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jueves, 5 de septiembre de 2024

TERROR EN EL ESPACIO (TERRORE NELLO ESPAZIO, 1965) 83´

Las naves espaciales Argos y Galliot son enviadas al planeta Aura siguiendo el rastro de una señal emitida por algún tipo de vida inteligente proveniente de aquel lugar. Una vez llegan a su destino los tripulantes de ambas naves comenzarán a atacarse entre ellos poseídos por algún tipo de ente o de mal invisible.

Una modesta producción de serie B que sin embargo y en apenas hora y veinte muestra referentes que serían imitados posteriormente no solo en géneros como el cine zombie o el de vampiros, sino que igualmente es indudable serviría de base a la hora de construir películas clásicas dentro del género como Alien, el octavo pasajero, que tomaría ese arranque que muestra como un falso señuelo atrae a los incautos protagonistas hasta un planeta trampa, lo mismo que adaptaría, con su propia estética, la idea de mostrar los diferentes recovecos de una nave casi tan protagonista como el resto de personajes principales. Pero también hay ecos de Lifeforce, fuerza vital, Hidden, lo oculto, e incluso de La cosa en la versión orquestada por John Carpenter en 1982, una idea que se hace presente y patente especialmente cuando vemos como los personajes son poseídos por entes alienígenas que utilizan los cuerpos de sus víctimas como medio de conseguir su propósito final llegándoles a robar para ello su propia consciencia y capacidad de decisión.

El máximo responsable de convertir esta modesta producción cinematográfica en un pequeño clásico dentro de un género que hibrida entre la ciencia ficción y el terror  es el director italiano Mario Bava, padre fundacional del giallo y referente dentro del terror de su país gracias a su opera prima, La máscara del demonio. Bava, quien antes de dirigir había ejercido todo tipo de funciones dentro del cine, se manifiesta no solamente como un excelente gestor de recursos habida cuenta de cómo logra sacar el máximo rendimiento de un presupuesto ajustado, sino que deja patente su pericia como un narrador con una capacidad visual fuera de toda duda, idea que queda manifestada ya en la propia secuencia de inicio que muestra a los diferentes tripulantes de la nave protagonista mediante un suave travelling así como en escenas donde juega con las formas geométricas de los decorados y con la iluminación. El director se centra principalmente en dotar a la película de una estética muy particular presidida por vivas tonalidades, presentes tanto en una nave de formas asépticas y brillantes plagada de luces y botones de colores así como en un planeta donde igualmente podemos percibir como se juega con las tonalidades rojas y verdes, una idea que deja de manifiesto el momento en el que se filmó y estrenó la película, ya que la misma presenta una pátina visual sesentera notable. Este exceso de color es fusionado inteligentemente con un aura tenebrista y amenazadora, conseguida especialmente con ese uso recurrente de una niebla perpetua así como con unos efectos de sonido a los que el director dota de enorme importancia para lograr introducir al espectador en las mismas sensaciones por las que están pasando los astronautas protagonistas. En relación con este concepto visual presente en la película y convertido en una de sus principales referentes no podemos dejar de citar un vestuario que bebe de los comics de superhéroes de la época, generándose una influencia bidireccional, ya que los trajes utilizado por los personajes en la mayoría de las secuencias nos recuerdan de manera inmediata al vestuario utilizado posteriormente en el comic X-Men primera generación, con esa mezcla en un tejido sintético de color amarillo y negro y publicado tres décadas más tarde de estrenada la película.

A pesar de las ya citadas limitaciones de medios la película logra salir no solo airosa sino acabar convertida en un título a reivindicar gracias a la pericia de su director a la hora de posicionar y mover la cámara así como por ese talento ya remarcado a la hora de orquestar cuidadas secuencias que en muchas ocasiones hacen pasar a un segundo plano una trama que en un principio va plagando la película de situaciones inexplicables y en algún caso terroríficas aparentemente inconexas que sin embargo acaban cobrando sentido en un acto final donde descubrimos que es lo que está sucediendo, corroborando que este amalgama interplanetario de zombies, locura y desapariciones tiene todo el sentido del mundo. Esta idea provoca que la película vaya resultando más y más interesante según avanza la trama hasta acabar en un acto final y una escena de cierre realmente acertados y angustiosos.

Como buena coproducción que se precie, con participación española incluida, el reparto cuenta con una amalgama de actores de numerosos países donde encontramos a norteamericanos como Barry Sullivan, brasileñas como Norma Bengell o españoles, caso de Ángel Aranda. A ellos les toca la peor parte a nivel de crítica habida cuenta de una colección de interpretaciones hieráticas, demasiado anquilosadas y sin apenas alma en su forma de actuar y comportarse, donde no vemos que los terribles acontecimientos vividos hagan mella en unos astronautas que habida cuenta de las situaciones acontecidas durante la película más parecen autómatas que seres vivos. Y no da la sensación esta sea una decisión consciente, sino más bien fruto de las limitaciones interpretativas de los diferentes miembros del elenco artístico.

Terror en el espacio se manifiesta como un título que, estrenado hace cincuenta años, deja patente una gran personalidad en el terreno visual, con una interesante historia que logra cohesionar con criterio una amalgama de ideas que de inicio parecerían incapaces de casar así como la constatación del talento de un Mario Bava capaz de brillar en cualquier género cinematográfico pero que acabaría decantando su carrera por el thriller y el terror, el bendito terror.

domingo, 24 de mayo de 2020

EL HIJO (BRIGHTBURN, 2019) 90´



El matrimonio Breyer sueña con tener un hijo. Una noche, un temblor azota su granja y un fuerte estruendo e impacto posterior les lleva hasta un bosque cercano, donde encuentran una extraña nave metálica en cuyo interior hallan un bebe de pocos días. 



Si en Superman: Hijo rojo, Mark Millar y Dave Johnson daban respuesta a la pregunta de que hubiera sucedido si en lugar de aterrizar en una humilde granja de Kansas, la nave en la que viaja Kal-El hubiera impactado en un páramo de Ucrania, en el título que nos ocupa la dupla de desconocidos guionistas Brian Gunn y Mark Gunn llevan esta premisa más allá, y nos relatan en El hijo que pasaría si Superman no fuera un ser de luz tal y como ha sido descrito a lo largo de sus más de ochenta años de existencia, mostrándonos de hecho a un personaje oscuro, letal y de intenciones nada bondadosas.


La película está dirigida con pulso firme por David Yarovesky, pero si hay un nombre propio ligado a la película, ese es el del hermano de los dos guionistas anteriormente citados, un James Gunn convertido en ídolo de masas a raíz de sus películas de Guardianes de la galaxia (actualmente se encuentra en plena pre producción de la tercera entrega), cuyo éxito entre el fandom le ha llevado hasta el punto de haberle sido encomendada la dirección de la segunda entrega de El escuadrón suicida en un inteligente intento por reflotar esta intentona de franquicia. Pero antes de convertirse en referente dentro del terreno de los blockbusters, Gunn se había fogueado como guionista y ayudante de dirección en la anárquica e irreverente productora Troma, brindándonos en 2006 la simpática La plaga, y manifestándose de esta manera como un buen director de terror en su vertiente más gamberra. Aunque Gunn  se limita en esta ocasión a producir la película, es innegable su presencia en el estupendo resultado final de una cinta que logra que su interesante premisa no se quede solamente en eso, un punto de partida a tener en cuenta, sino que acaba por reforzar un título más que recomendable tanto para los fans del terror como para los seguidores del Hombre de acero.

 

La película está protagonizada por Elizabeth Banks, precisamente vista en la anteriormente citada La plaga, actriz muy ligada a la comedia y que en esta ocasión logra componer un personaje dramático muy interesante, el de esa madre cuyo deseo por vivir la maternidad de manera plena la lleva a negar todo lo que va pasando a su alrededor, de la sospecha a la evidencia, todo en aras de ejercer de ejemplar matriarca. La secunda David Denman, el otro cincuenta por cierto del matrimonio Breyer, y quien junto a su mujer y su hijo forman una familia casi de ensueño hasta que el joven Brandon empieza a manifestar un comportamiento extraño una vez llega a la adolescencia. Es muy interesante resaltar como la pareja tomará un camino diferente toda vez comienzan a producirse extraños acontecimientos en torno a la figura de su hijo, y como dichas diferencias suponen un interesante tema a tratar en la película, llevándola un punto más allá del terror puro. Pero si hablamos del elenco de actores principales no podemos obviar el excelente trabajo del joven Jackson A. Dunn, quien pese a su corta edad demuestra unas hechuras interpretativas de una gran madurez, brindando un personaje central que pasa de la candidez inicial a no saber que está sucediendo a su alrededor para finalmente erigirse en un ser de maldad pura, y todo ello apoyado de manera principal en las miradas y gestos del joven intérprete.

Es muy acertado ver como la película se inicia con unas formas donde el homenaje al personaje de Superman de Smalville es evidente, con amplios planos que muestran en todo su esplendor esos campos de  donde ese niño venido de otro planeta se crió, y con unos guiños muy evidentes especialmente a la película de Zack Snyder El hombre de acero, incluido cierto inserto similar en la banda sonora. Pero poco a poco esa luminosidad en la historia va tornándose oscuridad, con una gradualidad totalmente acertada que provoca que el suspense de la trama vaya calando poco a poco en el espectador, hasta llegar a un acto final  que, aunque más pirotécnico y desatado, sigue conservando el mal rollo que va desgranando la película.


En cuanto a la violencia de la cinta, está se encuentra perfectamente dosificada y mostrada en el momento adecuado, previa construcción de estupendas secuencias donde el director logra mantener la tensión del momento, tal y como sucede con los ataques a los personajes de la camarera y madre de la compañera de colegio de Brandon y por la que el muchacho se siente atraído, así como el momento en que el joven ataca a su tío tras discutir con este, secuencias ambas perfectamente manejadas y en las cuales se insertan momentos visualmente grotescos como los de los cristales en el ojo de la mujer o el impacto del rostro del familiar del protagonista contra el volante de su furgoneta y sus funestas consecuencias. Si bien no se abusa del gore, si que la película sabe insertarlo en su justa medida, pero siempre teniendo su acertado peso en la escena y complementando momentos donde el suspense es el gran protagonista.

 


Una película que demuestra mimo y buen hacer incluso en detalles en apariencia tan inanes como la marca escogida por Brandon para significarse con esa doble B (de Brandon Breyer) enfrentada y que se contrapone a la conocida S de Superman, logo que inundará todos los escenarios donde el joven cometa sus atrocidades. Lo mismo sucede con ese traje escogido por nuestro villano, y que pese a su simplicidad, propia del niño que lo ha confeccionado, logra erigirse como enormemente amenazador y terrorífico. Un último detalle a remarcar es un final que se  aleja de convencionalismos y arriesga, culminando como debe hacerlo una historia como la que se nos ha ido contando hasta ese momento, y todo a pesar de que la película amenace con un último giro a la historia que eche por tierra todo el trabajo anterior, no siendo finalmente este el caso.



En resumidas cuentas, un muy interesante trabajo que toma una leyenda popular del calado de la del Superman de Joe Shuster y Jerry Siegel y lo retuerce hasta devolvernos una fabula negra donde el terror de los protagonistas ante lo que están viviendo no es nada ante el que siente el propio espectador, que, conocedor de los poderes que ese niño llegará a tener, saben de antemano cual será el final de la historia, y créanme, no es un final reconfortante ni con visos para la esperanza. Es el problema de ser un ser prácticamente indestructible, que todos dependemos del bando que este elija para combatir. Y si elige el del mal tenemos un problema y gordo.

lunes, 6 de mayo de 2019

ARACHNID (ARACHNID, 2001) 95´




Un grupo de expertos formado por un entomólogo, un médico y su enfermera, unos mercenarios y una piloto, se dirigen a una isla en medio del Pacífico Sur para llevar a cabo una investigación sobre un virus mortal que está asolando a la población local. Obligados a realizar un aterrizaje de emergencia, quedarán aislados en mitad del atolón, donde además se encuentra un enorme ser arácnido de origen extraterrestre que no tardará en empezar a diezmar al grupo.



Segundo estreno de la Fantastic Factory, y que en esta ocasión sería dirigido por Jack Sholder, otro director con cierta fama en el género gracias a películas como Pesadilla en Elm Street 2 o muy especialmente gracias al título de culto Hidden lo oculto, pero que tras unos prometedores comienzos andaba perdido en mediocres trabajos para la televisión. La película, basada de alguna manera en las monster movies que surgieron en la década de los cincuenta bajo el auspicio del terror atómico y que presentaban a enormes y amenazadoras criaturas como las grandes protagonistas de la función, está escrita con bastante desgana por Mark Sevi, guionista de pobre recorrido y autor entre otras lindezas de los libretos de la cuarta entrega de los Ghoulies o de Pterodactyl, y que en esta ocasión se limita a realizar un recorrido por todo tipo de clichés y estereotipos en este tipo de películas que mezclan la aventura con la ciencia ficción y el terror.





En el caso de Arachnid y dentro de una las características que definían el proyecto de Fantastic Factory, el elenco de intérpretes hibrida entre los nombres internacionales y los actores españoles. Entre los primeros destacar a una primeriza Alex Reid cuatro años antes de enfrentarse a las criaturas de The descent, película que la daría a conocer entre el fandom, y que frente a unos intérpretes bastante desfasados y de vuelta de todo, se esfuerza por, al menos, tomarse en serio su actuación. Por parte del cine patrio destacar los nombres de Pepe Sancho y Neus Asensi, el primero en modo piloto automático mientras que la actriz se esfuerza, sin conseguirlo, por dotar de dramatismo a un personaje totalmente unidimensional. Cabe destacar como los personajes principales parecen copias de saldo de otros más icónicos dentro del género de aventuras y ciencia ficción. Así, el personaje de la piloto Loren Mercer nos recuerda a una émula de Tomb Raider, mientras que el mercenario Lev Valentine nos retrotrae a una versión low cost del Rick O´Connell visto en la saga iniciada en La momia, dirigida por Stephen Sommers. Lo mismo sucede con el personaje del aracnólogo, que bebe en su construcción y comportamiento del personaje al que diera vida Julian Sands en la película dirigida en 1990 por Frank Marshall, Aracnofobia, título por otra muy presente durante el visionado de esta Arachnid. Incluso el personaje de Bear nos lleva en el pensamiento hasta el actor Bill Duke en el papel que este desempeñaba en la excelente Depredador.





La película se entronca sin rubor dentro de una serie B sin complejos y consciente de sus limitaciones, pero aún y con todo acaba resultando en algunos momentos reiterativa una vez presenta la situación de partida. De esta forma, mientras el primer acto, durante el cual se presentan los personajes y la historia, podemos afirmar entretiene y al menos interesa mínimamente, es una vez se inicia la lucha por sobrevivir que la historia llega en algunos momentos a cansar por la forma en la que el director construye de manera repetitiva las secuencias. Resulta además fallida esa idea de presentar al monstruo protagonista como un ser de otro planeta pero con una morfología totalmente arácnida, siendo mucho más interesante y misterioso el haber tratado a este ente como una mutación terrestre, principalmente porque la idea de ubicar su origen en el espacio exterior parece un recurso fácil de cara a no dar demasiadas explicaciones más sobre una criatura que dista mucho de la especie natural en la que se le presenta.





Sin embargo sí que hay que alabar la decisión de los responsables de la película de utilizar prácticamente en casi todos los planos efectos mecánicos y físicos a la hora de presentar a la araña protagonista, reduciendo los efectos visuales de origen infográfico a su mínima expresión. Esta decisión no solo es la más lógica dentro del subgénero al que pertenece y a la vez homenajea la película, sino que hace que las secuencias de interacción entre monstruo y actores sean más creíbles, independientemente de lo acartonado de algunos efectos, aunque en líneas generales tanto el diseño de la araña gigante como los efectos animatrónicos de la misma estén resueltos de manera satisfactoria, máxime teniendo en cuenta que nos estamos moviendo en producciones de presupuestos muy modestos para lo que quiere mostrarse en pantalla.



Historia simple, personajes al menos medianamente interesantes en algunos casos y que no resultan extremadamente histriónicos (exceptuando las nefastas intervenciones tanto de la anteriormente citada Neus Asensi como de un nada creíble mercenario interpretado por el galán de telenovela español Luis Lorenzo Crespo), unos escenarios interesantes con una creíble ambientación y unos efectos aceptables son el compendio de una película que nuevamente trataba de internacionalizar la segunda propuesta de la Fantastic Factory en un nuevo error de cálculo, ya que el público español que degusta este tipo de cine lo hace en la mayoría de los casos en formato doméstico y en producciones norteamericanas, no en cine español que imita en formas y fondo a un tipo de películas de marcado aroma norteamericano, lo que se traduce en unos pobres resultados en la taquilla. El sello de Filmax seguía sin despegar ni ofrecer un producto mínimamente interesante que justificara el leit motive de la Fantastic Factory, pero como dicen por ahí, a la tercera vendría la vencida.   

miércoles, 10 de abril de 2019

CRITTERS 4 (CRITTERS 4, 1992) 100´



Tras salvar Charlie los dos últimos huevos de Critter y guardarlos en la cápsula espacial enviada a la Tierra a tal fin, este quedará accidentalmente atrapado en hibernación en el propio transbordador junto a los embriones y lanzado al espacio, siendo rescatado de su viaje interestelar cincuenta años más tarde por una nave de piratas espaciales.



Inmediata secuela que rescata y enlaza con el final de la tercera entrega, la cual había quedado totalmente abierta, y presentando el inicio de lo que sería esta última aportación hasta la fecha a la saga oficial de películas sobre los Critters, teniendo además el dudoso honor de ser la peor de las cuatro  cintas, muy lejano ya el espíritu de estupenda serie B que presentaban los dos primeros episodios de la franquicia. 



Rupert Harvey, encargado de producir toda la saga, además de de escribir la historia de las dos últimas películas, fue también el responsable de la labor de dirigir esta entrega, en lo que sería su primera y única participación como director. Una vez más, y como suele ser constante en este tipo de sagas, se optó por trasladar la acción tanto en el espacio como en el tiempo para ubicar a nuestras voraces criaturas en medio de una estación espacial, en la peor tradición de la infinidad de imitaciones que surgirían a raíz del fenómeno que sería Alien, el octavo pasajero, idea que por lo general suele ser sintomática de una pérdida significativa de calidad de la franquicia objeto de este fenómeno.



El único elemento de interés a nivel de intérpretes de esta cuarta entrega estriba en que se contó entre un elenco de actores de segunda con la actriz Angela Basset, quien viviría en la década de los noventa su momento de mayor esplendor gracias a películas como Días extraños, Tina o Contact, rescatada en la actualidad gracias a títulos como Black Phanter o la serie para televisión 911, y que participaría además en sus inicios en sendos títulos dentro del género vampírico como son Sangre fresca y Un vampiro suelto en Brooklyn. Todavía más destacada para los seguidores del terror es la presencia de un mito como Brad Dourif, la voz detrás de Chucky en la saga Muñeco diabólico, y que se ha convertido en uno de esos actores de referencia dentro del cine de horror, con participaciones en películas como El exorcista 3, La fosa común, Alien resurrección, Leyenda urbana, The wizard of gore o Halloween el origen, por citar solo un puñado de aportaciones dentro de una filmografía que supera las ciento cincuenta interpretaciones. Don Opper vuelve a dar vida por cuarta vez al torpe Charlie y Terrence Mann volvería a la saga en un cambio de registro que sirviera además de guiño a los seguidores más acérrimos.



La película es ante todo un despropósito que parte de intentar abordar la complejidad de ubicar la historia en el espacio, con los requerimientos a nivel de presupuesto, atrezzo, escenarios y efectos que esto supone, pero manteniendo un ínfimo presupuesto que queda en evidencia con el acartonamiento de lo finalmente mostrado en pantalla. No hay medios, y lo que es peor, no hay imaginación para suplir estos, y todo ello queda reflejado en un aburrido ir y devenir de los protagonistas entre estancias presumiblemente futuristas en un ralentí del ritmo de la cinta que acaba por desquiciar al espectador.



Pero lo más grave lo encontramos en la práctica ausencia de minutos en pantalla de los propios Critters, limitándose su aparición lo máximo posible, y haciendo que de hecho, la primera vez que asoman en la película sea pasado el minuto treinta y cinco. Podemos a este respecto destacar el primero de los ataques de estos alienígenas sobre el villano de la función, y donde podemos ver como uno de estas criaturas se introduce en la boca de su víctima hasta asfixiarlo. Ver a los Critters en su primera etapa de vida es el único consuelo que tendremos los fans de estos alienígenas, ya que incluso mostrar el ataque masivo final sobre el grupo de mercenarios que irrumpen en la estación en el último acto de la película es eludido, posiblemente debido a las necesidades económicas que una secuencia como la misma habría supuesto. Por todo ello podemos concluir que es la película de Critters con menos Critters de todas, y que además abandona esa mezcolanza entre humor y sustos de la franquicia.



Una pena que una tetralogía tan simpática haya acabado, al menos por el momento, de la peor manera posible, quedándonos el consuelo de cortometrajes como Critters, bounty hunter de 2014, y que daba buena cuenta del potencial de su director, Jordan Downey, a la hora de plasmar una serie para televisión que nunca fue.  Lo que sí ha llegado es una nueva versión en formato televisivo de Critters, a estrenar en este 2019, y que parece prometer devolver a estas criaturas ese aire de hibrido entre comedia y horror que tan buenos ratos nos hizo pasar en el pasado. Así que quédense a la mesa que todavía hay platos por degustar.

domingo, 7 de abril de 2019

CRITTERS 3 (CRITTERS 3, 1991) 86´



Los Critters llegan hasta un desvencijado edificio en la ciudad ocultos en los bajos de una caravana. Se trata de un complejo de apartamentos habitados por unas pocas familias que están siendo tratadas de ser desalojadas por el dueño del bloque, siendo este un problema menor cuándo los Critters se hacen con el control de la vivienda.



Tras la estupenda dupla de películas estrenadas en la segunda mitad de la década de los ochenta, la saga se estrenaba en los recién surgidos noventa con una película que bajaba varios enteros lo visto hasta ese momento, y que además volvía a presupuestos ínfimos, algo que queda patente a la hora de visualizar la película, que recurre nuevamente a un único escenario y donde la escasez de medios vuelve a ser la gran protagonista, aunque en este caso no se supla con talento e imaginación, tal como sucedió en 1986.



La película está dirigida de manera monótona por la directora Kristine Peterson, con una pobre filmografía como realizadora pero que es en su vertiente de ayudante de dirección o directora de segunda unidad donde podemos vislumbrar interesantes trabajos como El exterminador 2, Robots asesinos, Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (donde coincidiría con Stephen Herek, director de Critters), Pesadilla en Elm street 5 o Temblores. Sin embargo es evidente, al menos en el título que nos ocupa, sus limitaciones a nivel cinematográfico, ofreciendo un resultado mediocre, en la peor tradición de los telefilms de segunda (eso que la cinta llegó a estrenarse en algunas salas de cine) y sin ningún tipo de aliciente más allá de poder disfrutar una vez más de nuestras criaturas más voraces. La historia de la película está escrita por Rupert Harvey y Barry Opper, productores de toda la saga y que ofrecen un resultado simplón y sin pegada, siendo David J. Schow (La matanza de Texas 3, El cuervo, La matanza de Texas, el origen) el responsable de convertir esta trama banal y bastante infantiloide en un guion filmable.



Critters 3 es ante todo conocida por ser la carta de presentación en el mundo del cine de un imberbe Leonardo Di Caprio, algo que aprovecharía la película en reediciones posteriores, quien no tardaría en convertirse en el mejor actor joven de su generación, logrando conformar una carrera llena de grandes títulos y en la que ha podido trabajar con los más grandes directores del momento (Scorsese, Tarantino, Spielberg, Eastwood), pudiendo dejar patente su enorme talento para la actuación. Di Caprio se encuentra rodeado de un plantel de intérpretes de segunda donde una vez más aparece Don Opper en su sempiterno rol del caza recompensas Charlie, en esta ocasión sin la ayuda de los buenos de Ug y Lee, y en un rol que acaba por resultar cargante en su intencionalidad de confeccionar un personaje torpe pero de nobles intenciones, dada el escaso carisma y vis cómica del intérprete.



La película acaba resultando una huida entre las estancias de la vivienda de un poco atrayente grupo de supervivientes de las garras de unos Critters que acaban resultando una vez más lo más interesante de la función, siendo el momento más disfrutable la toma de la cocina de la señora Menges por estas insaciables criaturas, y que posibilita integrar gags visuales como la guerra de pasteles, el Critter ingiriendo todo el bote de lavavajillas o ver a otro de estos seres deleitándose con una cazuela de alubias rojas, lo que traerá flatulentas consecuencias. Como podemos ver la película aboga ya abiertamente por un estilo mucho más cómico y jovial, reduciendo en todo lo posible los momentos más oscuros y sangrientos, reducidos en esta ocasión a dos únicas muertes, nada explícitas por cierto, y que curiosamente serán las de los dos personajes más negativos de la historia.



Un título que al menos a su favor acaba por no resultar aburrido ni tedioso, eso vendría más tarde, y que se beneficia de, una vez más, un ajustado metraje, y un uso de unas criaturas que a estas alturas todo espectador de la película conocía a la perfección, aunque integren como novedad la idea de que las púas aletargantes de los Critters sean además alucinógenas. Cada vez que los alienígenas aparecen en pantalla logran captar nuestra atención, algo de lo que los responsables de la cinta parecen ser muy conscientes, ya que no se reprimen a la hora de dejar ver a los, no hay duda a estas alturas, los auténticos protagonistas de la tetralogía, unos imitadores de los Gremlins con carácter propio. 



Como curiosidad final, la película presenta un antecedente de las hoy constantes escenas post créditos, en esta ocasión implementando entre los títulos de crédito finales una secuencia que deja la historia abierta a una secuela que, para nuestra desgracia, no tardaría en llegar. Y es que contrariamente a esa última entrega de la franquicia por estrenar, puede que Critters 3 no sea delicatesen, pero será un plato que al menos les saciará.  

miércoles, 3 de abril de 2019

CRITTERS 2 (CRITTERS 2, 1988) 82´



Brad regresa a su pueblo natal, Grover´s Bend, para visitar a su abuela, coincidiendo su visita con la eclosión de los huevos de Critters que quedaron abandonados tras la primera aparición de estos seres en la granja de la familia Brown, siendo ahora estas criaturas mucho más numerosas que en su ataque anterior. Afortunadamente, los cazarrecompensas Gru y Lee, junto a su nuevo ayudante Charlie, son enviados nuevamente a la Tierra para completar su misión.



El incontestable éxito en cines de Critters y posteriormente en su explotación vía alquiler, hizo inevitable la realización de una rápida secuela, la cual se estrenaría apenas un par de años más tarde, siendo delegada su realización en un joven Mick Garris, quien con Critters 2 se estrenaría en el formato del largometraje tras foguearse en series para la televisión como Cuentos asombrosos o en los “making of” de auténticos clasicazos como Los goonies o La cosa. Garris alcanzaría cierto status como autor de cine de terror en buena parte gracias a su buena conexión con Stephen King, de quien adaptaría en formato de cine o como miniserie para la televisión varias de sus novelas más populares como Apocalipsis o El resplandor, siendo además el director escogido por el novelista para llevar a cabo su primera historia escrita directamente como guion cinematográfico, Sonámbulos. Garris también es el responsable de llevar a buen puerto la serie para el canal Showtime Masters of horror, una antología de historias de terror gestadas por grandes realizadores dentro del género. El director, además sería coguionista de la cinta junto al reputado David Twohy, quien se estrenaría en esta faceta con Critters 2 para desarrollar una carrera en la que podemos encontrarnos los guiones de película como Warlock, el brujo, El fugitivo, Waterworld, La teniente O´Neill o Pitch Black.



La película volvería a contar con Scott Grimes como único miembro de la familia Brown que retoma su papel, componiendo en esta ocasión un personaje igualmente importante pero con menor peso en la historia, ya que la cinta es más coral. Barry Corbin sustituiría a M. Emmet Walsh como sheriff Harv, siendo esta versión desapegada y antisocial primero y liderando la defensa contra los Critters más adelante, mucho más interesante que la compuesta por Walsh un par de años antes. Otra que repite es Lin Shaye, quien ha cambiado su trabajo en la oficina del sheriff por el del periódico de la localidad, donde se encuentra a las órdenes de otro actor veterano de rostro familiar, Sam Anderson, visto en infinidad de series y con quien Mick Garris volvería a contar para su ambiciosa Apocalipsis. Don Opper regresa como Charlie, Terrence Mann hace lo propio en el papel de Ug y el cazarrecompensas Lee continuará tratando de encontrar un cuerpo en el que encontrarse cómodo, siendo uno de los elegidos el de la actriz Roxanne Kernohan, habitual en cintas de serie Z, y quien fallecería trágicamente en accidente de automóvil con apenas treinta y tres años. Como anécdota, la encargada de poner la voz al personaje de Zanti sería Cynthia Garris, esposa del director y actriz habitual en la filmografía de este.





La película contó con un mayor presupuesto que su antecesora, y si bien podemos seguir hablando de una película de serie B, el mayor capital con el que se contó permitió ofrecer una película más grande a todos los niveles, mayor número de criaturas, explosiones más potentes, muchas más escenas de exteriores y rodadas a plena luz del día, unos efectos más sanguinolentos aunque manteniendo ese aire de cinta de horror para adolescentes…lo que acaba conformando una secuela más entretenida que la propia película de 1986, con la que forma un estupendo tándem de apenas dos horas y media que poder ver del tirón, algo a lo que ayuda el hecho de continuar la historia ahí donde quedó con ese cierre incluido tras el éxito de Critters y que hacía casi obligada la realización de una segunda entrega.





Garris hereda de Herek, director de la primera entrega de la saga, la idea de mezclar terror y comedia, y lo hace igual de bien que en el caso de la película de 1986, sabiendo encontrar ese equilibrio que también encontrábamos en Gremlins, la inspiradora de esta saga. Precisamente en relación a esta idea, el mayor presupuesto con el que contó la película serviría para poder incluir por vez primera algo que no pudo hacerse en la cinta de 1986 debido al poco dinero con el que contaron, una escena de masas de los Critters en la mejor tradición de lo visto en Gremlins tanto en la escena del bar como en la del cine mientras se está proyectando Blancanieves y los siete enanitos. Así, somos testigos de cómo estas peligrosas criaturas logran hacerse con la hamburguesería del pueblo, deleitándose con un festín que propicia se nos muestre a numerosos Critters en una salvaje interacción, aunque, obvio es decirlo, con las limitaciones propias de unas marionetas que carecían de la sofisticación técnica de sus hermanos mayores, los Gremlins.



En esa idea expuesta anteriormente de que Critters 2 lo que hace es coger los aciertos de la película de 1986 y aumentar los medios para trasladarlos a la pantalla, se repiten ciertos guiños a otras películas, como ya habíamos visto en la entrega anterior, siendo la más recordada el momento en el que el personaje de Lee a punto está de convertirse en el icónico Freddy Krueguer, saga que al pertenecer también a la productora New Line Cinema posibilitó la filmación del gag. Igualmente no podemos dejar de recordar esa gran idea consistente en que los Critters sean capaces de crear mediante su unión una gran bola andante capaz de aumentar el poder destructivo de estas criaturas, capacidad que en esta secuela puede ser mostrada con mayor explicitud que en la película de 1986, mucho más parca a nivel de efectos. Así, en Critters 2 podemos ver el esqueleto sanguinolento de una de las víctimas de estos alienígenas, el divertido pero terrible ataque sufrido por el personaje disfrazado de huevo de pascua o las terribles marcas de un ataque Critter en el cuerpo de la primera de sus víctimas.



Aplicándose la idea de secuela prototípica consistente en ofrecer lo mismo pero más grande, Critters 2 sabe hacer como propios los aciertos de la película inicial, aumentando el potencial de la historia en base al mayor presupuesto manejado. El resultado, una segunda cinta que para nada va a la zaga de Critters y que de hecho resulta un entretenimiento más redondo, consciente de que ya habíamos probado los entrantes y sabíamos de que iba esto de los Critters.

lunes, 1 de abril de 2019

CRITTERS (CRITTERS, 1986) 86´



 “Se comen todo”

Durante su traslado a un asteroide prisión en medio de la galaxia, ocho criaturas de la raza Critter logran escapar, haciéndose con una nave durante su huida. Dos cazarrecompensas espaciales son enviados inmediatamente en su búsqueda hasta el único planeta habitable del sistema solar y donde al parecer se han evadido, con una única orden, aniquilarlos antes de que puedan alimentarse. 



El brutal éxito de la película Gremlins en todo el mundo marcaría el inicio de toda una serie de películas a estrenar en la segunda mitad de la década de los ochenta con una premisa similar a la cinta dirigida por Joe Dante y producida por Steven Spielberg, esto es, una serie de criaturas de estética simpáticamente monstruosa dedicadas a hacer el mal, y prácticamente nunca desdeñando cierto componente cómico en las tramas, aunque en muchas ocasiones esta comicidad fuera teñida de negro. Es así como llegaron a nuestras pantallas las sagas de Ghoulies, Munchies o Hobgoblins, todas enmarcadas en una estética de serie entre B y Z y donde los tremendos hallazgos demostrados en la película iniciática estrenada en 1984 quedaban francamente lejos, a pesar de que no podemos negar que todas acaban por resultar simpáticos títulos dentro de una etapa cinematográfica muy concreta. El caso de Critters es el más destacable dentro de esta ingente cantidad de imitaciones de los Gremlins, surgiendo como respuesta de la productora New Line Cinema al éxito obtenido por la Warner, aunque en el caso que nos ocupa podemos matizar la idea que habla de esta película como una cinta meramente de imitación. Y es que todo parece apuntar a que el guion de Critters se había escrito tiempo antes de estrenarse Gremlins, convirtiéndose en uno más de esos proyectos que permanecen en los cajones de los estudios hasta que, precisamente el taquillazo de Gremlins, acabaría por rescatarlo de su letargo para ser llevado a la pantalla grande, eso si, con las limitaciones propias de un título enmarcado abiertamente en la serie B y que apenas contaría con un presupuesto de dos millones de dólares.



Robert Shaye, uno de los popes de la New Cinema y conocido por producir la saga de Pesadilla en Elm Street y más recientemente la trilogía de El señor de los anillos, fue el encargado de dar luz verde a un proyecto para el que se contaría con un director novel como era Stephen Herek, coautor junto a Domonic Muir de la historia original. Herek, quien posteriormente dirigiría exitosas películas de corte familiar como Las alucinantes aventuras de Bill y Ted, Los 3 mosqueteros o la versión con actores reales de 101 dálmatas, nos ofrece un competente trabajo, sabiendo sacar todo el partido del mundo al ajustado presupuesto y ofreciendo una cinta fresca y entretenida que acabaría convertida en todo un referente dentro del circuito de los videoclubs y en uno de los títulos indispensables dentro del terror más inocuo de los ochenta. 



La película supo combinar con acierto el protagonismo de los veteranos Billy Green Bush (Alicia ya no vive aquí, Cuando el río crece y visto en películas de terror como Carretera al infierno o Viernes 13 el final, Jason va al infierno, su última película) o el gran M. Emmet Walsh (¿Qué me pasa doctor?, Serpico, El castañazo, Aeropuerto 77, Brubaker, Gente corriente…) con jóvenes y talentosos actores como Nadine Van der Velde, a quien poco tiempo después veríamos en Munchies, otra de esas cintas nacidos a rebufo del éxito de Gremlins, y muy especialmente Scott Grimes, quien nos obsequia con una estupenda interpretación como el benjamín de la familia protagonista. No podemos obviar si hablamos del elenco de actores principales de una matriarca con el rostro de Dee Wallace, ícono del cine de terror y fantástico de los setenta y sobre todo de los ochenta tras su aparición en títulos seminales como Las colinas tienen ojos, Aullidos, ET el extraterrestre, Cujo o la propia Critters. Destacar asimismo por curiosa las apariciones de un joven Billy Zane, llamado a convertirse en una estrella tras su aparición en películas como Calma total, The phantom o especialmente encarnando al villano de Titanic, y que ha acabado relegado a apariciones televisivas menores, o de Lin Shaye, hermana del productor de la película y gracias a este vínculo un rostro familiar en títulos como Pesadilla en Elm Street, Algo pasa con Mary, 2001 maniacos o Insidious entre una ingente filmografía plagada de títulos. Por último, pero no menos importante, no podemos dejar de lado a Don Opper, hermano de Barry Opper, otro de los productores de la película, y quien colaboró en las versiones finales del guion, y que daría vida a Charlie, el borrachuzo del pueblo narrador insistente de historias de extraterrestres a quien nadie cree y que acaba de alguna manera convertido en héroe de la función, hasta el punto que su personaje serviría de nexo de unión de la franquicia que el éxito de Critters propiciaría.  



Si en Gremlins el origen de las criaturas proviene del folcklore popular y de la leyenda urbana que aseguraba se trataba de unos seres malévolos con querencia por sabotear todo tipo de maquinaria, en el caso de Critters sus responsables nos presentan a unos alienígenas igualmente peligrosos y caracterizados por un apetito insaciable que los convierte en una raza indeseable a nivel cósmico. Destacar el prólogo de la película y que presenta la huida de los Critters en mitad del espacio, donde, a pesar de contar con un ajustadísimo presupuesto, se consigue mostrar con notable dignidad varias criaturas alienígenas, alguna nave espacial y un par de trucajes con maquetas realmente funcionales. Aunque si hay que quedarse con un momento en lo que respecta a la trama en el espacio, ese es el de la conversión del personaje de Ug, uno de los cazarrecompensas, en el humano Johnny Steele para de esa manera pasar desapercibidos en su paso por la Tierra, y que recuerda indefectiblemente a la escena de En busca del arca perdida en la que al personaje de Toht se le derrite la cabeza, conseguida derritiendo una prótesis del rostro del actor construida con gelatina y yeso. Y es que hay que insistir en la idea de que en Critters se lograron unos resultados muy satisfactorios para el montante económico con el que se contó, y que además favorecería que con una taquilla de algo más de doce millones de dólares, sin contar el boom que la película sería en el mercado del alquiler de videoclub, la cinta pudiera considerarse todo un éxito, iniciando el nacimiento posterior de toda una tetralogía.



La película, al igual que sucediera en su hermana mayor Gremlins, es un perfecto hibrido entre terror y comedia. El ataque al patriarca de los Brown y el posterior acoso que sufre la familia en su propia granja a manos de los villanos de la función es el mejor ejemplo en cuánto a manejo del suspense y la tensión se refiere, mientras que es en la trama paralela que narra el intento de integración de los cazarrecompensas en la Tierra, con los constantes cambios de fisonomía de un Lee que no logra dar con un cuerpo con el que encontrarse cómodo o su manejo del automóvil, entre otros momentos, donde la cinta tiene sus mayores momentos de asueto. Los propios Critters también ofrecen escenas francamente divertidas, potenciadas en la versión en castellano de la película en la cual se doblaron con voz algunos de los momentos de estas criaturas, quienes únicamente gruñen en su versión original. Esa idea que hace de los Critters unos seres letales pero igualmente simpáticos, es uno de los mejores aciertos en lo que respecta a la idea de plagiar cómo funcionaban los Gremlins en la película de Dante. Y para dejar meridianamente claro que Critters es una cinta de terror para los más jóvenes, no se escatiman guiños a grandes iconos cinematográficos del momento como eran La guerra de las galaxias, Cazafantasmas o, como no, ET, el extraterrestre, con esa criatura Critter enfrentándose a un muñeco del alienígena que ansiaba con volver a su casa. 



Pero hablar de Critter es hablar indefectiblemente de unas criaturas que son todo un acierto en cuanto a diseño y desarrollo vital. Unos seres pequeños, con prácticamente todo su cuerpo cubierto de pelo, con una cabeza enorme coronada por una tremenda boca llena de afiladas filas de dientes, extremidades cortas y poco funcionales, que se desplazan haciéndose una bola y rodando y con la capacidad de expulsar de su cuerpo unos pinchos que paralizan a sus víctimas. Estos excelentes personajes fueron desarrollados, creados y manejados por los Chiodo, hermanos especializados en efectos especiales y en concreto en la creación de puppets, animatronics y marionetas, alcanzando su mayor éxito con los propios Critters, y que con, Payasos asesinos del espacio exterior, dirigida y escrita por ellos, ofrecerían un título de culto dentro del cine de terror ochentero de serie B. Si estas criaturas no habrían funcionado como lo hacen, la película posiblemente se habría convertido en una más de las decenas de infaustas imitaciones nacidas a rebufo de Gremlins, y sin embargo ha acabado convertida en la mejor saga de explotación de Guizmo, Spike y compañía.  



Critters es un perfecto exponente del cine de terror de serie B de los ochenta en su vertiente más juvenil y naif, ya que si hacemos recuento del body count de la película únicamente se computan dos muertos a manos de estas terribles criaturas aparte de varios de los animales de la granja de los Brown, dando a la New Line Cinema un rédito económico que supondría el inicio de un total de tres secuelas más, obligando además a incorporar a la película para su estreno en los videoclubs una escena de cierre que mostrara ese montón de huevos de Critters en el gallinero de la granja donde tiene lugar buena parte de la trama. Funciona además igual de bien hoy en día que en el momento de su estreno, gracias en parte a una duración ajustada y a un montaje que va directo a la acción, sabiendo presentar unos interesantes personajes con apenas un par de secuencias, bendita síntesis lejana de la obsesión actual por ofrecer cintas de metraje excesivo pero peor manera de contar las historias. La comilona apenas acababa de empezar.