viernes, 5 de julio de 2019

JOVENES OCULTOS (THE LOST BOYS, 1987) 97´



“Duermen todo el día. Se divierten toda la noche. Es divertido ser un vampiro”

Tras divorciarse de su marido, Lucy y sus dos hijos, Michael y Sam, deciden iniciar una nueva vida en Santa Carla, una ciudad con un elevado y sospechoso índice de muertes y desapariciones. Lo que poca gente parece saber es la causa de estos misteriosos acontecimientos, y como están ligadas directamente a la existencia de un grupo de jóvenes vampiros que moran en el lugar.



Convertida hoy en día en título de culto, Jóvenes ocultos nació a rebufo de películas que, como en el caso de Noche de miedo, mezclaban a partes iguales la comedia con el terror, en un hibrido construido ex profeso para llenar las salas de cine de jóvenes y adolescentes, películas que como sucedería poco después con el western en Arma joven (donde por cierto volvería a aparecer Kiefer Shuterland), adaptaban al formato del cine juvenil, tan boga en la década de los ochenta, géneros tan dispares como sería en este caso el terror. Pero esto no fue del todo premeditado, ya que hasta llegar a la película por todos conocida, el proceso de pre producción de la misma provocaría notables cambios en la historia original, obra de los desconocidos Janice Fischer (quien por cierto acabaría muy desilusionada del resultado final) y James Jeremias, quienes se inspiraron de manera indisimulada en la novela de Peter Pan para construir su historia (solo basta pensar en el título original de la cinta para caer en la cuenta de esto). Se pasaría de esta forma de una película de tintes más infantiloides, y que buscaba de manera consciente la exitosa aura de Los Goonies, hasta dar con unos personajes algo mayores, ubicados en el tránsito de la niñez a la madurez, pasando por mezclar con habilidad y sin que chirriara en el conjunto final la comedia con el terror. Esta idea de filmar un émulo de Los Goonies, en esta ocasión enfrentados a un grupo de vampiros, no es casual, de hecho sería Richard Donner, director de la mítica cinta juvenil producida a su vez por Spielberg, el escogido como primera opción para encargarse de liderar el proyecto. Donner finalmente se involucraría pero como productor ejecutivo de la película, ya que por aquel entonces estaba volcado en la dirección de una buddy movie de acción que acabaría por ser Arma letal. Tras denegar Donner las labores de dirección se ofrecería esta opción a Mary Lambert (Cementerio viviente), quien también acabaría por apearse del proyecto por desavenencias creativas. Es de esta forma y de rebote cómo llegaría Joel Schumacher a dirigir Jóvenes ocultos. Pero Schumacher no solo se limitaría a cumplir con diligencia el cometido encomendado, sino que logró que varias de sus aportaciones sobre la forma de abordar tanto la historia como la propia película fueran incluidas en la película, reescribiendo el guion junto a Jeffrey Boam, reputado guionista gracias a títulos como La zona muerta, Arma letal y varias de sus secuelas, El chip prodigioso o Indiana Jones y la última cruzada. De esta forma Boam se encargaría de retocar el guion inicial, obra de Fischer y Jeremias, plasmando ciertas sugerencias del director, versadas principalmente en dotar de una mayor carga adulta a la historia original en su afán por crear un éxito de taquilla que fuera más allá de un público demasiado infantil. Schumacher, hoy reconocido director con innumerables trabajos de todo tipo de géneros a sus espaldas, era por aquel entonces prácticamente un desconocido que había logrado darse a conocer gracias al drama juvenil St Elmo, punto de encuentro, y tendría su momento de mayor apogeo en taquilla en la década de los noventa con títulos como Línea mortal, Elegir un amor, Un día de furia, Batman y Robin, Batman forever, Tiempo de matar o Asesinato en 8mm.



La película logró contar con un interesante elenco interpretativo que habría que abordar por tramos de edad. De una parte tenemos a la dupla Corey Haim y Corey Feldman, dos actores infantiles que lograron gran éxito y fama en esos años. Feldman venía de trabajar en Los Goonies (no por casualidad fue contratado para Jóvenes ocultos, reforzándose la idea antes mencionada de estrenar una hermana bastarda de esta), Viernes 13 capítulo final, Gremlins o Cuenta conmigo, ahí es nada. Por su parte el canadiense Corey Haim se había dado a conocer en la serie para televisión Los gemelos Edison y para entonces ya lo habíamos podido ver en Admiradora secreta, Miedo azul o Lucas. Ambos actores, apenas unos niños por aquel entonces, se conocerían gracias a Jóvenes ocultos, forjando una amistad donde las drogas y los abusos sexuales sufridos por ambos serían parte de la leyenda negra de Hollywood hasta acabar abruptamente con la temprana muerte de Corey Haim en 2010, debida a una neumonía que su maltrecho cuerpo, consumido por los excesos no pudo soportar. Haim había fumado su primer porro durante el rodaje de Jóvenes ocultos. Ambos actores y amigos trabajarían juntos en cintas como Papa cadillac, Una chica de ensueño, Engaño mortal, Last resort, Sueña un pequeño sueño 2 o en Desmadre en la comisaria, dirigida por el propio Corey Feldman. Los dos Corey, como se les conocería, trabajarían por última vez en la segunda y tardía entrega de Jóvenes ocultos, estrenada en 2008. Si pasamos a hablar de los actores juveniles hay que citar a los antagonistas Michael y David, interpretados respectivamente por Jason Patrick y Kiefer Shuterland donde este último compone un papel mucho más impactante y completo frente al hieratismo de su partenaire. Ambos son hijos de actores, Jason Miller en el primer caso y Donald Shuterland en el segundo, y si bien todo parecía indicar nos encontrábamos con dos estrellas en ciernes, ambas carreras no acabaron de despegar, algo especialmente evidente en el caso de Jason Patric, quien tras aparecer en títulos tan potentes sobre el papel como fallidos en pantalla, como fueron Sleepers o Speed 2, acabaría poco a poco viendo diluirse su carrera. Algo mejor le iría a Kiefer Shuterland, quien si bien no se ha convertido en la estrella que parecía, si ha logrado mantener una digna trayectoria profesional reflotada en los primeros dos mil gracias a la serie para televisión 24. Junto a esta pareja, y bastante desaprovechada a pesar de unas prometedoras primeras escenas para acabar convertida en la damisela en apuros de la función, nos encontramos con Jami Gerz, otra de esas actrices que empezó su carrera con fuerza en películas como Dieciséis velas, Golpe al sueño americano o Escúchame (junto a la entonces estrella Kirk Cameron), para acabar volcada en el medio televisivo. De entre el grupo de vampiros que acompañan al personaje de Shuterland, cabe destacar al interpretado por Alex Winter, para muchos un absoluto desconocido, para otros, el Bill Preston de la mítica dupla de películas sobre Las alucinantes aventuras de Bill y Ted, junto a Keanu Reeves, a la sazón Ted. Por último y en los papeles que abarcan la etapa madura representada en la película, hemos de hablar irremediablemente de una Dianne West vista en Footloose o Enamorarse, y unas de las actrices fetiches del Woody Allen de los ochenta en títulos como La rosa purpura del Cairo, Hannah y sus hermanas, Días de radio o September. Junto a esta veterana actriz nos encontramos a Edward Herrman, rostro habitual en la comedia de los ochenta y a quien veríamos en títulos como Rojos, Annie, nuevamente La rosa purpura del Cairo, Un mar de líos o Ensalada de gemelas. El veterano Barnard Hughes daría vida al abuelo de la familia tras el desistimiento de John Carradine, curiosamente un actor mítico dentro del cine de vampiros, y demasiado enfermo por aquel entonces (moriría apenas un año después).



Si bien Jóvenes ocultos es una de las cinta de cabecera de los fructíferos años ochenta en lo que respecta al cine de vampiros, a la hora de abordar un análisis de la película hay que destacar sus puntos fuertes, que los tiene, pero también sacar a la luz sus debilidades, que también son varias. De esta forma la historia que nos cuenta, y de cuyo proceso creativo ya hemos hablado con anterioridad, supone uno de los principales lastres de la cinta. Y es que partimos de una historia central banal y sin desarrollar lo que debiera, donde no hay ningún interés por tratar de dotar de algo de entidad a los personajes, y es que la huella que varios de estos personajes tienen en el imaginario colectivo del aficionado del género no viene tanto de cómo están dibujados sobre el papel, sino de su presencia en pantalla. Además, los saltos entre secuencias se limitan a dibujar en muchas ocasiones una serie de, visualmente interesantes escenas, sin que en ocasiones haya una correcta transición de unas a otras, algo perfectamente ejemplificado en la relación entre Michael y Estrella, por otra parte uno de los nudos principales de la película, y que se limita a ser explicada en un par de escenas sin contenido. Esta idea que habla de un pobre primer guion que pudo ser reflotado en parte gracias a las aportaciones del propio Schumacher y Jeffrey Boam, se apoya en el hecho que ninguno de los dos autores del borrador inicial volvieran a vender ningún nuevo guion tras este primer y fortuito éxito. Uno de los hechos que llama la atención en relación a la trama central es que de manera innegable mantiene numerosos puntos en común con otro conocido título de vampiros coetáneo, y estrenado de hecho el mismo año, Los viajeros de la noche. Un grupo de salvajes vampiros lejos de los ademanes románticos propios del personaje, una estética buscadamente moderna, una historia de amor entre una vampira y un mortal, y es que incluso en detalles como el del vampiro infantil son demasiadas las casualidades para no creer en un proyecto hermano, algo que además podemos fundamentar en el largo periplo entre productoras del libreto original de Jóvenes ocultos, lo que pudo inspirar a crear una historia similar. 



Por el contrario, Schumacher suple esta pobreza de contenido, rematada en una presunta sorpresa final que todo aquel que haya visto un par de cintas sobre el género vampírico ve venir de lejos, con un estilo visual que aunque hijo de su tiempo, confiere a la película una apariencia que la hace diferente, y que vista hoy en día no ha envejecido como pudiera parecer, dado el tiempo transcurrido y lo marcado y arriesgado de este look presentado. Este particular estilo, acabaría de hecho definiendo a este director como un realizador con unas hechuras propias en el estilismo con el vestiría a  sus películas, algo que quedaría totalmente evidenciado en las dos secuelas de Batman que estrenaría a mediados de la década de los noventa. Pero no todo es mérito de Schumacher, ya que este tuvo la fortuna de contar con un director de fotografía de la categoría de Michael Chapman, responsable de la patina visual de obras como Taxi Driver o Toro salvaje. Ya desde la secuencia de arranque, Jóvenes ocultos presenta una estética muy particular, entre onírica y sombría, donde destaca por la forma en que es utilizada y su recurrencia, la manera en que se simulan los vuelos de la pandilla de vampiros, para lo cual la cámara se desplaza en el aire en coreografiados movimientos a golpe de grúa. Este consciente delirio visual se traslada a los propios escenarios principales de la cinta. Tanto la guarida vampírica como el propio hogar del abuelo de Sam y Michael son un deleite  para el espectador más avezado por la cantidad ingente de detalles presentes en ambas estancias, lo que unido a un diseños de las mismas a la altura acaban por potenciar esa patina visual de la que hablábamos. Y dentro del apartado más visual de la película no podemos obviar esa estética tan marcada e identificativa y que es una de las marcas de la casa de la película. Peinados a lo mullet, chupas de cuero, pendientes, largos abrigos…. Con una estética que se encuentra a caballo entre los ochenta y noventa (el personaje de Sam es quizás quien mejor representa esta nueva década) hay que destacar que sin embargo esta no resulta hoy en día desfasada y ridícula, no al menos en la película, ya que encaja en ese estilo visual marcado por Schumacher desde el minuto uno.





Como buena película de corte juvenil que se precie, la banda sonora de Jóvenes ocultos es digna de reseñar. Con un acertado score obra de Thomas Newman, toda nuestra atención se vuelca sin embargo en la selección de temas musicales escogidos para enmarcar varias de las escenas más conocidas y potentes de la película, convertidas en mini video clips al amparo de grandes canciones y versiones, entre las que destacamos I still believe, del musculoso saxofonista de Tina Turner Tim Cappello, quien nos brinda un enorme cameo en la película, People are strange, utilizado en los títulos de crédito iniciales y finales, Lost in the shadow, fondo que ilustra la carrera de motocicletas, otro de esos elementos introducidos para captar toda la atención del público más joven, o Cry little sister, a la sazón convertida en tema central de la película. En resumen, una selección que conforma una de esas bandas sonoras a tener en tu colección, y que encajan a la perfección en cada uno de los momentos en que son insertadas.





De esta forma Jóvenes ocultos se basa en una historia que logra conjugar, sin resultar por ello artificiosa, el humor, fundamentado en los personajes más jóvenes, con el terror y el drama, amparado conscientemente en esos otros personajes que se encuentran en ese paso a la madurez, y que parece los vampiros protagonistas se resisten a cruzar. Historia sin grandes alardes que por obra y gracia de las formas de un atinado Schumacher logró no solo destacar en el momento de su estreno, sino dejar tal poso que hoy en día sigue siendo fuente de consulta ineludible a la hora de hablar del género, y todo a pesar de tratarse de una modesta producción de apenas ocho millones de dólares de presupuesto. Lo extraño es que a pesar de su éxito las secuelas tardaran en llegar, estrenándose la primera de ella más de veinte años más tarde y lanzada directamente en formato de DVD. Jóvenes ocultos, o la dicotomía entre el disfrute permanente y la asunción de responsabilidades de adulto, ser un vampiro nocturno o un anodino diurno. Permítanme decirles que en mi caso dudo que opción es la que elegiría, aunque tengo claro cuál sería la más divertida. Vamos, dientes, que es lo que les jode.

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