lunes, 4 de marzo de 2019

LOS RENEGADOS DEL DIABLO (THE DEVIL´S REJECTS, 2005) 105´



Hasta la desvencijada granja de los Firefly llegan numerosos coches patrulla comandados por el sheriff Wydell con la intención literal de “impartir la justicia de Dios”, y es que este agente de la ley tiene cuentas pendientes personales con la familia de asesinos de su hermano.



Apenas tres años después de filmar La casa de los 1000 cadáveres y tras convertirse la opera prima de Zombie en pieza de culto dentro del cine más underground, nos llegaría esta continuación de las andanzas de la familia de psicópatas protagonistas de dicho título. Sin embargo su director plantearía esta secuela como un trabajo totalmente diferente, inclusive opuesto, tanto a nivel visual como conceptual, ofreciendo un título más directo, veraz y con un mayor tono documental que la película de 2002, que como apuntamos en su momento ofrecía un aire más alocado, surrealista y hasta fantasioso, casi de casa del terror para amantes de lo freak.



Zombie volvería a contar nuevamente para dar vida al triplete de asesinos con los actores Sid Haig, Bill Moseley y Sheri Moon. Haig continua dando vida a un Capitán Spaulding que, aunque igualmente dotado de un negrísimo sentido del humor, aporta un tono más paternal y consciente de la que se les viene encima a él y sus vástagos, aumentando de hecho su peso en la trama con lo que respecta a La casa de los 1000 cadáveres. Igualmente Bill Moseley hace que Otis abandone ese aire de artista de lo macabro para adoptar el rol de un Charles Manson indisimulado, incluso en cuánto a aspecto físico se refiere, y al que incluso se permite el lujo de tomar prestadas frases tan icónicas como aquella que dice, “Soy el diablo y he venido a hacer las cosas del diablo”. Por su parte Sheri Moon continua dando vida a la dulce y cruel Baby, quien sabedora de su físico y belleza lo utiliza a placer como trampa de aquellos incautos que tengan la desgracia de toparse con ella y su familia. En el caso del personaje de la matriarca del clan, los desacuerdos económicos con Karen Black llevaron a sustituirla por la actriz Leslie Easterbrook, para toda una generación la sargento Callahan de la interminable franquicia Loca academia de policía, y con quien Zombie volvería a contar para un pequeño papel en Halloween, el origen. Pero el gran personaje que Los renegados del diablo aporta a la historia de los Firefly es el del sheriff Wydell, un agente de la ley que no dudará en saltarse las normas a la hora de dar caza al grupo de criminales prófugos, convirtiéndose por el camino en aquello a lo que más odia, y a quien presta su brutal carisma un William Forsythe en estado de gracia. Forsythe es un enorme actor acostumbrado a papeles secundarios y cuyo talento no ha sido nunca del todo reconocido, habiendo no obstante participado en películas tan celebradas como Erase una vez en América, Arizona Baby, Dick Tracy o Cosas que hacer en Denver cuándo estás muerto. Como apuntamos en la reseña de La casa de los 1000 cadáveres, es en Los renegados del diablo que despunta la tendencia por Zombie a la hora de dejar asomarse entre su cine a grandes nombres dentro del cine de la serie B más potente y en la mayoría de los casos cercana al género de terror. Por esta parte no podemos obviar las apariciones bien simbólicas, bien con peso en la historia de Ken Foree (Zombi), Steve Railsback (Lifeforce), Tyler Mane (Halloween, el origen), Kane Hoder (Viernes 13), Duane  Whitaker (Pulp fiction), Ginger Lynn (musa del cine X de los noventa), Deborah Van Valkenburgh (The warriors), P.J.Soles (La noche de Halloween), Michael Berryman (Las colinas tienen ojos), Tom Towles (Henry, retrato de un asesino) o Danny Trejo (Machete) en lo que es todo un deleite para el aficionado más cinéfago.



La película presenta, frente a la eclosión visual de La casa de los 1000 cadáveres, unas formas mucho más serenas y cimentadas en un estilo fácilmente reconocible y que hibrida entre el western, con ecos evidentes al gran Sam Peckinpah en la enorme secuencia final, y una road movie al uso, presidida por una fotografía que saca todo el partido a unos escenarios áridos e inertes y enmarcada entre tonos ocres y rojizos. Zombie utiliza en esta ocasión la cámara de una forma mucho más académica y sosegada frente a los juegos y experimentación presentes en su opera prima, logrando que esta, su segunda película, pueda ser considerada su obra más madura y redonda, tanto a nivel técnico como de historia y construcción de personajes.



Precisamente la forma en que el director desarrolla a unos protagonistas ya presentados en La casa de los 1000 cadáveres es uno de los elementos que más descoloca al espectador. Tenemos claro, y la propia película se encarga de refrendar, que los Firefly son unos personajes canallas, inmisericordes y miserables en sus actuaciones. Torturan, violan,  destrozan psicológicamente y finalmente matan a sangre fría a unas víctimas inocentes y escogidas al azar, y únicamente por el propio placer de hacerlo, no hay una causa mayor, no hay una justificación a sus actos, aunque posteriormente trate de darles una profundidad diferente mostrando momentos de asueto entre los tres protagonistas principales, como la escena en la que comen helado o el inserto final de imágenes de estos comportándose como una familia al uso. Frente a estos tenemos un antagonista de altura en el papel del sheriff Wydell, un hombre presentado como un representante de la ley de la vieja escuela, fuerte en sus convicciones, las cuales considera casi como mandato divino, tenaz en su persecución de los Firefly y al que además mueve un aire de venganza en sus actos. No tardará este en virar su conducta hasta llegar al asesinato, saltándose de esta forma las propias normas de las cuales debería ser garante hasta llegar a convertirse en su afán por impartir justicia en un emulo de aquello de lo que más odia. Este hecho nos posibilita el ser testigos de una de las escenas más representativas de la película, en la cual los cazadores han sido cazados y sufren en sus propias carnes las torturas a los que estos asesinos acostumbran a infringir sobre sus víctimas. De esta forma no hay lugar en Los renegados del diablo para los personajes positivos, ya que incluso Charlie Altamont, buen amigo del capitán Spaulding y encubridor de los Firefly en su huida a ninguna parte no duda en venderle al sheriff Wydell cuándo ve amenazada su estabilidad patrimonial.



Como ya sucediera en La casa de los 1000 cadáveres, la película está envuelta en una selección de temas musicales tremendamente atinados en la forma en que están integrados en el montaje final, y que además no se limita a tirar del género cultivado por el propio Rob Zombie en su carrera como músico, sino que incluye temas de góspel, blues o country entre otros, recuperando grandes canciones de los setenta e imbuyendo de esta forma al espectador un poco más la trama, en el contexto histórico y social de la misma y en un ambiente muy particular y definido.



Zombie ofrece con Los renegados del diablo una secuela inmediata de su primera película como director pero abandona el estilo adoptado en su opera prima para cambiar radicalmente de género, aunque sin abandonar a la vez el terror, pausando el estilo, la historia (eliminando incluso del montaje todo lo relacionado con el personaje del doctor Satán, posiblemente el elemento más complejo de incorporar a una película más seria como es el caso) y humanizando los personajes, pero no dotándoles de mayor humanidad, sino de mayor verisimilitud. Pero si hay algo que Zombie no deja de lado es su pasión por mostrar la violencia en pantalla, tanto en su vertiente más tortuosa como gráfica. De esta manera nos encontramos con toda la escena en la que los protagonistas torturan hasta la extenuación a los miembros de un grupo de música los cuales tienen la mala fortuna de juntarse en el camino de los Firefly, logrando además Zombie que el espectador llegue a incomodarse con el nivel de sadismo alcanzado, y no necesariamente abusando de la sangre y de la explicitud. Algo que refrenda además en un uso del gore sin complejos, pero enmarcado en la premisa de la película de mostrar una violencia real y tangible, lo que la hace aún más atroz.



Segunda entrega de las correrías de los Firefly con la que Zombie sale de su zona de confort para, en lugar de rodar una La casa de los 1000 cadáveres parte dos, utilizar la fuerza de unos personajes dados a conocer en esta cinta para abordar un título diametralmente diferente. Solo queda esperar si en el estreno que vendrá de un tercer acto titulado 3 from hell, el director volverá a ejecutar un nuevo salto mortal sin red.  Y es que en el caso que nos ocupa la jugada le salió prácticamente redonda.

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