viernes, 10 de abril de 2020

HELL FEST (HELL FEST, 2018) 85´



Tres parejas de amigos deciden pasar la noche de Halloween en un macro festival dedicado al horror y el miedo llamado Hell Fest, donde abundan las atracciones de terror, los actores caracterizados y los sustos tras cada esquina. O lo que es lo mismo, el lugar perfecto para que un asesino pueda campar a sus anchas sin despertar la más remota sospecha.





Una película que se aventura dentro de un género muy poco en boga últimamente dentro del terror como es el slasher, temática que vivió su época de mayor esplendor hasta la fecha entre finales de los setenta y  primeros ochenta. Lo hace además lejos de fatuas pretensiones y con la humildad propia de un tipo de películas en conjunto tremendamente esquemáticas en su desarrollo y con poco margen para la sorpresa. Y sin embargo, el evidente cariño que demuestra por el género en el que se engloba, así como el envoltorio visual concedido a la película, hacen de Hell fest un simpático título que merece la oportunidad de un visionado por parte de los fans.



La película está dirigida con soltura y habilidad por Gregory Plotkin, veterano editor y con una larga trayectoria dentro del departamento de montaje en títulos como Cosas que hacer en Denver cuándo estés muerto, El dilema, Frequency, Cadena de favores o La guerra de Hart. Este director, es además un gran conocedor del género de terror, ya que ha participado en el montaje de películas como Déjame salir, Feliz día de tu muerte o en varias de las secuelas de Paranormal activity, llegando de hecho a dirigir una de ellas, en concreto la séptima entrega. Es por ello que la película presenta una pátina visual y de edición muy cuidada, con cuidados encuadres y planos, algo a lo que favorece el formato digital, cuya cámara es mucho más manejable y ágil a la hora de su manipulación.



Respecto al sexteto de personajes protagonistas, suponen posiblemente el mayor hándicap de la historia. Es cierto que en este tipo de películas estamos acostumbrados a estereotipos sin desarrollar en demasía, y que sirvan como mera carnaza para el asesino de la película, a la postre el gran protagonista, pero en este caso el poco esfuerzo y desgana a la hora de trazar a este grupo de jóvenes protagonistas es digno de mención. Apenas unos pocos minutos para presentar a estas tres parejas, una de ellas en ciernes, donde podemos ver muchas de los constantes dentro de este tipo de víctimas potenciales, como la chica desprejuiciada, la amiga incondicional o el musculitos que tendrá su particular enfrentamiento físico con el villano de la historia, hasta llegar a una fallida scream queen sin la fuerza que se presupone para este tipo de personaje, crucial en la película como contrapunto al psychokiller de turno. La desconocida actriz Amy Forsyth ejerce sin demasiada credibilidad este rol, lejos del carisma de las reinas del grito más reseñables, caso de Marilyn Burns (La matanza de Texas), Heather Langenkamp (Pesadilla en Elm street), Neve Campbell (Scream), Jamie Lee Curtis (La noche de Halloween) o nuestra Manuela Velasco (Rec). Especialmente molesta es la utilización como reclamo del nombre de todo un icono dentro del cine de terror contemporáneo como es Tony Todd (La noche de los muertos vivientes, Candyman, Destino final, Hachet), en lo que finalmente no es más que un mero cameo de tres minutos. Sin embargo y frente a estas víctimas deslavazadas y sin ninguna fuerza ni empatía, sí que es destacable la forma en que ha sido escrito el personaje del misterioso asesino, quien durante prácticamente todo el metraje es presentado como un homólogo de Michael Myers, un ente maligno, sin motivaciones, sin una historia detrás como coartada que le lleve a perpetrar sus crímenes. La escena de cierre, protagonizada precisamente por este personaje, supone todo un giro a esta forma de tratamiento, y sin embargo resulta notablemente atractiva, ya que de alguna manera ahonda en esa teoría del mal por el mal, aunque lo acabe recubriendo de humanidad.



Si Hell fest tiene el suficiente interés para ser un slasher modesto pero con personalidad, es por el fondo en el que se enmarca la historia. Ese festival del horror que da título a la propia película y que posibilita recrear un utópico, aunque deseable, parque temático del terror. Esta idea, que ya sería tratada por Tobe Hooper en su película de 1981 La casa de los horrores, es llevada a la hipérbole más absoluta, posibilitando una serie de imaginarios escenarios en los que se desarrolla la acción totalmente acertados, laberintos macabros, estancias tortuosas o atracciones desasosegantes, conforman una suma de decorados que potencian el efecto pesadillesco de la noche vivida por los protagonistas, siendo muy atinados el momento del primer asesinato en medio de una atracción que recrea un abandonado y tétrico colegio, con la muerte de una joven que no acompaña al grupo principal y del que, de hecho, la propia protagonista es testigo, creyendo que forma parte del espectáculo y llegando incluso a alentar el apuñalamiento final. Es asimismo digna de reseña la larga y mantenida secuencia en una sala repleta de inexpresivas máscaras blancas, nuevamente la alargada sombra de La noche de Halloween, aunque también nos traslada a esos maniquís de Maniac, en la que las dos últimas supervivientes del grupo tratan de ocultarse de su acosador.  En este sentido, la película aprovecha para ir regando el celuloide de guiños y codazos al espectador más avezado en el género de terror, siendo patentes numerosos homenajes a películas y personajes del género, dejando de lado eso sí, los referentes más conocidos e icónicos, que por otra parte hubiera sido lo fácil, y volcándose en referentes menos obvios, y por lo tanto más gratificantes cuándo son descubiertos por el público, incluyendo referentes patrios como son El orfanato. 



Hell fest, pese a lo que de inicio puede parecer, no ahonda demasiado en la truculencia de las imágenes, ni en un uso exacerbado del gore como elemento característico, aunque no rehúye mostrar varios momentos abiertamente sangrientos, destacando las muertes de los personajes de Gavin, cuya cabeza será utilizada como emulo de una atracción de feria, o la de Asher, con nuevo homenaje incluido, en esta ocasión al maestro Lucio Fulci, celebrando una de sus secuencias más icónicas, la de la astilla en el ojo vista en Nueva York bajo el terror de los zombies. Por el contrario a esta contención en el uso de la sangre, se inclina por el susto constante, aprovechando para ello la ubicación en pleno festival de terror , de manera que los sobresaltos reales se entremezclan con los ficticios propios del lugar tan propicio para ello en el que tiene lugar la historia. De hecho llega a haber cierta saturación de estos momentos, con lo que llegan a perder parte de su efecto a la hora de generar tensión en el espectador.





De esta manera Hell fest es un humilde ejercicio de slasher que pone sus miras en las normas no escritas del género, y donde los aciertos a la hora de ubicar una noche de pesadilla en pleno festival del horror, con el juego de una ficción que acabará convertida en letal realidad, así como el hecho de presentar como villano una figura cuasi espectral, sin motivación alguna y mortalmente persistente, pesan más que los desaciertos representados por unos protagonistas anodinos y sin fuerza y un desarrollo plano y esquemático. Se trata de hora y media que no quedará en el recuerdo del fan como un gran título de terror, pero si les hará pasar un ameno rato en esta gran atracción de feria, ¿y cuál es sino el objetivo cuándo entras en la casa del terror?

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