martes, 26 de septiembre de 2023

RESIDENT EVIL: BIENVENIDOS A RACCOON CITY (RESIDENT EVIL: WELLCOME TO RACCOON CITY, 2021) 112´

 

Claire Rendfield regresa a Raccoon city en el momento mismo en que sobre la ciudad se cierne una cuenta atrás a cuyo final el lugar será arrasado. Y todo ello mientras la población de esta localidad, convertida durante años en epicentro de operaciones de la multinacional farmacéutica Umbrella, experimenta una serie de terribles mutaciones.

Tras la serie de películas protagonizadas por Milla Jojovich y capitaneadas por su marido Paul W.S. Anderson, quien en esta ocasión ejerce como productor ejecutivo de la cinta, y que si bien se inspiraban conceptualmente en la franquicia de videojuegos sobre zombies del mismo título se desligaban en parte de la esencia de los mismos para adentrarse en un cine más cercano a la acción más espectacular con cierto predominio por lo visual, y después asimismo de alguna película de animación sobre esta saga, siendo estas más fieles en personajes y ambientación a la misma, llega el turno para este reinicio de la franquicia cinematográfica cuyo objetivo final es el de ser mucho más leal con esa colección de videojuegos cuyo primer título viera la luz hace cerca de treinta años y que lleva tras de sí medio centenar de juegos para todo tipo de consolas y plataformas.

Y para tratar de adentrarse dentro de esa buscada fidelidad lo primero que hace la película es ubicarse en una Raccon city convertida en epicentro de la historia y punto de partida de un virus que hace se fusionen en la película ideas ya vistas en películas clásicas dentro del género de terror como la evidente La noche de los muertos vivientes y secuelas, pero también la menos conocida, y también obra de George A. Romero, The crazies, en tanto si bien las criaturas a evitar tienen ínfulas de esos zombies lanzados a la pantalla por vez primera en la película de 1968 dirigida por el director oriundo de Nueva York, su origen está más ligado a esas armas biológicas que, como en el caso del título estrenado en 1973 y remakeado en 2010, generan que la población de un pequeño pueblo, en este caso el Raccoon city que da título a la película, se vuelva más violenta e incontrolable. Y si hay otro tercer título a recuperar y que nos viene a la cabeza tras ver este reinicio de Resident evil ese es Asalto a la comisaría del distrito 13, dirigida por otro grande en esto del cine de terror, John Carpenter, y que a su vez copiaba los postulados presentados por Howard Hawks en Río bravo, esto es, ubicar a un grupo de protagonistas aislados en medio de un recinto cerrado y a merced de una turba de enemigos de los que defenderse. Forajidos en el caso de las cintas de Hawks y Carpenter, émulos de zombies en el título presente.

La película, como ya apuntábamos con anterioridad, trata de ser fiel en esencia, historia y personajes a la propia saga de videojuegos en la que se inspira, y este afán por resultar cercana para los fans de los mismos acaba regalándonos una de cal y otra de arena. Lo mejor se encuentra en la ambientación en la cual se mueve la película, ubicando la historia en una única y lluviosa noche que permite regalarnos una iluminación notable construida a base de elementos artificiales como son las farolas, linternas o los propios sistemas de visión de las armas portadas por los protagonistas. Otro de los elementos a destacar en este sentido es la presencia de varios escenarios que nos trasladan indefectiblemente a los propios videojuegos, y que son muy bien utilizados a la hora de dotar de suspense las escenas filmadas en estos lugares, a la sazón las más notables de la cinta, sirviendo además para presentar una notable escenografía, caso de la comisaria de Raccoon city o la mansión Spencer, donde podemos vivir prácticamente por momentos las mismas sensaciones que jugando a los videojuegos en ese formato de primera persona tan afín a estos. También es de agradecer la presencia de varios de los personajes de referencia dentro de la franquicia de los juegos, caso de Leon S. Kennedy, Jill Valentine, Albert Wesker, Lisa Trevor o los hermanos Claire y Chris Rendfield, así como varias de las criaturas más icónicas vistas a lo largo de los diferentes títulos creados para las consolas, incluyendo una escena post créditos con ínfulas de continuación de la historia. El problema en este caso es que tratar de presentar y desarrollar al menos mínimamente a tanto personaje en apenas hora cuarenta minutos es tarea harto complicada, y así queda de manifiesto cuándo a ninguno de los protagonistas ni secundarios de la historia se le saca partido más allá de su presencia como mero guiño al fan de la saga. Lo mismo sucede con una historia simplona y que se limita a servir como medio para ubicar escenarios y personajes reconocibles para el espectador, sirviendo al menos para servirnos un entretenimiento sin tiempos muertos.

La película está dirigida por todo un experto en el cine de terror de serie B, un Johannes Roberts que se manifiesta de esta manera como un realizador solvente para llevar a buen puerto la película, especialmente en lo que al terreno visual se refiere, ello a pesar de contar con un CGI en no pocos momentos demasiado acartonado y artificial. Roberts logra de esta manera unir y dar sentido, es también responsable del guion de la película, este totum revolotum de nombres y escenarios cuyo principal objetivo es devolver al fandom de Resident evil el espíritu de esta franquicia en formato cinematográfico, y ello a pesar de incorporar decisiones algo cuestionables, como la presencia de insertos cómicos entre susto y susto y propiciados en su mayoría por el personaje de un Leon S.Kennedy en la mejor tradición de ese cine de acción desenfadado donde a cada situación de máximo peligro le sigue una frase mordaz o irónica. En este caso, y dado el universo en el que se desarrolla la trama, esos apuntes de alivio cómico acaban por chirríar, al menos en parte.

En lo referente a los intérpretes escogidos para interpretar a los diferentes personajes a los que acompañaremos a lo largo de esta última noche de la ciudad de Raccoon city señalar que en la mayoría de los casos, y desde la simplicidad de estos ya apuntada con anterioridad, cumplen con el rol a defender. Kaya Scodelario, tras participar en la saga El corredor del laberinto y coquetear con el género en Extremadamente cruel, malvado y perverso y sobre todo en Infierno bajo el agua, presenta a uno de esos personajes femeninos tremendamente resolutivos y potentes, en esencia quien nos guía a través de la historia. Tras participar en esa sorpresa que fue La babysitter, Robbie Amell encarna al hermano del personaje de Scodelario, aunque sin los minutos en pantalla de los que dispone su hermana en la ficción, lo que le resta empaque. Otro personaje al que no se le extrae todo el potencial que de inicio presenta es el de Jill Valentine, encarnado por una Hannah John- Kamen vista en Star wars, el despertar de la fuerza o Ready player one. Y si de personajes desaprovechados hablamos no podemos olvidar al anteriormente mencionado Leon S. Kennedy, muy desdibujado en relación a su presencia en los videojuegos y al que encarna en modo piloto automático Avan Jogia, visto en la secuela de Zombieland. Destacar finalmente la presencia de los más veteranos Neal McDonough, con una amplia experiencia en títulos como Minority report, Banderas de nuestros padres, Capitán América, el primer vengador o 1922, aunque mucho más reconocible para los seguidores de las series de televisión, medio en el que ha ejercido buena parte de su carrera. Y sobre todo mencionar a uno de esos secundarios de lujo, un Donald Logue que como siempre que aparece en pantalla se roba el protagonismo, como hiciera en Blade, Zodiac, Max Payne o en la televisiva Gotham.

Una película que logra en parte su objetivo de imbuirnos en la trama como si de uno más de los videojuegos sobre Resident vil se tratara, una de las franquicias para consolas más populares de las últimas décadas, primando para ello la ambientación y la estética visual de los escenarios en los cuales se desarrolla la acción. Aunque ello sea a costa de sacrificar parte de la historia y especialmente a unos personajes mucho más trabajados y complejos en sus apariciones en formato digital. Pues eso, bienvenidos a Raccoon city.

domingo, 17 de septiembre de 2023

HELLRAISER (HELLRAISER, 2022) 121´

 

Una mujer que trabaja para el millonario y excéntrico Roland Voight se cita en mitad de Belgrado con un extraño hombre con quien lleva a cabo un intercambio en mitad de la calle, y así, mientras ella abona al hombre una importante suma de dinero, él le entrega un extraño y bello rompecabezas con forma de caja.


Tras numerosas especulaciones que abordaban la idea que existía sobre la mesa para llevar a cabo un remake de la película de 1987 Hellraiser, los que traen el infierno, y que de hecho se iniciaron antes de llegar a estrenarse otras dos secuelas de esta franquicia como son Hellraiser Revelations y Hellraiser Judgment, finalmente se estrenaría el título que de alguna manera quería acabar con toda una recua de continuaciones que salvo honrosas excepciones y especialmente a partir de la cuarta entrega estaban caracterizadas por tratarse de títulos muy irregulares y mediocres, muy por debajo de lo estrenado por Clive Barker hace ya treinta y seis años. Y si que es cierto que por fin podemos hablar de un título que al menos ha contado con un respaldo económico y artístico notable de cara a poder llevarse a cabo este proyecto con las mínimas garantías que llevaran a entregar una película destacable, pero si algo queda patente tras ver este Hellraiser 2022 es que no se trata de un remake ni de ningún reinicio, sino que es un título más dentro del universo creado en su día por el escritor, director y pintor Clive Barker. 

Así, la historia no repite lo ya narrado por Barker en su opera prima, sino que parte de una historia totalmente original y que vuelve a pivotar sobre esa Caja de Lemarchand o Configuración de los Lamentos constituida como parte icónica de la saga a pesar que en algunas películas ostente más importancia que en otras, y que nos lleva a un tercer acto en una mansión construida en cierta forma a imagen y semejanza de este artilugio, siendo este escenario plagado de trampas, puertas automáticas y pasadizos uno de los puntales de la película. Lo mismo sucede con la aparición de unos cenobitas que si bien mantienen los diseños originales vistos ya en la primera película en la que hicieran acto de presencia han sido debidamente actualizados en su concepción visual acentuando la presencia de escarificaciones o mutilaciones corporales. Más allá de lo obvio, el cambio de sexo para con el personaje de ese icónico Pinhead que en esta ocasión adquiere formas de mujer y cambia su nombre, lo más destacable dentro de estos personajes demoniacos es que acaban resultando demasiado elegantes, les falta esa decadencia, visceralidad y repulsión que les acompañara en cada nueva aparición en el Hellraiser original, a lo que hay que sumar que aumentar su presencia en pantalla acaba igualmente restándoles parte de ese potencial terrorífico que tan bien supo explotar Barker en su película. Menos es más. Esta pérdida de capacidad para manifestar terror de estos personajes no es óbice para no reconocer la gran labor de maquillaje y caracterización llevada a cabo con estos seres, donde una vez más volvemos a poder ver en pantalla el mayor presupuesto manejado en esta ocasión frente a entregas anteriores con hechuras en ocasiones de serie Z.

La película ha contado con la dirección de un David Bruckner que no es ningún recién llegado a esto del terror, ya que previamente a esta, su película más importante hasta el momento, ya había presentado títulos tan curiosos como La señal, V/H/S, dirigiendo uno de sus segmentos, o participando en varios episodios de la serie para televisión basado en los icónicos comics Creepshow y cuyo formato de mini historias de terror ya había sido trasladado al celuloide en tres ocasiones, la primera de ellas orquestada por el tándem Stephen King-George A. Romero. Bruckner ofrece un trabajo muy bien filmado y tremendamente elegante en lo visual, dejando de lado, y siendo ese uno de los elementos que más lastran la película, la sordidez propia de la historia original, y de alguna manera marca de la casa de un universo cenobita caracterizado por destilar un ambiente malsano, grotesco, casi irrespirable. Destacar entre los guionistas la presencia de David S. Goyer, todo un nombre propio si hablamos de los superhéroes en el cine, ya que ha escrito los guiones de la saga Blade, del Batman de Nolan y del Superman de Snyder. En ese sentido la película está muy bien escrita, centrando buena parte de su interés en ese rompecabezas capaz de abrir el portal que trae a nuestro mundo a los cenobitas y con ello la muerte y el dolor de quien ose convocar a los mismos. Hay que reconocer asimismo que  la película nos muestra a unos personajes que en líneas generales han sido bien desarrollados, destacando la presencia de una protagonista con hechuras, bien construida y con un fondo en su psique y su historia que la hace creíble.

Odessa A´zion es quien da vida a esta protagonista, una actriz que prácticamente todo el grueso de su carrera lo ha llevado a cabo en la televisión y que nos ofrece un personaje muy potente, al que ayuda además la característica fisonomía de la intérprete que hibrida entre momentos en los que resulta tremendamente atractiva y llamativa y otros en los que nos ofrece a ese personaje que ha tocado fondo y que entra por momentos en cierta espiral de autodestrucción. Este personaje, y frente a las evidentes diferencias de comportamiento e incluso de físico existentes, no ha evitado nos llevará en ocasiones a pensar en la Kirsty protagonista de las dos primeras entregas de Hellraiser.  Igual de desconocidos para el gran público que A´zion son el resto de actores vistos en pantalla, quienes  como en el caso de la joven protagonista se han fogueado en la pequeña pantalla, siendo el nombre más llamativo el de ese villano al que da vida Goran Visjnic, especialmente conocido por su paso por la serie Urgencias. Destacar por último dentro del apartado interpretativo como la mayoría de cenobitas están interpretados por mujeres, buscando de esta forma potenciar en estos seres cierto aire de androginia en su presencia.

Tras ver este revival de Hellraiser uno llega a la conclusión de que acaba de ver una buena película de género que además logra sacar a la franquicia Hellraiser de ese pozo de cierta desidia en el que se encontraba y que pivotaba entre títulos de pobre factura en los cuales en ocasiones apenas había pasión por ofrecer al fan un título digno dentro de una saga tan valorada por el aficionado al terror más extremo. En esta ocasión si vemos esas ganas de hacer las cosas bien, una historia bien armada y que en ningún momento a lo largo de las dos horas de metraje llega a aburrir, y con los toques de gore necesarios para deleite del personal, aunque lejos de la sordidez de otros títulos de la saga. ¿Es la película definitiva de Hellraiser? Creo sinceramente que no. ¿Es un buen inicio de cara a empezar a hacer mejor las cosas con esta franquicia? Ojalá. El universo cenobita se lo merece.    

jueves, 14 de septiembre de 2023

HELLRAISER JUDGMENT (HELLRAISER JUDGMENT, 2018) 81´



Un asesino en serie obsesionado con la Biblia y sus Mandamientos mantiene aterrada a la ciudad en base a una serie de crímenes atroces. Y sin embargo hay unos entes que necesitan de personajes como este cruel criminal para seguir alimentando su  reino de dolor y lamentos.

Décima entrega de esta longeva saga inspirada en el relato de Clive Barker El corazón condenado y que está liderada por todo un experto en la materia, ya que su director y guionista es Gary J. Tunnicliffe, quien además de encargarse de dar vida al personaje de El Auditor en el título presente es el autor también del guion de la anterior película de la franquicia, director de la segunda unidad en un par de títulos de la saga y encargado del área de efectos especiales y de maquillaje en todas y cada una de las secuelas estrenadas de Hellraiser a partir de Hellraiser III, infierno en la tierra. Y esto nos ofrece la oportunidad de ver el trabajo de alguien que al menos ha puesto interés en que la película presente aires de ese Hellraiser primigenio dirigido por el propio Clive Barker hace ya más de tres décadas, pudiendo decir en resumidas cuentas que ha conseguido su propósito, resultando uno de los títulos que a pesar de sus carencias se antoja como uno de los más disfrutables de una franquicia tremendamente irregular, especialmente a partir de su cuarta entrega.

Lo primero que llama la atención es la pobreza de medios con los que ha contado su máximo responsable, siendo su presupuesto de poco más de trescientos mil dólares, encontrándonos nuevamente con un proyecto filmado con la única finalidad de lograr no expiraran los derechos de la franquicia por parte de Dimensión Films, en ese momento poseedora de los mismos. Y si bien esta pobreza de medios, por otro lado habitual en casi todas las películas de la franquicia, es patente en momentos como los que van ligados a la investigación criminal llevada a cabo por los detectives protagonistas, no afectan a la trama que se desarrolla en esa casa ubicada en el número 55 de la calle Ludovico y que es todo un guiño a la película de 1987 en tanto es el mismo lugar donde se desarrollaba el primer Hellraiser, sirviendo este lugar de puente entre el mundo terrenal y el de los cenobitas. Aquí además el director y principal artífice de la película tiene a su favor su trayectoria como responsable de efectos especiales y de maquillaje, lo que nos lleva a que este apartado cumpla con creces en un título que consigue devolvernos esa sordidez, amoralidad y sexualidad latente tan presente en la película dirigida por Barker, y que queda perfectamente de manifiesto en un prólogo que nos anticipa un título que al menos ha tratado de ser consecuente consigo mismo.

En su faceta como guionista, Tunnicliffe presenta dos tramas paralelas que acabarán confluyendo en el acto final, y que en origen son tremendamente potentes. De una parte la historia de ese asesino en serie con ínfulas de Mesías redentor que bebe del cine de psicópatas tan en boga en los años noventa  merced a títulos como El silencio de los corderos, Seven, la gran comparada en este caso, Resurrección, otra con elementos en común con el título que nos ocupa, El coleccionista de huesos o Copycat. Y si tal como apuntábamos antes la película acaba lastrada por su escaso presupuesto, que le impide poder llegar a filmar secuencias que habrían dado más empaque a este título, suple esta falta de medios con una visceralidad en los hechos narrados nada mojigata. Por otro lado se nos presenta esa historia de los cenobitas con aire de burócratas del dolor, destacando la implementación de nuevos y sórdidos personajes y cuyos momentos son los que más nos acercan a ese primer Hellraiser en el que el director constantemente se mira. En lo que respecta al apartado que aborda el universo cenobita, en este caso se ha dejado de lado el misticismo de la Caja de Lemarchand para centrarse en toda esa pléyade de personajes repulsivos ligados al universo de Hellraiser como son El Auditor al que hacíamos referencia anteriormente, El Asesor, Las Limpiadoras o El Carnicero, comandados por un ejército de cenobitas liderados por un Pinhead siempre solvente en pantalla. En este aspecto la ausencia nuevamente de Doug Bradley dando vida a este personaje es perfectamente suplida por un notable Paul P. Taylor que aporta a Pinhead toda ese aura de serenidad que sienta tan bien a este personaje transmitiendo las mismas malas sensaciones vividas la primera vez que vimos en pantalla al líder cenobita.

En cuanto al resto de protagonistas, nombres nada reseñables por desconocidos pero que al menos brindan unas actuaciones medianamente solventes, especialmente en el caso de un Damon Carney que es quien más difícil lo tiene al dar vida a ese agente de policía amoral y cargado de culpa por su pasado como militar. Para los fans del terror el director se guarda varios cameos que sin sacarte de la película suponen un guiño al aficionado. Así, en un visto y no visto podemos ver a una Heather Langenkamp protagonista de la icónica Pesadilla en Elm Street, mientras que el papel del repugnante personaje de El Asesor es interpretado por John Gulager, hijo del mítico actor Clu Gulager y director de la trilogía Feast o de Piranha 2 3D. Precisamente otro de los nombres que podemos ver en pantalla es el de Diane Ayala Goldner, vista en esa maravilla del terror de serie B que es Feast. Destacar la presencia de una actriz, la bella Helena Grace Donald dando vida al ángel Jophiel, otro de esos estupendos personajes presentes en la trama y que nos brindará un último homenaje a la película de 1987 con ese “Jesús lloró” tan icónico en un momento que igualmente reproduce otra de las escenas referenciales del Hellraiser de Clive Barker.

Así, en resumidas cuentas y teniendo muy presente que esta saga siempre se ha movido en ámbitos presupuestarios tremendamente reducidos, nos encontramos con una digna secuela que al menos en parte logra reproducir el ambiente malsano y de decadencia presente en la película iniciática de la franquicia, debiendo solo por ello perdonar los errores propios de un título que en ocasiones tiene cierta esencia televisiva en la manera en que ha sido filmado. A esto ayuda un escaso metraje de hora veinte minutos que permite que la película no se le escape al director de las manos, siendo tremendamente directa y concisa a la hora de narrar los acontecimientos planteados. Eso sí, a quienes no sean seguidores de los preceptos cenobitas puede que la propuesta de Tunnicliffe lo único que les genere es alguna que otra arcada, al resto puede que les suceda lo que a servidor, poder llegar a atisbar por momentos la esencia de ese relato hecho película a manos de un Clive Barker en el mejor momento de su trayectoria profesional.

domingo, 3 de septiembre de 2023

HALLOWEEN ENDS (HALLOWEEN ENDS, 2022) 111´

 

Corey acepta un trabajo ocasional como canguro para el hijo de la pareja a la que le cuida el jardín. Así, mientras este y el pequeño se encuentran jugando al escondite por la casa, el niño decide gastar una cruel broma a su joven cuidador encerrándole en el ático, sirviendo este de inicio inofensivo juego de acontecimiento que acabe por marcar trágicamente el futuro de Corey.

Fin de fiesta de una trilogía orquestada por David Gordon Green como director y co-autor de los guiones de toda la saga junto a Danny McBride, siendo lo más sorprendente ver como ambos han sabido adaptarse sin ningún tipo de problema desde esa comedia más gamberra que era el género al que nos tenían acostumbrados hasta convertirse en estupendos artífices del terror más salvaje y serio gracias a una trilogía dentro de una franquicia tan mítica como lo es la de Halloween y que en líneas generales podemos tildar de notable. Y ello a pesar de un capítulo final que acaba resultando decepcionante y que en esencia además traiciona algunas de las ideas planteadas en los dos títulos anteriores.

Y el problema principal no se encuentra en un cambio de rumbo respecto a lo visto en las dos películas que preceden a este Halloween ends y que de alguna forma rompe con lo relatado en la anterior Halloween kills especialmente en su tramo final, sino en cómo se ha abordado esta historia de cierre. Es por eso que lo primero de todo es aplaudir que Gordon y su equipo trataran de cerrar su paso por la franquicia de Halloween con algo diferente a lo visto hasta entonces, aunque como ya apuntábamos en la anterior película, esta trilogía ha tomado prestados no pocos conceptos ya apuntados en los títulos pretéritos estrenados sobre Michael Myers, siendo en este caso lo más relevante el abordar la idea de que la maldad de Myers puede de alguna manera transmitirse, heredarse, algo ya apuntado en ese final de Halloween IV, el regreso de Michael Myers donde el personaje de Jamie Lloyd retomaría el instinto asesino de quien al fin y al cabo era su tío, una teoría que rápidamente sería desechada en la quinta entrega de la serie. Pero el problema no es plantear este concepto en el guion, sino que dicha idea rompe la línea argumental con la que finaliza el título anterior, el cual recordemos se despedía presentándonos a un Michael Myers a quien es imposible matar, y que una vez tras otra acaba levantándose del suelo para continuar con su labor de aniquilación de los habitantes de Haddonfield. Michael Myers es la maldad pura. El desarrollar esta línea lo que hace además es dejar de lado al propio Michael Myers, desaparecido durante buena parte de metraje y quien de hecho hace su primer acto de presencia en pantalla pasada ya la primera hora de película, siendo este personaje el que de alguna manera vertebrara junto al rol interpretado por Jamie Lee Curtis esta trilogía en cuánto se trataba de un cara a cara final entre los personajes de Laurie Strode y el propio Myers. Todo esto queda relegado en un final de saga que deja de lado sus propias normas para intentar sorprender al espectador con una película que no es la que uno esperaría toda vez vistos el Halloween de 2018 y Halloween kills.

Respecto a los personajes centrales el protagonismo en este caso deja de lado a Laurie Strode, le sucede lo mismo que a Myers, para recaer en su nieta Allyson y muy especialmente en la incorporación de la figura de Corey, quien desgraciadamente no termina de funcionar en la manera en que se dibuja la evolución de este personaje, careciendo además el actor que le da vida de la capacidad de transmitir este paso desde apocado joven abocado a ser la víctima en el singular y salvaje personaje en que acaba involucionando. Lo mismo sucede con su historia de amor con Allyson, a todas luces mal contada, precipitada y que resulta tremendamente postiza e impostada, lo que ayuda a no trazar una trama central creíble y bien armada. Pero no solo Laurie y Michael son relegados a un segundo plano del que únicamente son rescatados para un inevitable encontronazo final que se prevé forzado y que igualmente queda deslucido, y es que ya habíamos sido testigos de este mismo combate en diferentes películas de la franquicia y en la misma Halloween de 2018. Lo peor que sucede con estos dos grandes personajes dentro de la saga en particular y del género de terror en general es como se rompe con toda su psique, su personalidad y su forma de comportarse y actuar vista con anterioridad. Laurie pasa así de ser un personaje atormentado y únicamente motivado por las ansias de venganza para quien acabó con todas sus opciones de vivir una vida normal para iniciar la película como alguien tremendamente optimista, en pleno proceso de escritura de un libro que exorcice sus fantasmas del pasado y con ganas de pasar página a ese dolor que no la había dejado llevar una vida normal durante las últimas décadas, y eso que la anterior entrega había finalizado con el asesinato de su hija Karen. Pero lo que sucede con Myers es aún peor, ya que se nos presenta como alguien débil, cansado, que necesita ayuda para continuar con su legado de muerte y dolor, contraponiéndose radicalmente al Myers visto en Halloween kills, pasando así de ser testigos de su versión más salvaje y visceral a la más débil y humanizada. Y otra decisión desacertada es la de retirarle la máscara en las secuencias de cierre mostrando precisamente esa humanidad no solo al pueblo de Haddonfield, sino al propio espectador, eliminando de esa forma y de un plumazo toda esa esencia de ente maligno, de hombre del saco cimentado sobre este personaje a lo largo de cuatro décadas de historia. Michael Myers es un hombre, es lo que viene a sentenciar Halloween ends.

Esto nos lleva a plantear la siguiente pregunta, ¿es Halloween ends una mala película? No, David Gordon Green demuestra haber tomado el tino a la franquicia presentando un producto bien dirigido y con un buen manejo de los resortes propios del género de terror. El prólogo es estupendo y las muertes, si bien carecen de la potencia mostrada en la anterior película de la trilogía siguen estando bien resueltas siendo asimismo lo suficientemente truculentas que se espera en un título de este calado. El problema central que hace que este cierre quede lejos de los aciertos mostrados en Halloween 2018 y especialmente en Halloween kills es el ser testigos de un cambio de rumbo que si bien llegamos a entender por lo que supone volver a contar lo ya narrado en Sanguinario, Halloween H20, Halloween Resurrection o Halloween 2018, esto es, un enfrentamiento a muerte entre los personajes de Laurie Strode y Michael Myers, lo que finalmente hace es desdecir precisamente todas las ideas armadas en los dos títulos precedentes, siendo esa su principal traición a la saga. Aunque si algo hemos aprendido a lo largo de las últimas cuatro décadas es que Michael Myers siempre vuelve.

sábado, 2 de septiembre de 2023

HALLOWEEN KILLS (HALLOWEEN KILLS, 2021) 105´


Tras su enfrentamiento con Michael Myers, Laurie, su hija Karen y su nieta Allyson se dirigen camino del hospital para que la primera sea tratada de las heridas sufridas durante su confrontación con su brutal antagonista. En el camino observan horrorizadas como un camión de bomberos se dirige hacia la casa en llamas en la que se encuentra atrapado el asesino para así sofocar el incendio.

Tras el buen sabor de boca que esa primera entrega estrenada en 2018 había dejado en el aficionado a la saga de Halloween así como en una taquilla en la que multiplicaría por veinticinco su presupuesto, y erigida a  sí misma como secuela directa de la película de 1978 dirigida por John Carpenter obviando de esta forma toda la recua de películas de la franquicia estrenadas en esos cuarenta años transcurridos, llegaría el turno de esta primera secuela de la misma, episodio central de una trilogía planificada como tal desde un principio y que vería retrasarse su estreno inicial debido a esa pandemia mundial vivida en 2020. Y el veredicto final que uno puede lanzar tras visionar la película es que mereció la pena la espera.

Lo primero que destaca de la que sería el título doceavo de esta longeva serie de películas es como entronca con la obra primigenia no únicamente por la manera en que se conecta la historia, algo que ya había quedado más que evidenciado en el Halloween de 2018 y que se vertebraba sobre el enfrentamiento entre Laurie Strode, la final girl, y Michael Myers, el psychokiller, unos antagonistas cuyo primer encontronazo tendría lugar la fatídica noche de Halloween de 1978. Y es que en este caso ese vertebramiento hacía el clásico de Carpenter se manifiesta igualmente a través de un prólogo excepcional y que nos traslada a esa primera noche de Halloween, para lo cual el director copia el estilo de fotografía y ambientación utilizado por el propio Carpenter y su equipo cuarenta años atrás llegando a parecer que dicho retazo ha sido extraído directamente del material rodado hace cuatro décadas, siendo igualmente emotiva y nostálgica la aparición en escena de ese Dr. Samuel Loomis al que diera vida Donald Pleasance y a quien vemos resucitar intuimos gracias a la combinación del trabajo en escena del habitualmente coordinador de construcción en cine y en este caso actor ocasional Tom Jones Jr., quien posee un más que notable parecido a Pleasance, siendo ayudado para su aparición en pantalla del maquillaje y quién sabe si de el uso de CGI para determinados encuadres. Pero igualmente que este momento sirve para atacar la fibra nostálgica del fandom de Halloween mediante la inmersión visual en la película estrenada en 1978, a nivel de historia nos aporta un elemento más que interesante, concediendo de esta manera un mayor peso narrativo que en la anterior entrega al personaje del oficial Hawkins a través de lo sucedido con ese personaje en esa aciaga noche del 31 de Octubre de 1978.

Pero este ligazón con el primer Halloween convertido en un mantra a seguir en estas dos primeras películas de la nueva trilogía no queda ahí, sino que se aborda igualmente mediante la recuperación de varios personajes secundarios vistos en la película de 1978 y que en este caso además, en la mayoría de los supuestos, ha sido interpretado por el mismo actor o actriz que le diera vida en el film original, como así sucede con Charles Cyphers, quien vuelve a encarnar al antiguo sheriff Brackett, Nancy Stephens, quien vuelve a retomar su papel de enfermera Marion tras aparecer además de en La noche de Halloween en Halloween 2, Sanguinario o Halloween H20, así como Kyle Richards, la niña a cuyo cuidado estuviera el personaje de Annie en la primera entrega de esta serie de películas. Asimismo volvemos a ver en pantalla a Tommy, el pequeño de quien fuera canguro el personaje de Laurie en la película de 1978, aunque en este caso quien le de vida sea un actor diferente, nada menos que un Anthony Michael Hall convertido en su juventud en actor de referencia dentro del cine adolescente gracias a películas como Dieciséis velas, El club de los cinco o La mujer explosiva. Por su parte la película, como no podía ser de otra manera, sigue contando con el protagonismo de una Jamie Lee Curtis mucho menos presente que en el título anterior y a quien acompañan nuevamente los personajes de su hija y nieta, a quienes nuevamente dan vida las actrices Judy Greer y Andi Matichack.

Y es curioso, porque mientras esta nueva trilogía se mantiene en su discurso de desligarse de todas y cada una de las secuelas surgidas a partir del éxito de la película de Carpenter se nutre de no pocos elementos aparecidos en esta serie de títulos, algo muy evidenciado en esta secuela. Así, la ubicación en el hospital nos recuerda a esa segunda entrega rebautizada como Sanguinario, lo mismo que sucede con el uso de un falso culpable al que todo el mundo confunde con Michael Myers y que acaba en trágico final para este sospechoso, algo que ya veríamos igualmente en la citada segunda parte con el personaje de Ben Tramer. Asimismo, el guiño a la tercera entrega subtitulada El día de la bruja queda patente con la aparición en escena de las icónicas máscaras que de alguna manera protagonizaban este título desligado de la historia de Myers. Pero no quedan aquí las referencias a la franquicia, ya que como apuntábamos con anterioridad el personaje de Tommy Doyle se convierte en uno de los principales secundarios de la historia, personaje que ya protagonizaría la sexta entrega siendo Paul Rudd quien diera vida a ese otrora niño que al igual que Laurie quedaría marcado de por vida por lo acontecido en el primer Halloween. Y el uso del pueblo como turba vengadora lanzada a una caza al hombre para así tratar de acabar con los fantasmas que asolan a esta comunidad ya había sido explotada como idea en la cuarta entrega. Y sin embargo en este caso todos estos elementos funcionan mucho mejor que lo hacían en todos y cada uno de los casos expuestos y pertenecientes a títulos anteriores.

Y es que hablamos de una de las mejores películas de Halloween estrenadas hasta el día de hoy, con unos personajes interesantes y bien desarrollados, una trama estupendamente armada en su intencionalidad de servir de continuidad al guion escrito por John Carpenter y Debra Hill para la primera película y un Michael Myers brutalmente aterrador y quien da todo el sentido a ese Halloween kills con el que ha sido bautizada esta continuación. Y es que nos encontramos con la más salvaje de todas las películas de Halloween vistas hasta el momento, y no solo por el número de víctimas de Myers, que superan la treintena, sino por la explicitud de muchas de estas muertes, siendo la película todo un delirio para los amantes de los efectos de maquillaje y casquería. Además la película aborda esa transición del personaje que también se haría patente a lo largo de las diferentes películas estrenadas, y que va desde una humanidad manifiestamente presidida por la brutalidad y la irracionalidad hasta convertirlo en un ser imposible de destruir, un fantasma, el hombre del saco, y que se evidencia en un cierre que no por nada está filmado con cierto aire onírico que dé a este momento en que vemos esa transmutación de hombre al que se puede matar a ente imposible de derrotar de una posible interpretación imaginada. Y nuevamente utilizando inteligentemente a varios intérpretes para dar vida al nexo de toda la saga, Michael Myers. Así, Nick Castle sirve como homenaje al fandom de la saga, siendo este el primer actor en ponerse la máscara, Airon Armstrong da vida al Myers que vemos en ese flashback ambientado en 1978 y James Jude Courtney, con su más de metro noventa y noventa kilos de peso presta toda su fisicidad al Myers más salvaje, implacable y brutal.

Así pues, Halloween kills se erige como la más alta cuota de calidad de la trilogía dirigida por David Gordon Green, un título a ubicar en el top de películas sobre el personaje de Myers y anticipo de un posible cierre de etapa redondo de haberse mantenido el listón de esta entrega. Desgraciadamente no sería así.

viernes, 1 de septiembre de 2023

SCREAM VI (SCREAM VI, 2023) 125´

 

Tras los trágicos acontecimientos acontecidos en Woodsboro un año atrás las hermanas Tara y Sam Carpenter han decidido trasladarse a Nueva York. La primera para tratar de reconducir su vida ingresando para ello en la universidad y la segunda acompañando a su hermana pequeña a quien considera en la obligación de proteger. Pero hasta la ciudad de los rascacielos les ha seguido igualmente un siniestro personaje obsesionado con destrozar la vida de las dos jóvenes así como de todo aquel relacionado con la matanza perpetrada unos meses atrás. Ghostface ha vuelto.

Tras los buenos resultados en taquilla pero también de aprobación del fandom de Scream generado a través del boca a boca obtenidos ambos por esa secuela con aires de reboot estrenada en 2022, era prácticamente obligada una nueva entrega de esta saga iniciada en 1996 y convertida en clásico instantáneo dentro del terror por la manera en la que abordaba las constantes del slasher, deconstruyendo para ello este género mediante un juego de metacine y guiños al fan que iban desgranando por el camino la manera de ser de y comportarse de este subgénero tan en boga dentro del terror de las últimas décadas gracias al éxito a finales de los setenta y primeros ochenta de títulos como La noche de Halloween o Viernes 13.

La película vuelve a estar dirigida por el tándem Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet, quienes ya demostraran estar en plena forma como responsables de la anterior entrega de la saga, y quienes serían escogidos tras despuntar con la muy estimable Noche de bodas, título que es homenajeado en este caso no solamente mediante la presencia en pantalla de Samara Weaving, protagonista principal del título estrenado en 2019 y a quien vemos en la escena de apertura de la película, con lo que sabemos a estas alturas que esto conlleva para su personaje, sino que vuelve a hacer acto de presencia en la escena del metro, donde podemos presenciar como una de las pasajeras está caracterizada como el personaje protagonista de aquel título, vestido de novia y cartuchera mediante, y es que cabe recordar que la historia de esta sexta entrega se ubica en plena celebración de Halloween. Esta dupla de directores vuelve a conjugar el terror propio de esta franquicia con ciertas píldoras de humor, una simbiosis ya evidenciada en la primera película dirigida por esta pareja, y que lo que trata es aligerar los momentos más angustiosos de la cinta representados estos en secuencias tan logradas a ese respecto como la de la escalera que atraviesa los edificios y por la cual los protagonistas tratan de huir del asesino de la máscara o el momento del viaje en metro citado anteriormente, ambos estupendamente resueltos mediante el uso de un suspense sostenido que finaliza abruptamente con la aparición en escena de Ghostface. Y si los directores repiten funciones lo mismo sucede con los guionistas de ese Scream estrenado un año antes, unos James Vanderbilt y Guy Busick estupendamente compenetrados, y así, mientras el primero aporta la experiencia obtenida gracias a títulos como Zodiac, The amazing Spiderman, Asalto al poder o Megalodon, el segundo hace notar su mayor experiencia dentro del género, siendo de hecho el autor de la historia de la ya mencionada Noche de bodas. Así, la trama vuelve a pivotar sobre toda la sinopsis desarrollada en los cinco títulos anteriores, cobrando numerosa importancia estos antecedentes especialmente en el momento en que estos son homenajeados en el aplaudido escenario de un cine abandonado convertido en todo un recital de guiños a la tetralogía inicial dirigida por un Wes Craven convertido por derecho propio en uno de los directores de referencia dentro del terror de los setenta y ochenta gracias a películas como Las colinas tienen ojos, Pesadilla en Elm Street o La serpiente y el arco iris, y que con la primera Scream reivindicaría su vigencia en el género ya bien entrados los noventa. Su fallecimiento en 2015 provocaría la necesidad de contar con nuevos nombres detrás de la cámara para seguir agrandando la historia de un Ghostface convertido ya desde su primera aparición hace cerca de tres décadas en ícono del género, compitiendo en buena lid con otros grandes nombres dentro del cine de terror más contemporáneo como Freddie Krueguer, Jason Vorhees, Michael Myers, Chucky o Pinkhead. Quien si continua ligado a la franquicia de la que es tan responsable como el propio Craven es un Kevin Williamson encargado no solo del guion de la primera Scream así como de su segunda y cuarta entrega, sino de otros celebrados títulos de terror noventeros como Se lo que hicisteis el último verano, Halloween H20 o The faculty, y que continua embarcado en la saga que le convirtiera en estrella dentro del género, en este caso como productor ejecutivo de la cinta.

Si bien el anterior título, y por ende la tetralogía inicial, contaba entre sus protagonistas con el tridente de personajes centrales de la saga hasta dicho relanzamiento, con Neve Campbell como Sidney Prescott, Courtney Cox en el papel de Gale Weathers y David Arquette dando vida a Dewey Riley, a quienes se unía en esa quinta entrega un nuevo grupo de actores para que dieran el consabido relevo generacional de cara a la nueva serie de películas en mente y que con este título ya va por la segunda entrega, en esta ocasión únicamente el personaje de Cox hace acto de presencia junto a las nuevas enemigas acérrimas de Ghostface, unas hermanas Carpenter interpretadas nuevamente por Melissa Barrera y Jenna Ortega, ligadas en la ficción a la película primigenia por su relación con uno de los primeros portadores de la máscara de asesino, el Billy al que diera vida Skeet Ulrich, actor que vuelve a aparecer en pantalla mediante breves insertos justificados en la imaginativa y algo paranoide protagonista principal. Junto a unos y otros volvemos a contar con los amigos supervivientes de la película anterior, a quienes sumar una nueva recua de compañeros cuya función principal y única es la de sumar de una parte sospechosos de los que dudar así como nuevas víctimas potenciales para el bueno de nuestro sádico y meticuloso asesino enmascarado. Mención aparte para un par de incorporaciones destacables, la de un Dermot Mulroney tremendamente activo en la década de los noventa y visto entre otras en películas como Copycat, El efecto dominó o La boda de mi mejor amigo, quien interpreta al policía encargado del caso así como al padre de una de las amigas de las protagonistas. Lo mismo que una Hayden Panettiere conocida especialmente por la serie televisiva Héroes y quien de esta manera y tras doce años recupera su personaje de Scream 4 para seguir alimentando una constante en esta saga de películas, mantener lo máximo posible la interconexión entre todas las películas que la componen.

La película vuelve a conjugar el misterio de tratar de adivinar quién o quienes se ocultan en esta ocasión tras la máscara de asesino con una violencia nada contenida y que en varios momentos coquetea con un gore, eso sí, en su versión más edulcorada. Respecto a la primera idea hay que aplaudir la presencia de esos primeros Ghostface rápidamente eliminados de la ecuación en un giro mediante el cual los asesinos se convierten en víctimas, mientras que de los momentos más violentos y explícitos la película sigue destacando por la manera que plasma en pantalla los acuchillamientos de las víctimas que el asesino va dejando en el camino, apoyados estos muy especialmente en los efectos de sonido que acompañan a cada una de las puñaladas. Nuevamente es igualmente disfrutable la manera en la que uno de los personajes vuelve a explicar a sus compañeros y con ello al propio espectador los engranajes por los cuales se orquestan las películas de este tipo en la actualidad, una constante de la saga que nos ha permitido ir viendo desde la primera de las películas estrenadas ya hace casi treinta años como ha ido evolucionando este género en las últimas décadas, además de permitirnos hacer un nostálgico recorrido por sus constantes, personajes y directores de referencia. Y como toda buena secuela de terror que se precie se opta por trasladar la acción desde una Woodsboro que se ha erigido en un protagonista más en buena parte de las películas de la saga hasta una Nueva York que nos permite jugar con las posibilidades estéticas, visuales y de escenarios que nos brinda esta gran urbe.

Y una vez más lo peor de la película, casi un mantra de cada nueva entrega, viene toda vez se descubre la identidad de Ghostface, y es que salvo en la primera de las películas, donde si tenía sentido, se trata este de un momento terriblemente impostado donde las motivaciones se han ido volviendo cada vez menos convincentes, siendo estas excesivamente forzadas o directamente increíbles, además de servir para descubrir como un asesino o asesinos prácticamente infalible hasta el momento de destripar a las protagonistas de turno todas sus motivaciones que le han llevado a heredar la máscara de Ghostface, momento que homenajea involuntariamente a esos villanos de opereta que dejan al descubierto todo su plan toda vez creen tener reducido al héroe de turno, acaba por volverse un villano torpe, caótico e incluso por momentos ridículo toda vez la final girl o en este caso final girls de turno deciden cambiar las tornas. A esta idea habría que subrayar la tendencia por hacer de estos villanos una vez dejan de lado la máscara de Ghostface unos personajes excesivos, gesticulantes e hiperbólicos en su manera de comportarse, tratando de imitar sistemáticamente a la pareja de villanos vistos en la película primigenia, en cuyo caso si funcionaba ese comportamiento inclusive infantilizado. Y dentro de lo peor podemos igualmente incluir que, así como en la anterior entrega se apostó por abordar un momento tremendamente valiente con la manera en cómo termina el querido personaje de Dewey, en este caso no se ha hecho gala de esta misma valentía, por lo que veremos que la resolución de todos los personajes centrales o con algo de impronta en la trama no termina de encajar con lo habitual en esta serie de películas. El caso más flagrante es el de una Courtey Cox que podemos llegar a entender por la necesidad de tener que poder llegar a contar nuevamente con la única intérprete del elenco original ligada a fecha de hoy a las nuevas películas, y es que el éxito que nuevamente ha cosechado la cinta en su periplo en cines no hace descartar una nueva entrega en breve, más bien al contrario.

Y a pesar de estos pequeños peros no podemos obviar que nos encontramos con un título a destacar dentro del género al que representa y que mantiene la notable calidad de una saga de películas que a pesar de contar ya con seis títulos a sus espaldas no ha sufrido de momento el descalabro en ninguna de sus entregas que otras franquicias dentro del terror ya habrían acusado a estas alturas, fruto en buena parte de ese engarzamiento entre todas y cada una de las películas estrenadas que aunque forzado en algún caso sigue manteniendo una única historia con varias entregas en su haber. Muertes impactantes, estupendas secuencias plagadas de tensión, unas gotas de cinefilia dentro del cine de horror, unas protagonistas con las que logras conectar y un villano mucho más eficiente con máscara que sin ella son los elementos que ofrece esta nueva entrega que no va a defraudar ni a los seguidores de Ghostface ni a los fans del slasher menos puristas. O lo que es lo mismo, más carnaza para una nueva entrega de Puñalada.