de la historia del cine, así como poseedor de un lenguaje cinematográfico y una impronta visual tremendamente personal y arriesgada, un sello o marca en su cine que le hace plenamente identificable como autor. Lo cual no viene a desmentir la influencia que Hitchcock y sus películas han marcado en la filmografía de un De Palma que de hecho en Vestida para matar orquestaba su particular revisión de ese clásico imperecedero que es Psicosis.

Y es que no hace falta ser muy ducho para descubrir las similitudes entre ambas películas, partiendo por ejemplo de ese inicio y final de Vestida para matar y que De Palma ubica en un escenario tan reconocible para el fan de Psicosis como es una ducha, aunque en esta ocasión no se produzca ningún asesinato en el interior de la misma, posiblemente consciente el director de la imposibilidad de mejorar lo filmado por Hitchcock dos décadas atrás. Pero sí que el director convierte al espectador en la citada primera escena en émulo del Norman Bates de la película estrenada en 1960, haciendo de este un voyeur de ese tórrido momento que muestra la masturbación del personaje al que da vida Angie Dickinson, sirviendo además esta secuencia como carta de presentación de un personaje con un calado trasfondo sexual. Y sin embargo sí que De Palma se marca su particular secuencia de asesinato emulando la más famosa escena de la película de Hitchcock, pero ubicándola en esta ocasión en otro espacio cerrado como es un ascensor, jugando igualmente el director con la multiposición de planos y ofreciéndonos además la partitura musical compuesta por Pino Donaggio, colaborador habitual del director, ciertos ecos de la famosa melodía creada por Bernard Herrmann para Psicosis. Aunque cabe decir que este momento es más explícito que el orquestado por Hitchcock en su momento, y es que en este caso el color saturado de la sangre y la abierta exposición en pantalla de las heridas propinadas a la víctima, y que en la película de 1960 no llegaban a mostrarse tan abiertamente aunque el espectador si creyera verlas. Todo ello dota de mayor profusión en el uso de la violencia explícita a este momento icónico. Pero que Vestida para matar es la traslación que hace De Palma de Psicosis a su particular universo cinematográfico plagado de fetichismo, sexo y violencia se sustenta igualmente en la presencia de un asesino travestido marcado por un trauma, en este caso versado también sobre su propia sexualidad, tal como sucedía con el Norman Bates interpretado por Anthony Perkins aunque en esta ocasión sin esa dependencia materno filial. Y lo mismo sucede con esa idea revolucionaria en su momento y que descolocaría notablemente al espectador de la época de acabar con la protagonista de la película a la media hora de metraje, haciendo lo propio De Palma con el personaje de Kate.

Sería Angie Dickinson la encargada de replicar el rol de Janet Leigh. Dickinson era por aquel entonces una veterana intérprete conocida por aparecer en títulos tan notables como Rio Bravo, La cuadrilla de los once, Código del hampa o La jauría humana. Así, con casi cincuenta años la intérprete se ofrecería no solo a intervenir en un papel con un enorme componente sexual, sino que igualmente tendría a bien participar en ese juego ideado por De Palma para con el espectador por el cual, tras ser protagonista absoluta del primer tercio de película, desaparecer para dejar paso a una nueva protagonista femenina, marcándose el director en este caso un doble juego con el descubrimiento poco antes de morir el personaje de Dickinson de ese secreto que hace de quien ha sido su amante ocasional, y que parece ser tendrá un peso en la historia que al final se revela como fatuo. Sería Nancy Allen, por aquel entonces pareja sentimental del director, quien se convertiría en la nueva final girl de la película. Allen participaría en buena parte de la filmografía de De Palma, apareciendo además de en Vestida para matar en títulos como Carrie, Una familia de locos o Impacto, siendo igualmente recordada por dar vida a la agente Anne Lewis en Robocop y secuelas. La intérprete logra crear un personaje que se mueve entre la gallardía y entereza de una prostituta acostumbrada a lidiar con personajes de la peor calaña y la fragilidad de una mujer asustada al ser acosada por un asesino en serie en ciernes. Michael Caine por su parte hace gala de toda su flema británica a la hora de dar vida al psiquiatra que trata al personaje de Dickinson para acabar igualmente desdoblándose en ese juego con el espectador planteado por el guion de De Palma, aunque no llegue a perder la compostura en su totalidad, tal y como sucedía con el personaje de Norman Bates. Citar también a un joven Keith Gordon, visto en la cinta de terror Christine dirigida por John Carpenter  así como en las comedias Regreso a la escuela o Loca academia de combate. Por su parte nos encontramos con un Dennis Franz que sería un rostro muy reconocible de la pequeña pantalla gracias a series como Canción triste de Hill Street o Policías de Nueva York, siendo de hecho el rol que interpreta en Vestida para matar similar al visto en ambas ficciones televisivas, siendo igualmente uno de los actores fetiches de Brian de Palma y participando como secundario en películas como La furia, Impacto, nuevamente junto a Nancy Allen, o Doble cuerpo.

La película posee toda la impronta visual del cine de De Palma, un director que en no pocas ocasiones es capaz de sacrificar la propia narrativa de la película para incidir en su aspecto más estético. Pero merece la pena ver la manera en la que el director utiliza los reflejos de muchas de las superficies mostradas en pantalla para proyectar las escenas, llegando incluso a jugar con lo onírico como sucede en la secuencia del sanatorio mental, así como superpone primerísimos planos de un rostro para mostrar en un segundo plano un momento igualmente relevante, siendo igualmente recurrente esos momentos en los que divide la pantalla en dos para mostrar paralelamente dos momentos diferentes en una misma secuencia. En este caso llama la atención como llega a estirar algunas secuencias hasta casi exasperar al espectador, tal y como vemos en la larga escena que ilustra el juego de seducción entre el personaje de Kate y su amante furtivo en la galería de arte, momento perfectamente encuadrado por la partitura musical de Pino Donaggio, todo un especialista en el cine de terror tras dotar de musicalidad a títulos como Carrie, Piraña, Trampa para turistas, Aullidos, Los ojos del diablo o Trauma. Otro momento que juega con esta idea es la secuencia de cierre en la que el personaje al que da vida Nancy Allen se percata en la ducha, nuevamente una ducha como epicentro de la acción, de la presencia del asesino, momento que es estirado por un De Palma que busca llegar a incomodar con ello al espectador, transmitiéndole de esta forma el mismo desasosiego sufrido por el personaje que vemos en pantalla.    

Y si bien Hitchcock es el gran nombre que se viene a la cabeza mientras se visualiza Vestida para matar no hay que dejar de lado la impronta que el giallo dejaría patente en parte de la filmografía de De Palma, siendo el título que nos ocupa un perfecto exponente de esta idea. Un componente sexual muy presente y que además sirve de acicate y castigo para aquella mujer desinhiba y casquivana mostrada en pantalla, una idea recurrente en el giallo italiano y que influiría notablemente en ese slasher posterior que surgiría en los setenta y eclosionaría en los ochenta. El uso exacerbado de la sangre así como la profusión de las heridas de arma blanca son otro referente dentro de este subgénero italiano, y que en este caso tiene en las navajas de afeitar su particular modus operandi a la hora de acabar con la vida de las diferentes víctimas, aunque estas sean mucho menos numerosas que lo visto en el exploit italiano. Por último citar la presencia de un asesino misterioso, otro de los fijos dentro del giallo, aunque en esta ocasión, y partiendo del conocimiento de la obra de Hitchcock en la que se ampara la película, no sea difícil desenmascarar a este psicópata.

Así, Vestida para matar es uno de los principales ejercicios Hitchcokianos en la filmografía de un De Palma que, dentro de la promoción de cineastas surgidos en la década de los setenta con nombres tan importantes y relevantes como los de Francis Ford Coppola, Michael Cimino, Martin Scorsese, George Lucas o Steven Spielberg, sería quien más importancia brindara a la estética de su cine. Y es por ello que se sustenta más en el suspense que en el terror, lo que no es óbice para que la película sirva de estupendo ejercicio dentro del subgénero slasher más academicista y menos cercano a los postulados más afines a la explotación que tendría lugar en la década de los ochenta y que tendría su pistoletazo de salida en un título estrenado ese mismo año, Viernes 13. Y esa es una idea que hay que dejar muy clara para finalizar, Vestida para matar difiere, y mucho, del slasher dentro del concepto que ha llegado hasta nuestros días de este subgénero. Más allá de la influencia ejercida por el cine de Hitchcock sobre el resultado final de la película, su principal valedora es la capacidad visual de un De Palma con atributos propios como cineasta más allá de etiquetas fáciles que le sitúen como mero imitador del cine del director de títulos como Vértigo o Los pájaros. Y es que quedarse con esa idea sería demasiado simplista. Den una oportunidad a Vestida para matar y verán cómo es así.      

lunes, 26 de febrero de 2024

SAW X (SAW X, 2023) 118´

 

Tras serle detectado un cáncer terminal, John Kramer viaja a México con la esperanza de que un tratamiento experimental haga remitir su enfermedad, siendo sin embargo estafado por quienes supuestamente debieran sanarle. Así que lo que decide es preparar una nueva venganza, esta vez con un componente muy personal.

Tras la decepción en taquilla de ese intento de hacer progresar la franquicia por otros derroteros que fue Spiral, siendo este el título que menos recaudación obtendría de todas las películas estrenadas hasta el momento dentro de la franquicia, se decidió volver a los postulados iniciales llevándose a cabo esta secuela, la cual se situaría cronológicamente entre Saw y Saw 2. Volvería a contarse nuevamente con la dupla de guionistas Josh Stolberg y Pete Goldfinger, responsables de las dos últimas películas de la saga, así como con la dirección de un Kevin Greutert que volvía a la franquicia tras dirigir las entregas seis y siete de Saw. El resultado es una interesante vuelta a los inicios que además ahonda notablemente en los orígenes del personaje de John Kramer, quien en esta ocasión se convierte en el auténtico protagonista de la película.

Lo primero que llama la atención de este décima entrega es que frente a toda una colección de títulos que no se andaban con rodeos en cuanto al desarrollo de la historia se refiere yendo directos al grano, en este caso sí que se dedica buena parte de metraje, más de tres cuartos de hora, a narrar el viaje del protagonista a México en busca de ese milagro que le haga huir de las garras de la muerte, lo que lleva a que, además de hacer de esta secuela la más larga de todas las estrenadas hasta el momento, que sea la que más se para a la hora de justificar el motivo del posterior juego al que Kramer obligará a participar a sus víctimas. Pero no se preocupen si son de aquellos para los que su principal motivo a la hora de acercarse a una película de la saga es la colección de secuencias brutales y explícitas presentes en cada nuevo título de la misma, ya que una vez llegamos a ese momento la película no decepciona, siendo de hecho la más efectiva junto a la primera entrega a la hora de conseguir trasladar al espectador toda la desesperación vivida por los diferentes participantes de los juegos ideados por Kramer. En este caso remarcar que estas secuencias van de más a menos, y es que el primero de los juegos, si descartamos esa ensoñación vivida por el protagonista que además ilustra el poster promocional de la película y cuya única finalidad es ofrecer al espectador más goremaniaco un momento de hemoglobina previo a todo ese metraje en el que la película baja de revoluciones desarrollando la historia de Kramer desde que le es diagnosticado su tumor cerebral hasta que inicia su particular venganza sobre quienes se han aprovechado de su desesperación como enfermo, es el más impactante de todos los presentados a lo largo de la película, tanto por la situación a la que es sometida la primera de las víctimas, obligada a amputarse una pierna, como por el nivel de gore de la secuencia. A partir de ese momento inicial las diferentes pruebas irán perdiendo empaque y fuerza visual con respecto a ese juego inicial, aunque huelga decirlo, todo el empaque que se puede perder en una saga tan eficiente en este sentido como Saw, todo ello hasta llegar a esa máxima villana cuyo final se antoja hasta demasiado permisivo visto lo visto hasta ese momento.

El regreso de John Kramer como personaje principal de la película permite a Tobin Bell, tras dos décadas dedicadas a este personaje, el protagonizar como tal su primera película de la saga, y aunque  el paso del tiempo juega una mala pasada en lo que respecta a la continuidad de un Kramer que pasaría de ser interpretado con sesenta y dos años en la primera entrega a hacerlo con ochenta y uno en la que supuestamente es su secuela directa, el siempre eficiente trabajo de Bell hace no solo que merezca la pena esa decisión, sino que se antoja como un gesto de justicia para con el mejor exponente de la saga. Vuelve asimismo a recuperarse al personaje de Amanda, nuevamente interpretado por Shawnee Smith,  ahondándose en su relación con un Kramer convertido en mucho más que en mentor de esta, siendo de hecho una figura de tipo parental. Les acompañan, más bien sufren su ira vengadora, un grupo de personajes intrascendentes cuya única finalidad es resultar eficientes a la hora de verles sufrir toda vez les toque participar en los juegos ideados por Jigsaw, siendo el único componente de interés en este caso la presencia de una auténtica villana que esta si merece todo lo que el bueno de Jigsaw haya ideado contra ella, y que es interpretada por la actriz noruega Synnove Macody Lund. Esta contraposición de personajes convierte curiosamente a John Kramer en el bueno de la película cuando sus actos no son precisamente edificantes, una idea que si bien ya planeaba durante todas las películas de la saga, y que se justificaba en ese carácter aleccionador y justiciero de las pruebas ideadas por Jigsaw así por quienes acababan convertidas en sus víctimas, es llevada en este caso al paroxismo.

Saw X trata de esta manera de reflotar una franquicia que iba dando tumbos desde hacía bastante tiempo, logrando ofrecer un título con ecos de la primera Saw tanto en un guion que no se limita únicamente a idear macabros momentos que plasmar en pantalla incidiendo en una historia que contar y desarrollar, así como por volver a los orígenes en cuánto al diseño de las trampas y juegos ideados por un protagonista que es responsable en buena parte del éxito de la franquicia. Un éxito que se repetiría superando nuevamente esta entrega los cien millones de recaudación y posibilitando el mantener viva una franquicia que ya prepara una nueva entrega. O lo que es lo mismo, que el juego continúe. 

domingo, 25 de febrero de 2024

SPIRAL: SAW (SPIRAL: SAW, 2021) 93´

 

Un detective de homicidios a la sombra de su padre, antiguo jefe de la policía de la ciudad, y señalado por sus compañeros tras delatar a un agente corrupto, será puesto al frente de la investigación de una serie de asesinatos rituales que homenajean el modus operandi utilizado por John Kramer en su día, sembrándose la ciudad de cadáveres de policías con la sospecha de la corrupción sobre ellos.

Tras ocho películas repitiendo sistemáticamente la misma idea y estructura argumental la saga trataba de abrir nuevos horizontes con un título que rompía en cierta forma los esquemas con respecto a sus predecesoras. Así, nos encontramos con una entrega cercana a los postulados del género policiaco y que se centra en su totalidad en la investigación policial abordada por el protagonista en pos de tratar de descubrir y detener a ese imitador de Jigsaw que ha puesto su mirada vengativa y justiciera en unos agentes de policía convertidos en objetivo de sus trampas, aunque manteniéndose esa idea impuesta por John Kramer de ejercer como una especie de ecuánime justiciero, ya que las víctimas del nuevo asesino en serie son un grupo de agentes corruptos. Josh Stolberg y Pete Goldginger volvían a ejercer como guionistas de la historia tras su participación en Saw 8 mientras que Darren Lynn Bousman volvería a la silla de director tras haberse encargado de la realización de Saw 2, Saw 3 y Saw 4, dejando en esta ocasión de lado ese estilo más alocadamente visual y mareante presente en los tres títulos citados para ofrecer un trabajo más sereno y que en cierta manera recupera esa idea de Saw como un título inspirado en aquellas películas con psicópata retorcido inlucido tan habituales en la década de los noventa, con El silencio de los corderos o más especialmente Seven como piedras angulares sobre las que posar la mirada.

Frente a unas últimas secuelas que habían ido aplicando aquello del más difícil todavía en lo que respecta a la concepción de las trampas y juegos orquestados por Jigsaw, esta entrega vuelve a hacer de la sencillez de estas su principal premisa, al menos en las primeras secuencias mostradas de este tipo, no abandonando sin embargo la brutalidad de estas, resultando de hecho en ese sentido los momentos que muestran a las diferentes víctimas sometidas a los juegos perpetrados por el asesino de turno secuencias mucho más desasosegantes que las vistas en unos títulos anteriores mucho más ocupados en diseñar juegos cada vez más inverosímiles de creer que en incomodar al espectador con estos. Es nuevamente en esos momentos en los que los responsables de los efectos de maquillaje y encargados de efectos especiales brillan a gran altura, ofreciendo un trabajo donde el uso del gore controlado juega nuevamente, como ha sucedido a lo largo de toda la franquicia, un papel enormemente relevante.

La película está protagonizada por un Chris Rock que dejaba de lado su participación en la comedia, género en el que más ha destacado y donde ha conseguido sus mayores éxitos, para acercarse a un personaje dramático en un título igualmente turbio y oscuro, ofreciéndonos un eficiente protagonista que además se convierte en uno de los pocos personajes medianamente interesantes de toda la franquicia. Rock además sería el autor de la historia original sobre la que se fraguaría el guion posterior además de convertirse en uno de los productores ejecutivos de la película junto a los ya consagrados James Wan y Leigh Whannell, lo que da la medida de hasta que punto el actor y cómico se involucraría en la película.  Destacar igualmente la participación de un activo Samuel L. Jackson, más de ciento cincuenta títulos a sus espaldas avalan este hecho, o de Max Minghella, hijo del reputado cineasta Anthony Minghella y encargado de dar vida al nuevo compañero del protagonista en una suerte de ejercicio de buddy movie orquestado por la película. Este título sería el primero que no contaría con Tobin Bell, y es que si bien el personaje de John Kramer sigue presente en tanto en esta ocasión es un imitador de este quien está llenando la ciudad de cadáveres troceados, no hay ningún flashback que nos devuelva su serena e inquietante interpretación.

Cabe decir que, en su afán por tratar de ser una película más racional y menos alocada que los títulos que la antecedían, esta secuela acaba siendo la primera en la que es bastante fácil adivinar antes de tiempo el giro final orquestado por los guionistas, debiendo además destacar como la película va de más a menos en lo que al plan maestro del asesino se refiere, siendo este mucho más efectivo cuánto más simples son las trampas presentadas frente a un acto final donde estas ya son mucho más elaboradas, perdiendo además buena parte de su potencia la trama toda vez se descubre quien es el imitador y este nos narra en primera persona todas sus motivaciones, flashbacks mediante, recurso casi obligado en la saga Saw, para abordar tan elaborada venganza, así como va desgranando la manera en la que ha llevado esta a cabo. En este sentido hay que rescatar la nueva figura utilizada por este villano para dar a conocer a sus víctimas sus juegos, con esa marioneta de un cerdo sustituyendo al icónico alter ego de John Kramer, ese muñeco ventrílocuo que en ocasiones aparecía en escena montado en triciclo.

En este sentido, si bien Spiral no es ese gran reboot de la saga que pretendía ser sí que es una interesante y valiente continuación que al menos trata de romper en parte con las ocho películas anteriores, creando su particular camino dentro de una franquicia que estaba tremendamente limitada en base a que prácticamente se juega casi todas sus bazas en las trampas mostradas en cada una de las nuevas secuelas. Y si bien no contaría esta vez con el beneplácito del público que si tendría el resto de secuelas, el recaudar el doble de su presupuesto haría llegar a la conclusión de sus máximos responsables de que todavía quedaba Saw por explotar.